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Festival de San Sebastián

'La hija': brutal suspense sobre los límites de la paternidad y maternidad

ESTEBAN RAMÓN (San Sebastián)
4 min.

Que 2021 es un año de extraordinario cine español se ha confirmado estos días en San Sebastián. A las incontestables películas de la competición (El buen patrónMaixabel, Quien lo impide) y las que venían de Venecia (Madres paralelasCompetencia oficial) se suman además cintas como La hija, de Manuel Martín Cuenca: una película de tensión modélica, presentada en sección oficial fuera de concurso, que cuenta con la participación de RTVE. No habrá huecos en la temporada de premios para tanta acumulación de talento.

Martín Cuenca (Caníbal, El autor) se luce en un ejercicio de suspense, estilo y economía narrativa con el fondo de los límites de la explotación del ser humano por el ser humano. Un educador de un centro de menores (Javier Gutiérrez) y su pareja (Patricia López Arnaiz) son un matrimonio que acogen en secreto, en su casa aislada en el bosque, a una adolescente embarazada que no desea cuidar de su futuro hijo (Irene Virgüez). La pareja lleva años frustrada por la imposibilidad de tener hijos, así que, en principio, todos ganan. ¿Pero es justo o no?.

Tráiler La hija

“Es una historia personal en el sentido de que la reproducción, paternidad y construcción de la familia son temas muy fuertes para mí. La premisa era: ¿qué pasaría si una pareja obsesionada con ser padres no lo consigue?”, explica el cineasta. “Se ven abocados a una situación en la que creen que la única salida es quedarse con el hijo de otra persona. Porque la naturaleza es injusta siempre. La justicia es un concepto humano”.

El centro moral se va desplazando desde el matrimonio hacia la chica y su joven pareja que rastrea su misteriosa desaparición. “Como piensan que no poder tener hijos es injusto, desafían a la naturaleza”, resume. “En el fondo es algo que hacemos como sociedad cada vez más: hemos matado a dios y ahora nos queda una guerra contra la naturaleza. Lo que trata la ciencia es de poder hacer cosas y todo lo que podamos hacer vamos a hacerlo, como por ejemplo elegir que nuestros hijos tengan más capacidades que los otros. Es más, exigimos a la ciencia y a la política que venzan a la naturaleza: que erradiquen al virus, que las vacunas funcionen al 100%, que nuestros hijos vayan al colegio y no haya contagios. Como decía Zygmunt Bauman, queremos convertir la naturaleza en un jardín".

Deshumanizar al otro como rasgo de la sociedad

La hija también puede ser interpretada como una parábola del aislamiento: una pareja que se aleja de la sociedad y a la que termina asomando la monstruosidad. “Lo que nos hace más humanos es el otro, escucharle, reconocerle, amarle. Todo lo que tiene que ver con la otredad. Y los que nos hace más inhumanos y nos lleva al animal que llevamos dentro es lo que nos hace encerrarnos en nosotros mismos”, opina el cineasta.

Una cualidad que eleva rasgo de la sociedad. “Se ve en esa pareja aislada por el dolor que es incapaz de ver a los otros y cosifican a la niña, pero también te puedes encerrar en tus ideas, en llamarle al otro fascista o comunista. Cuando te encierras en ti mismo ves el mundo muy claro y muy transparente, pero en el fondo eres capaz de hacer cosas a los otros que, desde fuera, claramente son atroces y que no eres capaz de darte cuenta si estás encerrado”.

Con una cuidadísima realización de planos fijos en su mayoría, La hija muestra el dominio narrativo del cineasta, experto en utilizar el fuera de campo y los sonidos para crear el suspense. Y, en la línea de Michael Haneke, escamotea una violencia que funciona precisamente por estar latente.

“Las películas, ya sean buenas o malas, que enseñan determinadas cosas siempre me han parecido desagradables. Claro que te impactan, pero todos sabemos que una película es mentira y el efecto es que no tienen profundidad y desarrollo”, opina. “Me parece más profundo que lo imagines tú, que sean tus propios fantasmas”.

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