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Eduard Fernández gana el Goya a mejor actor por 'Marco': "No habría que olvidar el peligro del fascismo"

SAMUEL A. PILAR
Tiempo de lectura 5 min.

Era el claro favorito en todas las apuestas y seguramente sea el premio menos discutido en esta edición de los Goya 2025. Su deslumbrante interpretación de Enric Marco, el impostor que se hizo pasar en la vida real por un deportado del campo nazi de Flossenburg, le ha valido a Eduard Fernández el Goya a mejor actor, el cuarto de su carrera -dos a mejor actor principal, y dos a secundario-, que le convierte en el segundo intérprete más galardonado, solo por detrás de Javier Bardem, que acumula seis estatuillas.

El catalán es uno de los actores nacionales más respetados y llegaba a esta edición con dos interpretaciones antológicas: los papeles protagonistas en El 47 y en Marco. Ambas eran claras merecedoras del galardón, pero no podían competir en la misma categoría y había que escoger una. La de Manolo Vital, el guerrero de extrarradio que llevó la dignidad al barrio barcelonés de Torre Baró en forma de autobús urbano; y la de Enric Marco, el encantador de serpientes con una necesidad insaciable de reconocimiento, sumido en una espiral de delirio que le acompañó hasta la muerte.

Quizá Manolo Vital y Enric Marco no sean más que las caras opuestas de una misma moneda. Aunque entre el héroe y el villano, ha sido sobre todo este último el que le ha permitido a Eduard Fernández bucear a mayor profundidad dentro de su capacidad interpretativa, como un regalo hecho a la medida de su talla de artista descomunal. "Los actores nos dedicamos a la humanidad", ha asegurado en numerosas ocasiones, y este oficio de espejos de feria le ha obsequiado con un personaje complejo y lleno de matices, delineado magistralmente por Jon Garaño y Aitor Arregi, que Eduard Fernández ha sabido desbastar para sacar a la luz al ser humano que se encontraba dentro, retratado con todas sus miserias y contradicciones, con toda su disparatada humanidad.

"Es el personaje más complejo que he hecho nunca. Contradictorio, odioso, charlatán, manipulador, estimable quizá a veces, con una humanidad desbordante que es difícil de entender", ha asegurado el actor después de recibir el premio de la mano de su hija Greta, quien le engañó antes de la gala asegurándole que entregaría el premio de guion original.

Greta Fernández le da el Goya a su padre Eduard.

El actor Eduard Fernández recibe el Goya de la mano de su hija Greta. EFE / JULIO MUÑOZ

"Marco fue un ser humano enorme, que hizo muchas cosas mal y algunas bien. Alguien que difundió algo que apenas se sabía, la cantidad de españoles presos en campos de concentración nazis, algo que hoy en día no habría que olvidar. El peligro del fascismo, de un saludo ambiguo, de los campos de concentración, los Flossenburg, los Mauthausen, los Guantánamo, los Gaza", ha agregado Fernández, para advertir de que "vienen tiempos difíciles".

Devorado por la mentira

En un momento de la película, en el que se utiliza metraje real de un acto literario, el escritor Javier Cercas asegura que Enric Marco "solo quiere que le quieran, como todo el mundo". Esta es seguramente la mejor explicación detrás de este impostor de mirada triste que nació en un psiquiátrico porque su madre estaba allí interna, y que después fue criado por un padre maltratador. Solo que Enric Marco llevó su necesidad de cariño hasta las últimas consecuencias, y el personaje ficticio terminó devorando a la persona real.

"Todo el mundo se inventa un poco su propia historia", se justifica Marco ante su hija cuando se destapa la mentira y se descubre que él no estuvo preso en ningún campo de concentración, sino en la cárcel de Kiel, y que en realidad viajó a Alemania con el objetivo de fabricar armas para el Tercer Reich ("¡Quina vergonya!", exclama entre lágrimas el verdadero deportado español, sintiéndose doblemente traicionado).

Si todo el mundo es un poco el inventor de su propia vida, ¿Quién mejor que un actor superdotado como Eduard Fernández para añadir una capa más a este encaje de matrioshkas que es el alma humana, y dar forma a alguien que no hizo otra cosa que interpretar: el papel de líder anarquista que aseguraba que conoció a Buenaventura Durruti, el de padre de familia que ocultaba el pasado de otra familia, el de falsa víctima de la maquinaria homicida de los campos de concentración?

La soberbia interpretación que hace Eduard Fernández de Enric Marco le ha valido el cuarto Goya de su carrera cinematográfica, después de ganar en 2001 el de mejor actor por Fausto 5.0 (con dirección de La Fura dels Baus y guion de Fernando León de Aranoa); y dos como mejor actor de reparto por En la ciudad, de Cesc Gay -2003-, y Mientras dure la guerra, de Alejandro Amenábar -2019-. El actor barcelonés se ha metido literalmente en la piel de su personaje, en un derroche de caracterización que ha abarcado cinco décadas, respaldado por el trabajo de maquillaje y peluquería de Karmele Soler, Sergio Pérez Berbel y Nacho Díaz, que ha sido reconocido también con el Goya. Una vez más, en esta metamorfosis ha resultado imposible distinguir dónde terminaba el personaje y dónde comenzaba Eduard Fernández.

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