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Entrevista | Guerra en Ucrania

La ONG que vigila las detenciones en Rusia: "Algunos han sido torturados, sobre todo con violencia psicológica"

AITOR SÁNCHEZ (RNE)
9 min.

La decisión de Vladímir Putin de movilizar a parte de la población para acudir a luchar en la guerra de Ucrania se ha encontrado con el rechazo de buena parte de la sociedad rusa. El malestar se traducido en el éxodo de miles de ciudadanos a otros países fronterizos para no ser llamados a filas y en importantes protestas en varios puntos del país.

El Kremlin guarda silencio y no ofrece cifras oficiales. Es una organización de derecho humanos que lleva diez años combatiendo la persecución política en Rusia, OVD-Info, la que está intentando documentar las detenciones: registra y difunde el número de detenidos, más de 2.300 hasta ahora, según sus cálculos, y ofrece ayuda legal a los afectados.

Su portavoz, Maria Kuznestova, de 24 años, atiende a RNE desde Georgia, país al que tuvo que huir, igual que muchos de sus compañeros, víctimas de la persecución política que ellos mismos combaten. Los que no pudieron salir de Rusia están en la cárcel.

Pregunta: ¿Qué es OVD-Info?

Respuesta: OVD es una gran organización de derechos humanos en Rusia que lleva diez años ayudando a las personas que sufren persecución política por protestar contra el régimen de Putin. Nos centramos, sobre todo, en las personas que son detenidas tras las protestas, pero también en ayudar a cualquiera que, por ejemplo, sea acusado de alentar el extremismo o de pertenecer a una organización indeseable. Pero no sólo somos una organización de derechos humanos, sino también un medio de comunicación que habla de lo que ocurre en Rusia, de esta persecución política.

P: ¿Cómo trabajáis? ¿Cómo conseguís las cifras de detenidos?

R: Cuando alguien es detenido en una protesta se pone en contacto con nosotros a través de un teléfono que siempre está activo o de Telegram. Son ellos los que nos cuentan cuántas personas han sido detenidas en la misma protesta o cuántas hay detenidas en la misma comisaría. Nosotros publicamos esos datos, pero,también intentamos enviar a nuestros abogados a todas las comisarías para que les den asesoramiento legal y eviten que haya abusos policiales. Pero ahora, en muchos casos, la policía no permite que los abogados entren en las comisarías y se llevan los teléfonos de los detenidos. Así que no siempre sabemos en detalle lo que les pasa. También estamos muy centrados en ayudar a las 250 personas sobre las que pesan cargos penales por publicar algo contra la guerra en Instagram o Facebook o por ir a concentraciones contra la guerra. Muchos de ellos están en la cárcel o incluso han sido condenados a siete o diez años de prisión sólo por oponerse.

P: ¿Vosotros también habéis sufrido la persecución?

R: Sí, es importante entender que Putin comenzó a demoler la sociedad civil rusa un año antes de la guerra con la detención de Alexey Navalny y la expulsión del país de casi todas las organizaciones de la oposición y de muchos periodistas. Entonces no entendíamos que lo estaban preparando todo para la guerra. Ahora lo vemos claro. Las autoridades no querían que hubiera organizaciones que pudieran convocar una gran protesta cuando empezara la guerra. Y la verdad es que hicieron un muy buen trabajo.

A esto hay que añadir que fuimos declarados como agentes extranjeros. Eso implica un montón de restricciones en nuestro trabajo en Rusia, aunque todavía podemos ir y a trabajar allí. Además, dos meses antes de la guerra, el Gobierno ilegalizó Memorial, una organización de derechos humanos que investigaba la represión política en la URSS y que era uno de nuestros socios clave. Justo en ese momento bloquearon nuestra página web alegando que difundíamos el extremismo y el terrorismo.

P: ¿Cuántos detenidos ha habido desde que Putin anunció la movilización?

R: Desde la movilización han sido arrestadas al menos 2.300 personas. Pero seguramente sean más, porque es probable que no hayamos podido contar a todos los detenidos, por ejemplo, en las importantes protestas que se han producido en localidades como Daguestán y Yakutsk.

P: ¿Qué trato están recibiendo los detenidos?

R: Cada vez peor. La policía rusa siempre ha sido brutal durante las dos últimas décadas. Pero ahora, en muchos casos, la gente es golpeada. Sabemos de personas a las que les ha roto el brazo o que han perdido la consciencia durante la detención. La policía no llama a los servicios sanitarios y no permite que la ambulancia entre en la comisaría. Hay muchos ejemplos más. El domingo, la policía arrestó a una mujer embarazada de nueves meses; se está deteniendo a personas con cáncer y otras enfermedades crónicas. Sabemos también que algunos han sido torturados, sobre todo recurriendo a la violencia psicológica. La policía no permite a los detenidos ni comer ni beber. No les dejan ir al baño durante muchas horas. Hay casos en los que les dejan en el furgón policial durante 20 horas. Y en Moscú ahora hace ya bastante frío. En algunas comisarías obligan a las mujeres a desnudarse y las acosan sexualmente.

Pero la mayor amenaza es que a los que acuden a las protestas les dan la orden de alistamiento para que todos los hombres que van a protestar en Rusia entiendan que serán llamados a filas, como si no fuera a ocurrir de todos modos. Después de 10 o 15 días de arresto, les hacen ir a las oficinas de alistamiento militar directamente y les dan las armas.

P: Las protestas que estamos viendo ¿son contra la guerra en general o contra la movilización anunciada por Putin?

R: Definitivamente, contra la guerra en general. Tuvimos grandes protestas en febrero y marzo, pero, cuatro semanas después del comienzo de la guerra, las autoridades aprobaron un montón de nuevas leyes que básicamente prohibían cualquier actividad social y pública. Ahora, incluso si vas a una protesta y eres pacífico, no golpeas a la policía, no matas a nadie, no gritas nada, puedes recibir una sentencia de prisión de hasta diez años. Y eso asustó a mucha gente.

La gente piensa: "o voy a protestar o voy al ejército y muero en la guerra"

Sabemos de casos en los que la gente ya ha sido condenada a penas de prisión de hasta siete o diez años, por ejemplo, por esos cargos. Por eso la protesta paró ahí. Y ahora la protesta vuelve porque la gente ha perdido el miedo. Piensan, “o voy a protestar o voy al ejército y muero en la guerra”. Conocemos a un montón de gente que dice que prefiere ir a la cárcel y ser torturado que ir a la guerra a morir o a tener que matar gente.

P: ¿Es cierto que los primeros en ser reclutados son los que viven en las zonas más pobres y remotas del país?

R: Sí, eso es así. Los primeros en ser llamados a la guerra son de las regiones más pobres, sobre todo de pequeños pueblos del Lejano Oriente de Siberia y del Cáucaso norte. Por ejemplo, están reclutando a muchos hombres de las llamadas repúblicas nacionales dentro de Rusia, que tienen su propia cultura, su propia lengua, etc. Es el caso de Daguestán en el Cáucaso Norte, donde la mayoría de la población es musulmana. También lo estamos viendo en Yakutsk.

Las autoridades rusas tienen miedo de las protestas en las grandes ciudades

También ocurre en regiones dominadas por los rusos que son más pobres y no muy grandes. Yo diría que lo hacen porque la gente de allí no conoce tan bien sus derechos como la gente de las grandes ciudades. Saben que en las ciudades de más de un millón de habitantes habrá más resistencia porque la gente tiene más formación. La otra razón es que las autoridades tienen miedo de las grandes protestas en Moscú, San Petersburgo y otras grandes ciudades, donde, además, la población usa mucho las redes sociales y a los periodistas les resulta más fácil enterarse de lo que está ocurriendo. Por eso ahora intentan llevar a gente de las regiones más pobres, de las regiones lejanas y de las repúblicas nacionales. Algunas organizaciones de derechos humanos que trabajan con las poblaciones indígenas de Rusia están denunciando que lo que está haciendo Putin es una especie de genocidio, por ejemplo, en Daguestán.

P: Vives en Georgia. ¿Es cierto que hay muchos rusos que están cruzando al país para evitar ser reclutados?

R: Sí, es un hecho. Cientos de miles de personas han emigrado en los últimos días hacia otros países, mucha más de la que salió en febrero y marzo. Además, hay una diferencia importante. Entonces se trataba de periodistas, políticos, activistas de derechos humanos, informáticos, etc. Gente muy bien formada, que habla bien inglés y que podían seguir trabajando fuera de Rusia en otras empresas internacionales. Pero ahora, el espectro es mucho más amplio. Vienen trabajadores manuales de entre 18 y 60 años, porque ahora están llamando al ejército incluso a hombres de 55. El problema es que para esta gente no es tan fácil conseguir un trabajo fuera de Rusia y eso puede provocar problemas porque están perdiendo sus trabajos al emigrar y es una gran ola de gente.

P: ¿Cuál es tu historia? ¿Cuándo decidiste dar el paso y convertirte en activista?

R: Diría que mi historia es bastante típica. Era 2017. Tenía 19 años y vi una película realizada por el famoso opositor ruso Alexei Navalny sobre la corrupción del primer ministro, Dmitry Medvedev. Era una película sobre todas sus casas, todos los lujos que quería. Y yo me quedé impactada. No sabía mucho de política, pero decidí ir a las protestas. Hubo una gran marcha en Moscú a la que asistieron miles de personas y vi cómo se trataba a la gente. No me arrestaron entonces, pero sí a gente que estaba cerca de mí. La policía no paraba de golpear a los manifestantes. Y cuando vi eso, decidí que no podía mantenerme al margen de lo que ocurría. Empecé a trabajar para los candidatos de la oposición en las elecciones, pero a ninguno se les permitió presentarse.

Sobre mí pesa una acusación penal por pertenencia a “organización indeseable”. Sufrí varios registros policiales en mi casa. Estuve detenida y fui interrogada por el Comité de Investigación de Rusia. La policía se llevó todos mis ordenadores portátiles y mi conjunto de teléfonos de la oficina y nunca me los devolvió. Mi antiguo jefe fue detenido el año pasado porque era muy activo en el movimiento anti-Putin y lleva casi dos años en la cárcel. Los amigos con los que trabajaba, o están en la cárcel o han salido de Rusia como yo. En Rusia y no me quedan amigos activistas.

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