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Guerra en Ucrania

Un recreo de la guerra: jugar para olvidar y descansar

 Reportaje   Las mañanas de RNE  
Isabel Jiménez (Enviada especial de RNE a la frontera polaca)
3 min.

La capacidad de adaptación de los niños es mucho mayor que la de los adultos. También en la guerra. En la frontera entre Polonia y Ucrania, miles de niños que han huído de la invasión buscan sus espacios para jugar. No están solos. Están sus madres y voluntarias que intentan que, unos y otros, tengan un pequeño 'recreo'.

Valeria, Dasha, Vlad… gritan su nombre cada vez que golpean el globo. Se lo van lanzando en la planta sótano de un hotel de Lublin, bajo la mirada de algunas madres y la tutela de Avelina, la animadora. En este primer momento hacen “juegos de integración”, para que se conozcan entre ellos y sigan jugando cuando terminen las actividades programadas. “Podemos atender sus necesidades más evidentes, si necesitan un abrigo, por ejemplo” explica la portavoz del comité municipal que coordina todas estas actividades.

En lo que se refiere a otras necesidades más profundas, no es fácil porque “la rotación es tan alta, que cuando empiezas a conocer a un niño, le toca marcharse”. Aún así, cree que los niños también se adaptan a esta situación, aunque las madres “no les dicen toda la verdad, para evitarles un trauma mayor”.

Avelina: "Al principio se nota que están un poco parados, más tímidos que otros, pero enseguida se abren"

Avelina ratifica la impresión. Tal vez sea cierto que “al principio se nota que están un poco parados, más tímidos que otros, pero enseguida se abren”. Ella trabaja con los niños, pero cree que en realidad trabaja para las madres, para que puedan descansar y “tener tiempo” para ellas.

Anja le da la razón. Ha llegado hace unos días a un colegio de Lublin que se ha reconvertido por completo en menos de 15 días. Las clases se han trasladado a una de las alas y el grueso del centro de educación primaria Boleslaw Prus se utiliza para dar acomodo a los refugiados ucranianos. La entrada y los pasillos están ocupados por mesas largas donde se proporciona información, charla, algo de comer o beber y ayuda. Lo que no llenan las mesas, se ha empleado en albergar camas, que están desplegadas hasta en los almacenes.

Anja: "Por la noche me decían: mamá,las sirenas; mamá, las sirenas"

El aprovechamiento de cada rincón no se ha olvidado de dar un espacio a los más pequeños para que puedan jugar. Los hijos de Anja y otros niños agitan pañuelos con los colores de la bandera ucraniana. Su madre dice que saben que algo pasa, pero que les ha contado que han venido hasta aquí para descansar. En Leópolis, por la noche me decían “mamá, las sirenas; mamá, las sirenas… Aquí están bien. Les parece que están de vacaciones”.

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