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Algo para recordar

Deborah Kerr ('Tú y yo'), la actriz que no quería ser ella misma

  • Cary Grant y Deborah Kerr protagonizan la película Tú y yo (Algo para recordar), clásico del cine romántico

  • A ella la recuerdan como una actriz fría, pero no fue así: impecable y digna, su estrella brilló con fuerza

  • El secreto tras la voz de Deborah Kerr: ¿Quién canta en la película Tú y yo?

Noah Benalal
6 min.

"Me encanta no ser yo. Ser yo no se me da muy bien. Por eso me gusta tanto actuar", dijo Deborah Kerr en una entrevista con The Times en 1972. Para los que coleccionan citas y anécdotas del viejo Hollywood, esta es una de las más célebres: su franqueza es sorprendente y su sentimiento, que podría ser cierto de cualquiera de nosotros, muestra en una luz extraña a esta mujer que participó en medio centenar de películas junto a las estrellas más cotizadas, si bien a veces frívolas, de Hollywood.

Deborah Kerr, como Greta Garbo, fue una mujer reservada que se convirtió en actriz por sugerencia de otros. Pero su carrera fue prolífica y en el trabajo encontró su verdadera vocación. Trabajó con Cary Grant, Ava Gardner, Frank Sinatra o Robert Mitchum, actores cuya vida competía en intensidad con la de los personajes que interpretaban en sus jornadas de rodaje. En eso, ella era distinta.

'Té y simpatía' (1956) desplaza el foco de la sexualidad del protagonista: aunque se relacione con mujeres, la película denuncia las estructuras homófobas que lo oprimen y le hacen sufrir cropper

De niña era seria y tímida, y cuando se convitió en una actriz consagrada tuvo fama de fría, de seria, de rígida. Su timidez fue confundida por algunos, como el propio Robert Mitchum, con fragilidad; dudaban de su capacidad para afrontar sus complejos papeles antes de verla imponerse delante y detrás de las cámaras. Kerr se convirtió en una experta en demostrar que los demás se equivocaban: no quería encasillarse en el papel de mujer simple y bonita, prefería los papeles serios, psicológicos y morales; no le importó ser "la buena", pero no consintió por ello dejar de ser deseada.

Deborah Kerr protagonizó junto a Burt Lancaster el beso más famoso de la historia del cine: frente a las olas del mar, en la película 'De aquí a la eternidad' (Fred Zinnemann, 1953).

En una época en la que las mujeres sólo podían ser una cosa, Deborah Kerr fue todas las que quiso, y rechazó ser las que traicionaban su autenticidad: mujer reservada, actriz impecable, madre dos veces y esposa otras dos, vivió una vida coherente y tranquila. Cuando el cine dejó de parecerse a lo que a ella le gustaba, se retiró para llevar una existencia tranquila. Su marido falleció en Marbella, donde ambos habían vivido, algunos dicen que de pena.

El Oscar que siempre se le resistió (y el Oscar que le dieron)

Deborah Kerr ostenta el récord de nominaciones sin victoria al premio Oscar: no se lo llevó por Edward, mi hijo (George Cukor, 1949), ni con De aquí a la eternidad (Fred Zinnemann, 1953), ni con El rey y yo (Walter Lang, 1956), ni con Sólo Dios lo sabe (John Huston, 1957), y tampoco con Mesas separadas (Delbert Mann, 1958) o Tres vidas errantes (Fred Zinnemann, 1960). El premio de la Academia se le resistió siempre a la actriz pese a la incombustible calidad de su trabajo.

(Narciso negro, 1947)

Kerr comenzó en el cine porque un productor británico la vio en una representación teatral: la obra era muda, pero la expresividad de su mirada le pareció incomparable. Bailarina de ballet, pero demasiado mayor para alcanzar el máximo nivel en esta disciplina, volcó todas sus tablas en los escenarios en su método actoral. Los mejores directores del momento reconocieron su talento: Michael Powell (Narciso negro, 1947) y Emeric Pressburger (Coronel Blimp, 1943), George Cukor (Edward, mi hijo, 1949), Joseph L. Mankiewicz (Julio César, 1953), Vicente Minelli (Té y simpatía, 1957), Leo McCarey (Tú y yo, 1957), Otto Preminger (Buenos días, tristeza, 1958) o Elia Kazan (El compromiso, 1969) la siguieron eligiendo y su carrera, que floreció en los años 50, se mantuvo sólida a lo largo de los 60.

Sólo a los 73 años, cuando ya acusaba los efectos de la enfermedad de Parkinson que acabaría con su vida, la Academia le entregaba el premio Oscar honorífico a toda su carrera. La describían como "una artista de impecable gracia y belleza", "ejemplo de la perfección, la disciplina y la elegancia" y ella, ya retirada, lo agradecía con emoción: "Una emoción así es suficiente en la vida", decía.

Deborah Kerr recogiendo su Oscar honorífico en 1994

Nacida en una aldea escocesa y retirada en Marbella

Hija de un ingeniero militar que sufrió heridas en la Primera Guerra Mundial y nacida en una pequeña aldea escocesa, Deborah Kerr recibió una beca para estudiar ballet en la academia de Sadler's Well, en Londres. Por sugerencia de su tía, que trabajaba en teatro, se dio a las tablas: los comienzos de su carrera fueron en espectáculos regionales británicos y entreteniendo a las tropas durante la Segunda Guerra Mundial.

Adiós a Deborah Kerr (2007)

En 1959, cuando ya tenía dos hijos y una rica carrera actoral, se divorció de su primer marido, Anthony Bartley, para casarse con el guionista Peter Viertel. Con él pasó el resto de su vida: juntos vivieron intermitentemente en Marbella desde 1970, separados sólo por el trabajo y por la enfermedad de Kerr. Ella, que en los 80 apareció en algunas series de televisión británicas y en alguna película, se trasladó a Londres para estar junto a su familia cuando empeoró su enfermedad. Su marido, ingresado por un cáncer que no le permitió viajar junto a su esposa en sus últimos días, falleció tan solo 22 días después que ella.

Tú y yo, un romance para recordar

Deborah Kerr y Cary Grant en 'Tú y yo' (1957)

Deborah Kerr y Cary Grant protagonizaron la inolvidable Tú y yo (Algo para recordar, Leo McCarey, 1957), considerada por el Instituto de Cine Americano como "una de las películas más románticas de todos los tiempos". Es un remake de la película de Tú y yo (Love Affair, 1939), del mismo director. En ella, Cary Grant y Kerr interpretan a dos desconocidos que coinciden en un barco y, tras establecer una amistad paulatina, se enamoran. Pero los dos están involucrados con otras personas y acuerdan reunirse más adelante en el edificio que se ha convertido, gracias a ella, en el símbolo del romance: el Empire State Building.

La película, para muchos perfecta, tiene detrás una curiosa historia de iteraciones y remakes: la original, que sufrió la censura de Hollywood por considerarse que glorificaba la infidelidad, fue readaptada en esta versión, en tecnicolor y con un guión semejante, por insistencia de Cary Grant, que quería interpretar el papel protagonista. McCarey aceptó porque, para él, "el amor es la emoción más antigua y la más noble", y el cine de su tiempo se estaba corrompiendo por su resistencia a decir 'te quiero'.

'Clásicos de La 1': Cary Grant y Deborah Kerr en 'Tu y yo', un clásico del cine romántico

La película, ahora en hermoso tecnicolor, siguió produciendo remakes e influenciando otras cintas: Glenn Gordon Caron hizo en 1994 Love Affair, que sería la última película de Katharine Hepburn, y en Bollywood se realizaron dos versiones. La original aparece e inspiró Algo para recordar (Sleepless in Seattle, Nora Ephron, 1993), con Tom Hanks y Meg Ryan en los papeles principales, y originó una frase popular: "Todo lo que me gusta es ilegal, inmoral o ingorda".

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