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La variedad de la mejor canción en los Goya: de C. Tangana, Yerai Cortés y La Tania a Valeria Castro

Yerai Cortés en 'La guitarra flamenca de Yerai Cortés', de Antón Álvarez.
RAÚL LUIS GARCÍA (Vamos al cine)
Tiempo de lectura 5 min.

Cinco canciones concebidas desde propuestas diferentes. Cierto es que se echa en falta alguna que otra canción de los musicales del pasado año, pero las aportaciones de las nominadas a sus películas y bandas sonoras, justifican su presencia en la gala del sábado 8 de febrero en Granada.

"Los almendros", de Antón Álvarez, Yerai Cortés y La Tania (La guitarra flamenca de Yerai Cortés)

Por si no lo sabías, hasta el día que me muera, yo por ti voy a dar mi vida” declara La Tania con su voz coplera en esta canción que cierra este documental nominado al Goya y que forma parte del proyecto discográfico de este joven guitarrista, Yerai Cortés, tal y como nos relata el director del mismo en primer plano a cámara, Antón Álvarez, es decir, C. Tangana, con su habitual falsa modestia (y que firma todas las canciones junto a Cortés).

Encontramos en Los almendros ecos de tientos, tangos y algo de copla; y al toque, referencias clásicas, quizás al mítico Sabicas. Esta declaración de amor entre estos dos jóvenes personajes pone el cierre a una serie de revelaciones, sin pudor, pero sinceras, donde plano a plano nos exponen las dudas en su relación, infidelidades, su futuro… mientras entre bulerías y malagueñas, cierran una triste herida de su pasado.

"El borde del mundo", de Valeria Castro (El 47)

La canaria repite nominación, tras su primer intento con El amor de Andrea (dirigida por Manuel Martín Cuenca), con esta canción en castellano y catalán, que relata el dolor de la distancia, el desarraigo y la dificultad de la adaptación a nuevas realidades. Su canción se confronta con otras dos, de mayor significación política, que la preceden en el cierre del filme y que son fundamentales en la narrativa: la tradicional Rossinyol que vas a França y Gallo rojo, gallo negro (Chicho Sánchez Ferlosio).

A cambio, Valeria Castro aporta a su voz cálida y lírica con ecos folclóricos que la han convertido en una artista muy solicitada. Voz, puntualmente doblada por ella misma, con la sola compañía de un acompañamiento arpegiado en la guitarra, en un amable modo mayor, que ratifica que la expresividad y emotividad están al servicio del texto.

"Love is the worst", de Alondra Bentley e Isaki Lacuesta (Segundo premio)

Quizá la mejor película del pasado año, con permiso de La estrella azul (Javier Macipe). Ambas son reflexiones sobre el proceso creativo -entre otros asuntos- y en esta docuficción tiene, en la canción de Alondra Bentley, su leitmotiv: no sobre la creación, sino sobre las otras tramas. El codirector y coguionista, Isaki Lacuesta, escribió unos versos sobre esto de si el amor es lo peor o no. Y la cantante británica afincada en Murcia los recogió y convirtió en una canción de cierto aire atemporal, confesional, agridulce y etéreo (al modo del folclore británico o a lo Nick Drake), para así acompañar, a modo de evocación melancólica de un pasado que no ha de volver, los tres flashbacks en los que aparece la canción en el film, siempre cuando se reflexiona sobre la intensa e inasible relación entre los tres fundadores del grupo.

Finalmente, la escuchamos completa en los créditos, toda vez que las decisiones vitales ya han sido tomadas. De esta manera, consiguen los codirectores (Lacuesta y Pol Rodríguez) y coguionistas (Lacuesta y Fernando Navarro) un equilibrio entre el sonido guitarrero indie y saturado de la psicodelia del grupo granadino Los Planetas, de la que esta película retrata las corrientes que unen la creatividad y las relaciones humanas, durante la gestación de su tercer álbum: Una semana en el motor de un autobús (1998).

"Show me", de Fernando Velázquez (Buffalo Kids)

Con clara vocación internacional, el compositor vasco que dobla nominación (junto a la mejor música original por La infiltrada), acude a la lengua franca de nuestros tiempos, para escribir esta canción en la que los hermanos huérfanos protagonistas, en una pausa de su travesía emocional y vital en tren, quieren acompañar y animar a su nuevo amigo, con parálisis cerebral, que tiene derecho, como todos los demás niños que viajan con ellos, a ser respetado, a divertirse, y a ser querido. La canción, integrada y necesaria en el desarrollo narrativo tiene en su orquestación y melodía la sencillez necesaria para hacer claro el optimista y constructivo mensaje y mantener el excelente ritmo de la música incidental y de la propia película hasta ese momento.

"La virgen roja", de María Arnal (La virgen roja)

Con una canción para un funeral cierra la directora Paula Ortiz este análisis humanista, político y feminista. Y confió en la compleja, intensa y enraizada voz de la compositora y cantante de Badalona, quien este pasado año realizó las arriesgadas y poderosas canciones del musical Polvo serán (Carlos Marqués-Marcet). Los sintetizadores y tratamientos electrónicos en su composición se acompañan de arriesgadas modulaciones y giros vocales, que nunca dejan de sonar a tradición y folklore, apoyados por el ritmo de los tambores que invitan a oír por momentos una saeta o una nana. Otra gran canción de Arnal. Y otra voz femenina que, al igual que las mencionadas Valeria Castro o Alondra Bentley, retorna al pasado para renovar el presente, como hicieran hace casi 100 años aquella generación poética que responde al numérico del 27.

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