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MIR y EIR 2021

Opositar para ser médico o enfermero residente en el año de la pandemia: "A nivel anímico ha sido una locura"

Entrevista Las mañanas de RNE
  • Una convocatoria con oferta récord de plazas, pero con mínimo histórico de participantes

  • Hablamos con tres aspirantes: una estudiante, una enfermera en activo y una médica que cambia de especialidad

LAURA VILLALBA (RNE)
9 min.

Llegan con una mezcla de fatiga, emoción y nervios, la mente cargada de conceptos envueltos en reglas mnemotécnicas y el cuerpo muy cansado. Quedan solo unas horas para que se decida su futuro, todo lo que han estudiado en los últimos años –casi siete en el caso de los médicos- se pone a prueba este sábado, en un examen de 4 horas que les abrirá las puertas de la Formación Sanitaria Especializada. Son la generación de la pandemia, la de los sanitarios que pugnan por una plaza de residente en el año del coronavirus, con un bombardeo constante de noticias acerca de una realidad de la que pronto formarán parte.

La convocatoria de este año destaca por la abultada oferta de plazas -7.989 frente a las 7.512 de 2020 en el caso del MIR y 1.693 frente a las 1.463 del año pasado en el caso del EIR- pero también por la bajada en el número de aspirantes: este año se presentan al MIR 1.751 personas menos y en el EIR los admitidos a examen bajan un 37%. Esto deja ratios bastante halagüeñas para los aspirantes, que en el EIR se traducen en 4 estudiantes por plaza frente a los 7 del año pasado, y en el MIR de 1’7 por plaza, la cifra más baja en los últimos 10 años.

El impacto de la pandemia en la convocatoria

La pandemia ha hecho que no se presenten muchos estudiantes extracomunitarios que suelen concurrir a nuestras pruebas de especialidad y ha disuadido a estudiantes españoles que han visto cómo los médicos residentes han sufrido en 2020 un descenso en su nivel de aprendizaje. El coronavirus ha hecho que muchos tuviesen que paralizar su formación para ayudar en primera línea y, aunque han solicitado una prórroga voluntaria de su residencia, todavía no han obtenido respuesta del Ministerio.

Somos mano de obra barata, tenemos sueldos y contratos de formación, pero nos están utilizando como médicos adjuntos”, denuncia Alex Mayer, vicepresidente de laAsociación MIR España, que cree que se está abusando de los residentes para cubrir déficits estructurales del sistema sanitario en lugar de corregirlos. “En el momento más crítico, todos entendimos la situación y nos pusimos a trabajar haciendo labores asistenciales, dejando de lado la formación, pero se sigue tirando de nosotros demasiado. Si no nos formamos correctamente, eso acaba repercutiendo negativamente en el sistema”, asegura Mayer.

Las mañanas de RNE con Íñigo Alfonso - El impacto de la pandemia en la formación de los MIR: "Se nos está usando como mano de obra barata para cubrir déficits estructurales" - Escuchar ahora

Sanidad no ha fijado un protocolo para quienes vayan a presentarse al examen y hayan estado en contacto con un contagiado o padezcan la enfermedad. La única consigna oficial: distancia y mascarilla, eso sí, homologada y que no sea de tela. Una consigna que cumplirán María, Ana y Victoria, tres de las aspirantes a estos exámenes. Son una médica graduada que se presenta al MIR por primera vez, una médica de familia que quiere cambiar de especialidad y una enfermera en activo que ha trabajado en primera línea con pacientes COVID. Tres perfiles muy distintos pero que coinciden al hablar de lo que ha supuesto para ellas el confinamiento, la experiencia con las clases online, o la imagen que se tiene hoy en día de los profesionales de la salud.

María: “La pandemia ha supuesto un plus de estrés”

María se levanta a las ocho menos cuarto de la mañana y estudia hasta las diez de la noche. Solo descasa los domingos, pero el coronavirus ha cercenado su vida social. “Desde que empecé a estudiar en julio he debido de ver a mis amigas en tres ocasiones, porque me da miedo contagiarme y traer el virus a casa de mis padres”. Tampoco pudo hacer un viaje con sus compañeros al terminar la carrera, ni ha podido disfrutar de las vacaciones de Navidad. Las clases online, también han aislado a los estudiantes, que han tenido que darse ánimos a través de las redes sociales. “No he perdido en cuanto a calidad docente, pero sí en cuanto a sociabilizar con mis compañeros. Otros años estudiabas en casa, pero cuando ibas a clase tenías contacto humano con otras personas en tu situación. Echo de menos despejarnos en los descansos, vernos las caras y comentar cómo ha ido el día”.

María Villalba, médica graduada y estudiante MIR

Aun así, lo peor para ella ha sido la incertidumbre ante un examen que suele celebrarse en enero y que esta vez se ha retrasado dos meses. “En diciembre todavía no sabíamos cuándo iba a ser, con todo lo que eso conlleva, porque no te preparas igual. Si te queda un mes das lo máximo de ti y estás las horas que hagan falta, pero si te quedan 6 meses por delante no puedes mantener un ritmo de estudio de 15 horas al día porque entonces no llegas”. A estas alturas, tampoco saben cuándo y cómo será la elección de plaza, un tema que ya el año pasado generó polémica entre los estudiantes al plantearse un modelo online que finalmente se desechó pero que este año vuelve a estar sobre la mesa. “Creemos que este año finalmente van a hacerlo online a pesar de que el año pasado se denunció y ganaron los denunciantes. Vamos al MIR sin saber si tendremos garantías a la hora de elegir nuestra plaza o no”.

Los profesores han seguido trasladándonos su amor por la medicina a pesar de estar muy cansados y estresados

La parte positiva es la relación que se ha creado con los docentes, que han sido conscientes en todo momento de la situación excepcional a la que se enfrentaban sus alumnos. “Los profesores se han sabido adaptar a la perfección. Nos motivan mucho y nos hablan de su experiencia en el hospital para que en medio de todo esto tengamos presente por qué nos presentamos al MIR”. Son médicos que compaginan la actividad docente con la labor asistencial. “Están sufriendo en primera persona las consecuencias de la pandemia y han seguido animándonos y trasladándonos su amor por la medicina a pesar de estar muy cansados y estresados”. Preguntada acerca de si la pandemia va a influir en su elección de plaza, lo tiene claro: “La especialidad es para siempre, no son estos dos años”.

Victoria: “A nivel anímico ha sido una locura”

Victoria se presenta al EIR, la prueba de enfermería. Terminó la carrera en junio y desde entonces ha compaginado la preparación del examen con un contrato como enfermera en el Hospital Central de la Cruz Roja San José y Santa Adela, en Madrid. “Tengo muchas ganas de sacarme la especialidad, mi plaza, pero para mí primaba ahora mismo ayudar en una situación de emergencia”. Cuando todo empezó, todavía tenía que terminar su Trabajo Fin de Grado y le quedaba algún examen de la universidad por hacer, pero decidió dar el paso. “No sé si voy a poder sacar plaza, creo que tengo los conocimientos, pero quizás no tan integrados como la gente que se ha dedicado solo a estudiar, aunque en principio creo que lo puedo llevar bien”.

“Tengo muchas ganas de sacarme la especialidad, mi plaza, pero para mí primaba ahora mismo ayudar en una situación de emergencia”

Trabaja de tardes y estudia por la mañana con la ayuda de una academia. Tiene clases dos días por semana y hace malabarismos para llegar a todo. “A lo mejor llegaba del trabajo a las nueve de la mañana y la clase empezaba a las 11, entonces intentaba quedarme despierta y aprovechar. Tengo un tutor que me ha explicado algunas cosas que me he perdido cuando no he podido conectarme, pero ha sido muy duro”.

Victoria Manzano, enfermera y estudiante del MIR

El día a día en el hospital tampoco ha sido fácil y aunque ahora está en cirugía también ha pasado por la planta COVID. “He tenido miedo. Cuando empezó a apretar la tercera ola nos dijeron que si llegábamos a un número de pacientes determinado la cirugía se cerraba. Yo no sabía si estaría preparada para pasar otra vez por lo mismo”. Ahora está vacunada y se siente más segura, pero la amenaza de una cuarta ola vuelve a generar presión cuando está a punto de examinarse. Hoy recuerda con nitidez la etapa más dura de la pandemia, cuando tuvo que desplazarse a un hotel para sanitarios para no contagiar a sus convivientes. Nos habla de los aplausos, pero también de la cara B: “Nunca se me olvidará la gente que venía a la puerta del hotel a decirnos que a ver si nos cansábamos ya de vivir del cuento, que esto era una conspiración del Gobierno y de la Sanidad… y yo decía, pues ojalá”.

Ana: “Hemos pasado de ser héroes a villanos en cuestión de meses”

Ana es médico de atención primaria. Hizo el MIR por primera vez hace cuatro años y ahora vuelve a presentarse para cambiar de especialidad. “Empecé con mucha ilusión, pero llevaba ya un tiempo planteándome que quizás no era mi especialidad. Es muy compleja y obliga a gestionar mucha incertidumbre, pero lo que me hizo decidirme fue que la medicina de familia en nuestro país está muy maltratada”.

La atención primaria, en saturación permanente a causa de la pandemia

Hay una tendencia a huir de la atención primaria. El médico de familia vive en un constante 'no llego'

Nos habla de la falta de recursos y de la media de 3 minutos por paciente a la que tienen que amoldarse y que no les deja margen de acción. “El médico de familia vive en un constante ‘no llego’ que con el COVID se ha hecho más intenso pero que lleva mucho tiempo”. La pandemia ha supuesto una sobrecarga extra y ha hecho que la situación explote, porque más allá del trabajo habitual, han tenido que hacerse cargo del seguimiento de pacientes COVID ambulatorios, del rastreo de contactos o de la gestión de bajas laborales. “Conozco casos de compañeras, sobre todo médicas de familia, que han decidido repetir el MIR para cambiar de especialidad, y ya no solo eso, hay gente que busca alternativas en servicios de urgencias, atención domiciliaria o dedicándose a la investigación. Hay una tendencia a huir de la atención primaria”.

Ana Adloff, médica de Atención Primaria y estudiante del MIR

Para Ana la vocación no lo es todo. “Es importante para ser buen profesional, pero también lo es redistribuir los recursos dentro del sistema de salud porque la atención primaria debe ser la base del sistema”. La práctica clínica y la experiencia le han ayudado a presentarse al MIR con más confianza que la última vez, pero también echa de menos el contacto con otros estudiantes. Sobre el coronavirus y el trato a los sanitarios, coincide con sus compañeras: “Hemos pasado de ser héroes a villanos en cuestión de meses”.

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