Las elecciones legislativas de mitad de mandato en Estados Unidos han traído consigo una clara victoria del Partido Demócrata, que no puede sino interpretarse como un correctivo a la presidencia de Donald Trump, quien encarará lo que queda de legislatura sin el control político de la Cámara de Representantes y del Senado, ahora de mayoría demócrata.
En las encuestas a pie de urna difundidas por la cadena estadounidense NBC, los estadounidenses que han tenido en cuenta el encarecimiento de la vida han castigado la gestión de Donald Trump en la Casa Blanca (al igual que en 2022 castigaron la de Joe Biden). En concreto, entre quienes creen que los precios han subido a causa de las políticas de Trump (el 62% de los votantes encuestados), el 83% ha votado a los demócratas, por el 15% que ha preferido igualmente votar a los republicanos. Del mismo modo, entre quienes reconocen que la inflación ha perjudicado su economía o la de su familia (79% del total), el 61% habría votado a los demócratas y el 37% a los republicanos.
Como se ve en el siguiente gráfico, los votantes de Estados Unidos llegaban a las urnas con dos preocupaciones principales: la economía y el estado de la democracia, y en ambos casos eso se ha plasmado en un voto decidido por los demócratas. La preocupación por la sanidad también es un claro motivador del voto demócrata, aun cuando es una preocupación mayoritaria. La inmigración es también un asunto que preocupaba a una gran parte del electorado, y en este caso ha sido un evidente movilizador del voto a los republicanos.
Al analizar en particular las motivaciones del voto al Partido Demócrata, se ve que el coste de la vida, la guerra en Irán y la polémica sobre la proliferación de los centros de datos que dan soporte a la tecnología de la inteligencia artificial son problemas políticos que han impulsado el voto a los demócratas en estas elecciones. Por el contrario, la preocupación por la delincuencia y las políticas migratorias y la percepción sobre la corrupción han sustentado el voto al Partido Republicano en estos comicios legislativos.
Los independientes ahora han votado azul demócrata
Al margen de la percepción de los principales problemas políticos a los que se enfrenta Estados Unidos, se observa que el nuevo apoyo a los demócratas ha partido sobre todo de electores que se califican a sí mismos como independientes, al margen de la afinidad partidista con el Partido Demócrata o el Republicano. El 56% de los independientes (que son un tercio de los encuestados en estos sondeos de la NBC) habría apoyado a los demócratas en estas 'midterms', frente al 39% que habría votado a los republicanos. En las presidenciales de 2024 que llevaron a Trump de nuevo a la Casa Blanca, el apoyo de los independientes al Partido Republicano fue del 46%.
No se puede obviar que estas elecciones, aunque se dirigen al poder legislativo y a la elección de gobernadores, son tradicionalmente un termómetro que evalúa la gestión del presidente en el cargo. Desde la Segunda Guerra Mundial, el partido del inquilino de la Casa Blanca ha perdido escaños en la Cámara casi siempre, con la excepción de los demócratas de Bill Clinton, en 1998, y los republicanos de George W. Bush, en 2002.
Y esta jornada electoral llegaba para la administración de Donald Trump en un contexto en el que la valoración de su gestión se encontraba en mínimos, desaprobada por seis de cada diez estadounidenses.
Perfiles de voto
La distribución del voto en Estados Unidos se ha teñido aún más de azul dentro de sus perfiles habituales. El voto demócrata se ha acentuado en estas 'midterms' en las mujeres, las personas no blancas, y se ha hecho mayoritario prácticamente en todas las edades, a excepción de los mayores de 65 años.
En este sentido, es manifiesto el giro a la izquierda de los votantes en todos los grupos de edad, enmendando su voto en las presidenciales de 2024, y retornando a niveles propios de mitad de mandato de Joe Biden, hace cuatro años, o incluso superándolos. En el caso de los votantes menores de 30 años, aun siendo el grupo de población menos numeroso, el giro hacia los demócratas ha sido abrumador, y siete de cada diez habrían votado a los demócratas, según las encuestas. Entre aquellos electores que votaban por primera vez en unas elecciones de mitad de mandato, dos de cada tres (64%) afirman que han votado a los demócratas, por el 34% que habría preferido un candidato republicano.
Atendiendo a los ingresos anuales de las familias, el voto ha sido mayoritariamente demócrata. Tanto los ciudadanos con una situación económica holgada como los que tienen menos ingresos son los que han votado en mayor medida a los demócratas, con porcentajes del 60% o aproximados, como se ve en el siguiente gráfico. La superioridad de los republicanos solo se manifiesta en aquellos votantes sin estudios universitarios (la mayoría de la población, por otra parte), de los cuales reciben más del 50% del voto.
Y, de nuevo, en la comparación con los comicios convocados en Estados Unidos en los últimos cuatro años, el voto a los demócratas ha crecido entre ciudadanos de todo nivel económico, con un grado de apoyo superior al que había durante la administración demócrata de Joe Biden.
En cuanto al tamaño de la población, las ciudades pequeñas y el medio rural (donde reside el 35% de los votantes) son el único bastión que mantiene el voto republicano. En las ciudades de más de 50.000 habitantes, donde reside el 20% de la población encuestada, el voto a los demócratas es hegemónico (71%), y se ha disparado respecto a las elecciones presidenciales de 2024. Un salto que también es patente en las áreas de las periferias (los conocidos como suburbios en Estados Unidos).