La ola azul del Partido Demócrata ha inundado las elecciones legislativas de medio mandato en Estados Unidos, con una victoria incontestable que otorga a los demócratas la mayoría en las dos cámaras del Congreso y que se ha llevado por delante a los candidatos republicanos incluso en feudos conservadores como Texas, Iowa o Kansas. Un vuelco electoral que mide la magnitud del rechazo que ha generado la gestión del presidente, Donald Trump, en su segundo mandato.
A falta de completar el recuento, en el Senado los demócratas se han asegurado ya la mayoría, con 54 senadores, tras arrebatarles siete (Maine, Ohio, Kansas, Texas, Iowa, Carolina del Norte y Carolina del Sur) a los republicanos. Sólo necesitaban cuatro, y aspiran incluso a conseguir otro más en Misisipi, donde ahora mismo hay un empate. Y en la Cámara de Representantes alcanzan ya los 231 congresistas, muy por encima de los 218 que aseguran la mayoría. Estas son las claves del vuelco demócrata, que dificultará enormemente los dos años que le quedan a Trump en la Casa Blanca.
1. La caída de bastiones de los republicanos en el Senado
La derrota republicana es contundente, con pérdidas de senadores en estados tradicionalmente conservadores y con grandes subidas de los demócratas incluso en enclaves en los que el partido de Trump ha retenido el escaño, como Tennessee o Kentucky.
Los republicanos han perdido plazas históricas. Como Kansas, donde los votantes no elegían a un senador demócrata desde 1932. De poco ha servido que el propio Donald Trump diese su último mitin de la campaña en este estado. La pérdida de una carrera a priori tan favorable para los republicanos sería una anécdota, derivada de una mala elección del candidato republicano (un ginecólogo investigado por The New York Times por los intereses que cobraba a sus pacientes) o un fichaje estrella de los demócratas (un antiguo republicano y fundador de una iglesia metodista), si no fuese porque el cambio llega a todos los rincones del país.
Por ejemplo, a Texas, el segundo estado más poblado y donde los republicanos copaban los representantes al Senado desde 1988. El candidato demócrata James Talarico, con cerca de un 55% de los votos, se ha impuesto a Ken Paxton, un estrecho aliado del inquilino del Despacho Oval. El batacazo es importante: el republicano se impuso en los comicios presidenciales de 2024 con una ventaja de 14 puntos. Otro ejemplo de cómo la subida del precio de la cesta de la compra ha pasado factura a los aliados de Trump es Maine. Allí la senadora republicana Susan Collins, que había sido reelegida en cuatro ocasiones y ostentaba el cargo desde 1996, ha sido derrotada por el candidato progresista..
2. Los demócratas se asientan en sus plazas fuertes con amplias victorias
La mayoría demócrata en el Senado, con 54 asientos a 44 (a falta del cierre del escrutinio de Alaska y del recuento en Misisipi, que ha quedado en un empate técnico), es un excelente resultado para los progresistas, la mayoría más amplia en una década. Para encontrar una mayoría similar en la cámara clave para poner freno al poder del presidente, hay que remontarse a 2015, cuando los republicanos recuperaron el control de la cámara alta en el segundo mandato de Barack Obama.
Los demócratas no sólo han arañado al menos siete escaños en el Senado, sino que además ningún republicano ha conseguido voltear un solo escaño azul, según las proyecciones más actualizadas. En todos los estados en los que los sondeos predecían resultados ajustados se ha impuesto el tsunami demócrata.
Aunque no todo en el bando progresista han sido victorias aplastantes. El demócrata Abdul El-Sayed se ha impuesto en Michigan, pero a menos distancia de lo que preveían los sondeos: 52% a 46%. Un estrecho margen de victoria, el menor de los 14 escaños que las encuestas decantaban del lado de los demócratas. El político de origen egipcio al que Trump calificó de “yihadista” es el primer musulmán elegido para un escaño del Senado. Otra pionera es la candidata demócrata por Minnesota, Amy Klobuchar, la primera indígena en lograr la elección.
3. La mayoría más amplia en la Cámara de Representantes desde 2008
Aunque se daba por descontado, el cambio de mayoría en la Cámara de Representantes también refleja la amplitud de la victoria del Partido Demócrata, que, por el momento, ha conseguido arrebatarle 30 representantes al Partido Republicano, sin perder ninguno. A falta de completar el recuento, los demócratas tienen ya 231 escaños, muy por encima de los 218 que aseguran el control de la cámara baja, pero las proyecciones de NBC les sitúan con 258 representantes, lo que constituiría la mayoría más amplia desde 2008, cuando Barack Obama llegó a la Casa Blanca.
El vuelco es muy llamativo en estados como Carolina del Norte, que en la última legislatura tuvo diez representantes republicanos por cuatro demócratas y ahora ha invertido los términos, con nueve demócratas ya confirmados. O en Iowa, un estado eminentemente rural y de perfil conservador moderado, donde los cuatro representantes eran republicanos y ahora han elegido a tres demócratas.
También es significativo el cambio de tendencia en el este de Pensilvania, donde los distritos 7 y 8, con una amplia presencia de latinos —uno de cada cinco votantes—, han vuelto a elegir a un representante demócrata dos años después de decantarse por los republicanos. En la misma región económica, una antigua zona industrial que ahora está virando hacia la economía de servicios, los republicanos también pierden el distrito 1 de Pensilvania y el 7 de Nueva Jersey, lastrados sobre todo por la subida de la inflación.
4. Las mujeres lideran las victorias demócratas en las elecciones a gobernador
Otro ejemplo más de cómo la errática gestión de Trump ha desangrado a su partido por toda la geografía estadounidense: de los 36 gobernadores estatales que se elegían en esta jornada electoral, 22 son ya demócratas, cinco de ellos sustituyendo a gobernadores republicanos. El partido de Trump revalida doce estados, pero está a punto de perder también dos en los que el recuento aún no permite proclamar un ganador: Alaska y Kansas.
Una de las victorias demócratas más relevantes es la de Keisha Lance en Georgia, la primera mujer negra que será gobernadora en todo el país. En un estado, además, que desde 2003 estaba gobernado por los republicanos y en el que hace solo dos años, en las presidenciales, Trump fue capaz de batir con solvencia a Kamala Harris. Un hito similar es la elección de Gina Hinojosa en Texas, la primera gobernadora latina, en este caso en un estado que desde hace tres décadas no tenía un dirigente demócrata.
La ola azul, en este sentido, ha alcanzado también a la gobernación de Iowa, donde Rob Sand ha puesto fin a dos décadas de dominio republicano, y a la de Nevada, donde Aaron Ford será el primer negro en el cargo. Y también a la de Ohio, donde Amy Acton será la primera mujer gobernadora, nada menos que en el territorio del mismísimo vicepresidente, JD Vance, aspirante a suceder a Trump en las presidenciales de 2028.
5. No todas las votaciones han elegido la opción progresista
En los comicios estadounidenses, a la vez que se celebran las votaciones de medio mandato, los estados tienen la potestad de convocar referendos. En esta ocasión se preguntaba a los ciudadanos por 60 cuestiones. A los ciudadanos de cuatro estados se les ha preguntado por el derecho al aborto. Dos Estados lo han aprobado, Nevada y Virginia, mientras que Idaho lo ha rechazado. En Misuri, donde ya estaba reconocido, se mantendrá.
Otra de las votaciones, en la que a los votantes de California se les preguntaba por la creación de un impuesto extraordinario del 5% sobre el patrimonio declarado de los milmillonarios del Estado, con el recuento aún en marcha (al 59%), tiene visos de no prosperar, ya que el 56% de los votantes se decanta por el no.
Con estos resultados, que Trump ha reconocido ya sin ambages, la política estadounidense entra en una nueva fase, en la que el presidente tendrá un contrapeso claro en el poder legislativo que hasta ahora no existía, ya que el Partido Republicano dominaba el Congreso. En los dos años que le quedan en la Casa Blanca, Trump podrá seguir gobernando por decreto, bloquear las iniciativas legislativas que no le gusten y tendrá margen en política internacional mientras no declare una guerra, pero los demócratas pueden promover comisiones de investigación y poner condicionar el gasto público. Muchas trabas para un presidente que detesta las cortapisas parlamentarias y que ya atisba el final de su mandato.