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Violencia de género

La violencia machista que se esconde en los móviles de las jóvenes: "Tenía todas las contraseñas de mis redes"

  • Varias jóvenes relatan las situaciones de acoso digital que han sufrido en el ámbito de la pareja o por parte de desconocidos

  • El Ministerio del Interior ha reforzado la lucha contra esta lacra en el ámbito digital tras detectar un repunte en esos casos

  • El 016 es el teléfono de atención a víctimas, gratuito y no deja huella en la factura; el correo: 016-online@igualdad.gob.es

JESSICA MARTÍN
8 min.

La vigilancia, la insistencia o el chantaje son tres de las estrategias de invasión de la intimidad que más utilizan los acosadores. Detectarlas y entenderlas como una forma de control nunca es sencillo para las víctimas, pero abrir los ojos resulta aún más difícil cuando el hostigamiento se produce en un ámbito en el que la intromisión está normalizada. Es así como la violencia machista logra proliferar por el mundo digital sin que muchas chicas, sobre todo las más jóvenes, sean conscientes de que la sufren. 

Internet, en general, y las redes sociales, en particular, constituyen un entorno en el que la población más joven se siente tan cómoda que desarrolla sus relaciones sociales sin las limitaciones impuestas en otros ámbitos, explican desde el Ministerio del Interior, que ha advertido esta semana sobre un repunte de las situaciones de acoso a través de redes sociales. Por esa razón, al departamento ha decidido lanzar una campaña de prevención con la que aspira a concienciar a los jóvenes sobre la gravedad del problema. 

Bajo control las 24 horas del día: “Yo no era consciente”

Sara (nombre ficticio) tiene ahora los ojos muy abiertos, pero estuvo dos años y medio viviendo bajo el yugo que le impuso su exnovio, sin saber que aquello no era “normal”. Tenía solo 15 años cuando empezó a salir con él y 17 cuando consiguió cortar la relación, hace apenas unos meses.

Me pidió la contraseña de todas mis redes sociales, absolutamente todas, y, por supuesto, la contraseña de desbloqueo de mi móvil para poder cogerlo y revisarlo cuando él quisiera. Esto lo hizo el primer día que empezamos la relación, y yo, obviamente, se lo di porque para mí aquello no significaba nada. Yo no era consciente de lo que suponía”, recuerda la chica en una conversación con RTVE.es en la que explica los distintos recursos que tenía el chico para controlar su vida.

No me dejaba quitarme la hora de última conexión a WhatsApp

Cada vez que alguien hablaba con ella a través de redes sociales, dice, él leía la conversación y, a veces, incluso se tomaba la libertad de responder a los mensajes sin consultarle. Si Sara le decía que no le parecía bien, “le daba la vuelta a la situación” y, al final, terminaba ella siendo la “culpable”.

No me dejaba quitarme la hora de última conexión a WhatsApp porque quería ver si me dormía a la misma hora que él, si hablaba con alguien aparte de él, etcétera. Y si tardaba mucho en responderle o me hablaba y estaba en línea, lo primero que hacía era preguntarme con quién hablaba, y me hacía pasarle captura de pantalla para que viera que era verdad”, cuenta la joven.

“No me dejaba subir a redes según qué fotos”

Su manipulación no terminaba ahí. Si algún chico solicitaba seguir en Instagram a Sara, su novio le pedía que lo rechazara porque hacer lo contrario, según su lógica, significaba que ella quería ligar con ellos.

Tampoco me dejaba subir según qué fotos. Por ejemplo, sacando la lengua, con 'leggings' grises, enseñando más carne de la cuenta… y se justificaba diciendo que si subía esas cosas me iban a hablar muchos tíos”, revela la chica, que se empezó a dar cuenta mucho tiempo después de que esa situación no podía prolongarse.

“Me anuló como persona. Intenté dejarlo muchísimas veces, pero no podía porque me hacía chantaje emocional y al final tuve que ir al psicólogo para que me ayudara a salir de ahí”, añade la joven, que no llegó a denunciar, pero le “faltó poco”.

Esa relación, afirma, le ha dejado “mucha marca” y, aunque ahora es consciente de que ha sido víctima de violencia machista, vive con el “miedo” de que la situación se vuelva a repetir en el futuro.

El Ministerio del Interior recomienda a las chicas guardar los mensajes

La jefa del área de Violencia de Género del Ministerio del Interior, María Jesús Cantos, explica que el principal problema es que "los jóvenes no tienen conciencia" de que muchas de las situaciones que viven en el ámbito de las redes sociales "pueden llegar a ser violencia de género".

"Tienen mucho acceso a través de internet a muchísima información y, a veces, no saben usar los filtros adecuados porque no tienen el desarrollo evolutivo suficiente para poner limitaciones”, afirma Cantos en una entrevista con TVE.

La recomendación que hacen desde su unidad a las chicas que sufren este tipo de violencia por parte de su pareja o expareja es “que guarden esos mensajes” recibidos en redes sociales o en aplicaciones de mensajería como WhatsApp, “porque de cara a las dependencias policiales son la forma de probar que se está produciendo este control”.

Cantos, responsable también del sistema de seguimiento policial de las víctimas de violencia de género Viogén, revela que, en los últimos dos años, han aumentado las denuncias por violencia digital, “sobre todo en las chicas más jóvenes”, aunque dentro del total de denuncias relacionadas con la violencia de género, no son numerosas, y cree que puede deberse a que muchos casos no llegan a detectarse.

Los acosadores más jóvenes presentan más agresividad

Por otro lado y basándose en los estudios que están realizando desde su área, afirma que los acosadores jóvenes presentan más agresividad que los mayores y recuerda que esta forma de violencia también se da en edades más "maduras".

El testimonio de Elisa, de 34 años, confirma esos dos datos. Su expareja también la controlaba a través de redes sociales, aunque lo hacía de manera mucho más sutil.

“A mí no es que me cogiera el móvil para vigilarme. Él no quería parecer que era controlador, pero sí me hacía insinuaciones para que yo le enseñara el WhatsApp si me escribía algún amigo”, explica.

“También se hizo una cuenta de Instagram, que antes no tenía, para ver qué seguidores tenía o a quién seguía yo. (…) Y un día me conecté a Facebook temprano y me preguntó que por qué me había conectado a esa hora”, añade Elisa, quien admite haberse sentido condicionada por su exnovio a la hora de utilizar sus redes sociales.

Una asociación ayuda a las víctimas de violencia de género digital

Encarni Iglesias, presidenta de la Asociación STOP Violencia de Género Digital, estima que un 85% de las denuncias por violencia de género también tienen un componente digital, puesto que los maltratadores utilizan con mucha frecuencia la vía 'online' para “amenazar, insultar o controlar los terminales de sus parejas”.

La asociación que preside, que trabaja de forma independiente pero colabora con el Ministerio del Interior y otros organismos públicos, cuenta con un grupo de profesionales compuesto por peritos informáticos, ingenieros, abogados, psicólogos y criminalistas que ayudan y asesoran a las víctimas para que puedan poner fin a la violencia digital que sufren.

“Cuando llegan a la asociación, primero les animamos a poner denuncia, porque en muchos casos no la tienen ni puesta, y después les enseñamos a proteger sus cuentas y les decimos cómo tienen que proceder. Incluso les acompañamos a la policía cuando deciden denunciar”, explica Iglesias, quien subraya que la ciudadanía sigue “sin identificar la violencia digital como un tipo de violencia”.

También señala que el repunte percibido en los últimos años fue aún más intenso durante el confinamiento, cuando la asociación recibió entre 10 y 12 llamadas diarias, y recalca que, aunque haya muchos casos circunscritos al ámbito de la pareja, el ciberacoso de tipo machista es más amplio.

Ciberacoso machista por parte de desconocidos

Lo evidencian las palabras de varias jóvenes con las que ha hablado RTVE.es, quienes admiten haber sido acosadas por desconocidos a través de redes sociales en los últimos meses.

Laura, de 18 años, cuenta que un chico le escribió a través de Instagram de manera insistente y, a pesar de que ella no respondía, él seguía enviándole mensajes. Días más tarde, la chica abrió el chat y se encontró con una fotografía de su pene.

“Eso es muy típico. Lo de enviar fotos así lo hacen un montón”, señala otra joven de 17 años, que añade: “Cualquier chica con la que hables te va a decir que esto le ha pasado”.

"Yo lo bloqueaba y él se hacía más cuentas"

El acoso que sufrió Lucía fue un paso más allá. Durante un tiempo, recibió mensajes por Instagram de un chico que utilizaba distintos perfiles y que llegó a perseguirla por la calle. “No paraba de hablarme. Yo lo bloqueaba y él se hacía más cuentas, hasta que un día subió una ‘story’ buscándome por el pueblo y le dije que lo iba a denunciar y paró”.

Todas ellas afirman ser conscientes de que estas situaciones no son tolerables, pero son tan frecuentes las intromisiones machistas en el ámbito digital, dicen, que lo han llegado a normalizar: “Estamos tan acostumbradas que cuando nos pasa no nos sorprende. Pensamos, ‘ah, bueno, otro baboso más’”.

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