Durante medio siglo, una bula papal vinculada a la batalla de Lepanto permaneció doblada en una vivienda de El Viso del Alcor, en Sevilla. Fuera de aquella casa, su historia seguía transmitiéndose entre los vecinos, se investigaba en publicaciones locales y llegaba a representarse en las calles. La Guardia Civil ha recuperado el documento, expedido por Pío V en 1572, y su autenticidad ha podido comprobarse gracias a las huellas del pergamino y a una copia conservada en el Archivo Apostólico Vaticano.
El hallazgo devuelve su soporte original a una memoria que nunca desapareció por completo. La bula reconoce la participación de Fernando Arias de Saavedra, séptimo señor de El Viso y cuarto conde de Castellar, y de hombres de la localidad en la batalla de Lepanto, el 7 de octubre de 1571. Es la misma contienda que Miguel de Cervantes evocaría como "la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos ni esperan ver los venideros".
La dimensión literaria de Lepanto ha acompañado durante siglos al autor del Quijote. En El Viso, el recuerdo tomó otra forma: un privilegio concedido a su parroquia, Santa María del Alcor, que quedó recogido en un documento fechado el 5 de marzo de 1572. Su recuperación permite seguir el recorrido entre una batalla en el Mediterráneo, una concesión pontificia y una comunidad que continuó hablando de ella cuando ya nadie sabía dónde estaba el pergamino.
De los combatientes de Lepanto a la parroquia de El Viso
La bula es un documento oficial del papa mediante el que se comunican decisiones o se conceden gracias y privilegios. En este caso, Pío V otorgó indulgencia plenaria a quienes acudieran a rezar a la parroquia en la fecha establecida y cumplieran las condiciones religiosas. La concesión, según la Archidiócesis de Sevilla, continúa vigente. Isacio Siguero, secretario general de la Archidiócesis, explica que el documento debe entenderse en relación con la participación de Arias de Saavedra en Lepanto. El reconocimiento tenía como destinatarios a los fieles de la parroquia.
“En atención a la actuación de este noble, que tiene sus raíces en El Viso, el Santo Padre entonces concedió este privilegio de indulgencia plenaria a quienes orasen en la parroquia de El Viso el tercer día de la Pascua cada año“
La relación entre el noble, los combatientes y la bula también ha ocupado a los investigadores locales. Isidro Sánchez Morillo, coordinador de la recreación histórica sobre Lepanto de la asociación cultural Fuente del Sol, recuerda que Arias de Saavedra acudió con soldados de la localidad y matiza cómo se obtuvo el privilegio.
“ El hecho es un poquitín más complicado: la bula se solicita, no se la conceden automáticamente“
Ese trabajo de investigación ha convivido con las representaciones que la asociación organiza para acercar la historia a los vecinos. Las recreaciones históricas recuerdan la llegada de los participantes en la batalla y la entrega del documento, de manera que su ausencia física no impidió que siguiera formando parte de la vida cultural del municipio. Pero la continuidad del relato no resolvía el paradero del original. Las décadas sin noticias llegaron a suscitar dudas sobre su existencia y su alcance histórico. Cuando la Guardia Civil abrió la investigación, en octubre de 2024, necesitaba comprobar primero qué estaba buscando y reconstruir después cómo había desaparecido.
Una referencia en el Vaticano y las pistas de las revistas locales
La investigación combinó documentación y testimonios. Los agentes revisaron publicaciones, entrevistaron a vecinos y buscaron a personas relacionadas con la parroquia cuando se perdió el rastro de la bula, a comienzos de los años setenta. Entre las referencias localizaron un artículo de 2000 y otro publicado en mayo de 2025 que incluían imágenes del documento.
El subteniente Luis Miguel Hermoso, de la Unidad de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil en Sevilla, sitúa una de las primeras comprobaciones en la consulta realizada al Vaticano con la colaboración de la parroquia: "Queremos determinar en primer lugar si ese documento existió en algún momento. Efectivamente, hay un asiento en el registro Vaticano donde se certifica que ese documento existió; por tanto, ya tenemos una base sobre la que seguir investigando".
A partir de ahí, los agentes siguieron las pistas sobre su desaparición. Hermoso explica que trabajaron sobre dos vías, descartaron la primera conforme reunían información y se centraron en la segunda. Esta los condujo al vecino que había conservado la bula en su domicilio. El 2 de septiembre entregó voluntariamente el pergamino doblado.
Según declaró, se lo había llevado para protegerlo y preservarlo, sin intención de obtener dinero. La Guardia Civil explicó que no fue detenido, una decisión adoptada tras examinar las circunstancias con la Fiscalía. El hombre era menor de edad cuando se llevó el documento y, según la investigación, no había intentado venderlo durante las décadas que lo tuvo en casa. "Ocurren los hechos siendo menor de edad; esta persona lo ha custodiado durante cincuenta años en su domicilio, no hubo en ese transcurso temporal ningún ánimo de lucro, ningún movimiento de la bula", detalló Hermoso. "Él lo que nos manifiesta, que es compatible con la verdad, es que lo quería preservar".
Localizar la pieza resolvía la pregunta sobre dónde había estado. Todavía faltaba demostrar que era la bula original y que correspondía al documento desaparecido de Santa María del Alcor.
Las dobleces, la escritura y el contenido
El pergamino llegó al Archivo Histórico Provincial de Sevilla para someterse a un examen técnico. Su director, Braulio Vázquez, recuerda que el trabajo comenzó con una observación material y un reportaje fotográfico completo. Había que desplegarlo cuidadosamente, estudiar su estado y comparar los daños, las roturas y las dobleces con las fotografías antiguas.
Después, los especialistas transcribieron el texto en latín y lo cotejaron con la copia del registro vaticano. Las dos escrituras eran distintas, pero el contenido permitía contrastar lo que había salido de la cancillería pontificia con el documento recuperado en Sevilla. "En el Archivo Apostólico Vaticano se conserva una copia en otro tipo de letra, también en latín, pero una letra humanística, y la cotejamos con esa letra gótica, esa letra de bula", explica Vázquez. Las pequeñas diferencias que encontraron podían atribuirse a la rapidez de la copia.
La lectura aportó un detalle importante: el documento no menciona Lepanto por su nombre. La identificación de la contienda se apoya en sus referencias históricas. Vázquez lo describe como "una batalla que no llaman Lepanto, pero que indudablemente es una batalla que sucede en octubre del 71" y que corresponde a la derrota de la armada turca. El examen incluyó pruebas no invasivas con luz ultravioleta y concluyó con un informe pericial. La comparación de los materiales, la escritura y el contenido proporcionó un grado de certeza técnica muy elevado de que se trataba de la bula original de Pío V.
La comprobación también puso de manifiesto las necesidades de conservación. Vázquez advirtió de que el pergamino, un material orgánico, presentaba una sequedad pronunciada y pidió una intervención para recuperarlo adecuadamente.
La devolución a la parroquia se celebró el 7 de octubre de 2026, aniversario de Lepanto. El párroco José Antonio de la Maza recibió el documento en un acto que reunía a quienes habían participado en su búsqueda, su identificación y su devolución.
El pueblo había seguido representando la llegada de aquella bula sin disponer del original. Ahora puede volver a leerla. Después de medio siglo guardada en una casa, el pergamino reúne de nuevo la historia que sus vecinos conservaron y el documento que la acredita.