Cada 4 de noviembre se conmemora el aniversario de la entrada en vigor de la Constitución de la UNESCO, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. La institución empezó a funcionar, formalmente, en 1946, un año después de su constitución tras la Segunda Guerra Mundial, con el compromiso de trabajar por la protección del patrimonio cultural y natural y de impulsar la investigación y la educación.
Cantabria cuenta con algunos de los ejemplos más destacados de Patrimonio Mundial, como la cueva de Altamira o el conjunto arqueológico de La Garma. En este último yacimiento trabaja, desde hace décadas, el Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria. "Precisamente los trabajos que hacemos en La Garma son totalmente coherentes con el espíritu de esa declaración de la UNESCO, porque estos sitios que están en la lista mundial son lugares donde la prioridad absoluta es la conservación para futuras generaciones. Y es lo que hemos intentado poner por encima de cualquier otra consideración en La Garma", explica el director del IIIPC y catedrático de Prehistoria, Pablo Arias.
El yacimiento de La Garma reconstruye cómo eran las casas de nuestros antepasados durante la última glaciación EFE/ Gobierno de Cantabria
Entre otros trabajos que llevan a cabo, han desarrollado técnicas no invasivas de investigación que permiten estudiar el yacimiento sin poner en peligro el patrimonio ni alterar un lugar "que es absolutamente único en el mundo", destaca Arias. Gracias a esas técnicas, han logrado documentar una vivienda de hace 17.000 años en "estado de conservación excelente", con cerca de 4.000 objetos que permiten reconstruir las actividades que tenían lugar dentro de la vivienda y cómo organizaban su hábitat y la convivencia. "Se trata de una cabaña en la que vivía una pequeña comunidad de cazadores-recolectores de la última glaciación, aquí en Cantabria", puntualiza el director del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria.
Conocer más y mejor nuestro pasado
Investigaciones como las de La Garma permiten profundizar en cómo era la identidad de los que nos precedieron y cómo ha evolucionado la humanidad. Por ejemplo, explica el catedrático de Prehistoria, los cazadores-recolectores que vivieron durante la última glaciación eran "físicamente como nosotros", pero tenían un modo de vida y una mentalidad y una cultura "muy diferentes a las nuestras". "Hemos podido comprobar que algún pequeño grupo de ellos vivían en el interior de la cueva, no muy alejados de la entrada, en un lugar donde todavía hay algo de luz; pero en cierta penumbra; y ahí construyeron una pequeña choza con pieles, probablemente de bisontes y de caballos, que eran los animales más grandes a los que ellos se enfrentaban", añade Pablo Arias.
Toda esta información logística aporta también un gran valor a la hora de conocer su idiosincrasia y su comportamiento como sociedad. "Hemos visto cómo distribuían las actividades, tenían en el centro un pequeño fuego con el que se calentaban y en el que probablemente cocinarían, y alrededor de ese hogar se desarrollaban las actividades de talle, de producción de objetos, de siles. Con esos objetos trabajaban", explica el director del IIIPC, quien puntualiza que también en esos mismos lugares descansaban. "Y, además, una cosa interesante es que en relación con este sitio de hábitat tenemos también muchas evidencias del comportamiento simbólico y la expresión gráfica de estas poblaciones. Tenemos pinturas rupestres que son más o menos de la misma época que esta cabaña, tenemos objetos de arte móvil, es decir, pequeños objetos con representaciones de animales, incluso de las propias personas que tallaban en hueso y que están en la cercanía, y en algún caso dentro de la propia cabaña", concluye.
Precisamente por todo lo que aporta a la hora de conocer la evolución de nuestra especie, desde el punto de vista antropológico, para el director del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria es fundamental la existencia de la UNESCO y de días como este, en el que se recuerda la importancia de su actividad. Explica Pablo Arias que el reconocimiento de la UNESCO no supone contar con financiación económica, sino la adquisición de un compromiso para proteger este patrimonio; un valor que comparte también la institución que dirige y para la que ha reclamado más recursos; puesto que, a pesar del prestigio del IIIPC y la calidad y actividad de sus investigaciones, cuenta con una plantilla muy reducida y limitaciones de espacio y financiación.