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La decepción de la comunidad árabe con Trump por su guerra en Oriente Medio: "Pago mis impuestos y él se los da a Israel"

  • En Dearborn, Míchigan, más del 70% de la población es árabe o musulmana

  • Ahora lamentan que su presidente gaste su dinero en sus guerras al otro lado del mundo

Marta Rey Maté
9 min.

"Donald Trump no me gusta en absoluto. Ha hecho mucho daño a mi país y a su gente", comenta Sarma, una mujer libanesa, sobre el presidente estadounidense mientras coloca las estanterías de la librería de Dearborn en la que trabaja. Casi todos los ejemplares están en árabe, aunque nos enseña algunas guías para aprender idiomas como el inglés, el francés o el español. Aquí las calles son un pedazo del Líbano y de otros países de Oriente Medio, explica, porque esta ciudad de los suburbios de Detroit tiene la mayor concentración de población árabe y musulmana de Estados Unidos. Sarma solo es una de las muchas voces de este municipio dolidas por las políticas del actual mandatario, que antes de regresar al poder les prometió que acabaría con todas las guerras.

"No es un buen hombre", se queja esta mujer de 65 años que lleva 45 viviendo aquí y que ha perdido a parte de su familia en el conflicto que golpea a su país. "Vengo del sur del Líbano, ha muerto mucha gente allí por su culpa". En Dearborn fue donde surgió, a finales de 2023, el movimiento "Abandona a Biden" —después evolucionó a "Abandona a (Kamala) Harris"—, que pedía dejar de votar a los demócratas por el apoyo de su Administración a Israel durante la guerra en la Franja de Gaza. Sarma no fue a votar en aquellas elecciones y ahora cree que votará demócrata, pero confiesa que lo que siente es que no puede confiar en nadie. "Trabajo aquí, pago mis impuestos... y los usan para darle dinero a Israel. Para esparcir odio", denuncia Sarma, madre de seis hijos, que compagina este empleo con su trabajo como profesora en una escuela pública. "Los precios no dejan de subir", añade.

Sarma, en la librería de Dearborn en la que trabaja RTVE

Unos metros más abajo, en la misma calle de Dearborn, Mohamed regenta un taller de bicicletas. Es domingo, pero están abiertos. "En un noviembre normal no abriríamos, pero así podemos conseguir algo más de dinero", explica a RTVE Noticias este hombre de ascendencia libanesa nacido y criado en Míchigan. "La economía está fatal y todo es una consecuencias de la guerra en Oriente Medio", lamenta, mientras se queja de la subida de los precios en el supermercado y en las gasolineras. "Deberíamos estar preocupándonos por el sistema sanitario, por todo lo que pasa aquí. ¿Dónde está Irán? Está muy lejos. Es triste que estemos así por meternos en cosas en las que no deberíamos habernos metido", afirma.

Recuerda cuando Trump visitó Dearborn durante su campaña presidencial. "Eso fue lo primero que dijo a la comunidad de aquí, en Dearborn: "No a la guerra en el Líbano, no a la guerra en general. ¿Qué pasó después ? Todo se desató", continúa Mohamed, mientras repara una bicicleta. "Vivimos aquí. Pagamos nuestros impuestos, nuestras facturas, nuestras hipotecas. Lo que nos preocupa es lo que pasa aquí", se queja Mohamed, que asegura que el sufrimiento de la comunidad árabe en Estados Unidos "es doble": ahogados por la inflación en la tierra que habitan y preocupados, mientras tanto, por la familia que tienen en Oriente Medio.

Mohamed en su taller y tienda de bicicletas en Dearborn RTVE

La campaña de odio frente a la multiculturalidad

"No se puede confiar en nadie, eso es lo que da más miedo. La gente siguió a Trump cuando vino aquí y dijo que iba a acabar con la guerra, cuando prometió que iba a arreglar las cosas. Ahora dice exactamente lo contrario. ¿Y los demócratas qué hacían antes? ¿Qué decían? Ya no sabe uno qué hacer. Les hemos dado una oportunidad a ellos (los republicanos) y ahora tenemos que volver a probar con los demócratas". Mohamed lamenta, además, la campaña de odio de los republicanos hacia el candidato al Senado por Míchigan, Abdul El Sayed, y el racismo de la Administración Trump. "Si alguien no es como ellos, no es bueno. [...] Cuando no eres lo que ellos quieren que seas, te tachan de terrorista ", afirma.

El Sayed se enfrenta al republicano Mike Rogers que, junto a Donald Trump, se ha empeñado en vincularle —sin pruebas— con el terrorismo islámico. El presidente republicano, que se empeña en descalificarle con apodos como 'Abdul Ramadan' ha pedido mandarle de vuelta "al lugar de donde viene", que en realidad no es otro que su Míchigan natal. El Sayed es hijo de padres egipcios, pero nació y se crio en Rochester Hills, en el sureste de este estado fronterizo con Canadá y, antes de empezar en política, ocupó varios cargos relacionados con la sanidad estadounidense.

Vecinos en Derborn, Míchigan RTVE

"Se empeñan en dividirnos, pero la vida real es completamente diferente", subraya May, dependienta de una tienda de ropa en la Avenida Warren, en otra zona comercial de la localidad Dearborn. "Fui a la universidad, he trabajado con gente de todas partes: judíos, cristianos, con todo el mundo. Todos somos amigos, trabajamos juntos y no hay odio entre nosotros; todos respetan mi religión y yo respeto la suya", comenta. "Muchos de mis amigos son cristianos, judíos. ¿Por qué les importa eso y por qué quieren separarnos?", se pregunta también Mohamed.

Omar cree que la Administración Trump "no tiene ningún fundamento en política exterior" y que "simplemente hacen lo que les da la gana". "No hay nada que les impida eludir a nuestro poder legislativo, eluden la Constitución. Simplemente declaran guerras. Y si al actual presidente de la Casa Blanca le caes bien, estará de tu lado. Y si no le caes bien, entonces estará en tu contra", comenta este hombre, también libanés. "Él dijo 'voy a detener la guerra en Gaza' ¿Y qué hizo? No hizo nada. Empezó otra en Irán", continúa.

El corazón de Oriente Medio en EE.UU.

La directora del Centro de Estudios Árabe-Americanos y profesora asociada en la Universidad de Michigan-Dearborn, Sally Howell, explica a RTVE Noticias que la comunidad árabe en Míchigan es "diversa" y no vota en bloque, pero que la mayoría musulmana (y arabeparlante) se encuentra en Dearborn. "En la década de los 60, cuando se liberalizaron nuestras leyes de inmigración, se abrió la puerta a personas que llegaron tras la Guerra Civil libanesa o durante ella. También a otros que huían del conflicto en Palestina, de las dificultades económicas de Yemen, y que se sintieron atraída por Dearborn", relata. Su alcalde, de hecho, es musulmán: Abdullah Hammoud, de origen libanés y elegido en 2025.

Cuando Biden era el presidente "la comunidad árabe estaba muy disgustada", explica Howell, que menciona que el movimiento en su contra se orquestó "para intentar llamar la atención de su Administración y decir: 'Tenéis que escucharnos, necesitamos una política más humana hacia Palestina y dejar de financiar el genocidio'". Los demócratas no escucharon, Biden no cambió sus políticas y, cuando llegó Kamala Harrirs, "tampoco hizo concesiones a la facción pro-palestina e incluso no dejó que determinadas personas intervinieran en su convención". Por eso, muchos árabes que normalmente votarían por los demócratas no votaron en 2024 o directamente se decantaron por los republicanos.

Sin embargo, lejos de acabar con las guerras, Trump ha seguido apoyando al Estado hebreo en lo que su Gobierno llama su "guerra en siete frentes" y el pasado febrero inició una ofensiva (junto con Israel) en Irán. Pese a que está vigente una tregua, todavía no es definitiva, y el presidente estadounidense no ha tomado una decisión sobre si continuará o no sus ataques después de las midterm. Medios estadounidenses como Axios o The New York Times han informado de que Washington y Tel Aviv preparan una nueva ofensiva contra dirigentes iraníes e infraestructuras energéticas y nucleares del país.

Ahora, continúa la profesora, el apoyo a El Sayed, blanco de ataques islamófobos de Trump y del resto de su partido, es prácticamente total en Dearborn. "Incluso la gente más conservadora le apoya. Nunca había visto a un candidato ser acogido de esta manera", asegura. "Aquí los clientes dicen que es buena gente, que se preocupa por Míchigan", asegura Mohamed, un joven barbero que tiene su propio negocio en este municipio. No está muy al tanto de la política, pero es imposible no haber escuchado hablar de El Sayed. Natural de Irak, lo que ocurra en Oriente Medio le preocupa, pero le pilla lejos. "Me importa más cómo estén las cosas aquí, que mi familia esté bien", asegura.

La guerra que subió el coste de vida

"No me parece que (Trump) esté haciendo nada bueno. Solo quiere pelearse con todo el mundo, pero no está haciendo nada para ayudarnos. Por otro lado, aquí la situación se está poniendo mal. No nos está mejorando la vida", sostiene May, que perdió a su sobrino en la guerra de Líbano. "Tenía solo 24 años", lamenta esta mujer, que votará por El Sayed. Es madre soltera de tres niños y, como Sarma, también es profesora en un colegio público. "Este último año está siendo muy difícil. Llevo 30 años en EE.UU. y nunca lo había visto mal", se queja May. Tener dos trabajos es lo único que le queda para salir adelante.

Tienda de ropa en Dearborn RTVE

La guerra en Irán y el cierre del estrecho de Ormuz han elevado la inflación y en Dearborn, poblada por familias de clase trabajadora, la vida cada vez es más inaccesible. "¿Sabes? Trabajamos duro. Nos cuesta pagar esos impuestos y él va y se los gasta en eso. Yo los pago, mis hijas los pagan. Pero las facturas, la compra, la gasolina... todo está cada vez más caro", denuncia Dalal, que trabaja como diseñadora en la floristería de su hermana, situada al lado de una funeraria.

El presidente estadounidense "habla de los árabes y los musulmanes como si fuéramos todos lo mismo", dice Dalal, que está sola en la tienda atendiendo los pedidos que le llegan en persona y por teléfono, así que atiende a RTVE mientras prepara uno de los ramos. "No puedes tratarnos como si fuéramos lo mismo. Hay gente, buena, hay gente mala. Pero él no deja de esparcir mentiras sobre el Islam", denuncia esta mujer, que lleva más de 35 años en EE.UU. "Usa nuestro dinero para bombardear a civiles y a niños. Para destruir casas. No me gusta lo que está haciendo", concluye. Después, corre a coger el teléfono. El trabajo se acumula y no hay tiempo para más conversación.