A sus 100 años de edad, Eduardo Sancho (Valencia, 1926) no esperaba el revuelo y la sorpresa que ha provocado su reaparición ante las cámaras en 'El Telediario de nuestras vidas'. Este TD especial arrancaba con la primera cabecera original del año 1956. En pantalla, Eduardo Sancho saludaba a los espectadores y felicitaba a Televisión Española por sus 70 años de historia, con su porte de siempre y su voz bien modulada. Su breve intervención en pantalla se volvió viral: la gran mayoría de los espectadores lo descubrían por primera vez y solo los muy veteranos tienen memoria para recordar su nombre y su imagen.
Eduardo Sancho es historia viva de TVE. Ya estaba allí cuando empezó a funcionar aquel invento y es un testigo privilegiado del nacimiento de la televisión en España. Fue el primero en muchas cosas: uno de los primeros presentadores del Telediario primigenio, junto a Jesús Álvarez y David Cubedo, y uno de los primeros redactores de los Servicios Informativos. En 1960, narró la primera retransmisión de TVE en conexión con Eurovisión, la boda de Balduino y Fabiola de Bélgica. En 1966 fue el primer corresponsal en Londres; en 1968 ayudó a montar la corresponsalía de Nueva York para Jesús Hermida; y en 1971, fue el primer director del Centro Territorial de TVE en Valencia, donde puso en marcha el primer informativo regional en valenciano, Aitana. Habiendo estado presente en importantes hitos de TVE, reconoce cierta amargura por haber caído en el olvido durante tantos años. Desde Valencia, donde reside, atiende a RTVE Noticias.
El primer presentador del Telediario vuelve a TVE para decir de nuevo: "Buenas noches"
PREGUNTA. Fue toda una sorpresa para los espectadores verle en el Telediario, porque muchos no le han conocido y, en todo caso, le recordarán los más veteranos.
RESPUESTA. Lógico. Naturalmente, así es. Realmente, para haberme visto a mí en los telediarios hace falta haber vivido como adulto en los años 60, hace sesenta años.
P. En las biografías publicadas sobre usted, la fecha de nacimiento que consta es 1927. Pero usted mismo dice que ya tiene los 100 años cumplidos.
R. Exacto. En mi DNI figura que nací el 28 de mayo de 1927, pero en realidad nací el 28 de mayo de 1926. Pero ahí hay una anécdota, que a estas alturas ya no me importa contarla. Cuando yo iba a cumplir 21 años, se me terminaba una beca que estaba cobrando como huérfano de guerra. Entonces mi madre, que se vio desesperada porque no teníamos muchos recursos, dijo: "Bueno, pues para que no te quiten la pensión, vamos a sumar un año" en los documentos. Entonces me pusieron 1927 [como fecha oficial de nacimiento], lo que me permitió tener un año más de beca y seguir la carrera de Medicina. En realidad yo nací en 1926.
P. Después de estudiar Medicina, estuvo en Estados Unidos y allí entró en contacto con la televisión.
R. Cuando fui a Estados Unidos, yo ya estaba en la plantilla de Radio Nacional desde 1950, mientras estudiaba Medicina, porque hice un concurso como locutor cuando se inauguró en Valencia la primera emisora de RNE. El Departamento de Estado de EE.UU. convocaba una beca para dos periodistas extranjeros. Me fui a trabajar a un periódico de Houston, que fue un shock lógico. Allí estuve ocho meses en 1954 y luego un tiempo más haciendo televisión. El Houston Chronicle, como los grandes diarios norteamericanos, tenía un canal de noticias, el canal 13. Allí trabajé durante seis meses. Cuando volví a España, yo ya estaba harto de sentarme delante de una cámara.
Eduardo Sancho, periodista de TVE, en un decorado de los estudios del Paseo de la Habana TVE
P. ¿Qué panorama encontró en España cuando llegó, todavía en el periodo de pruebas de TVE?
R. Yo volví a España en 1955 y, aunque estaba en Valencia, la dirección de Radio Nacional me trasladó inmediatamente a Madrid por mis conocimientos de inglés. Trabajaba en el Servicio Exterior, que entonces se llamaba 'La voz de España para el mundo'. Teníamos unos estudios pequeñitos en un chalé de la calle Martínez de la Rosa. Cuando en la Dirección General se enteraron de que yo estaba en Madrid, empezaron a venir por allí una especie de peripatéticos locos, que andaban poniendo en marcha lo que después sería Televisión Española. Entre ellos estaba Jesús Álvarez, mi amigo y compañero. Conocí a Joaquín Sánchez Cordovés, ingeniero de sonido, que para mí es el alma de la fiesta y el hombre más importante. También un paisano mío, José Luis Colina, un guionista de cine que acabaría siendo el primer director de TVE. Éramos una pandilla muy pequeña: un decorador, unos ingenieros, algún guionista y poco más.
Como me había interesado mucho el fenómeno de la televisión cuando estaba en Estados Unidos, había leído muchísimo sobre ello, sobre cómo funcionaban las tres cámaras, el control de realización, el estudio, la intercomunicación entre el control y los regidores...Los elementos de ilustración no eran electrónicos, eran obra de artistas como Bernardo Ballester, jefe de decoración. El primer cámara de TVE era Lombardía, un suboficial de aviación que tenía gran experiencia haciendo fotografías durante el vuelo. Realmente, la única persona que tenía experiencia directa con el medio era yo, aparte de los ingenieros y sus ayudantes. Había estudiado el funcionamiento de la televisión y conocía bastante bien cómo trabajaban los estudios norteamericanos.
En 1956 me encargaron un comentario diario de actualidad internacional antes de la inauguración oficial de TVE, el día 28 de octubre de 1956. En realidad había 600 televisores en Madrid y en Navacerrada teníamos la primera antena. Yo cogía la revista Time, hacíamos un sumario de la actualidad internacional y lo 'largaba' todas las tardes, antes de las emisiones regulares. Por eso realmente fui el primer informador de Televisión Española.
Hace 70 años exactamente que se sentaba en un plató del Paseo de La Habana mi amigo José Luis Colina con Jesús Suevos, un famoso falangista de entonces que era el director general de Radiodifusión y Televisión, para hacer la inauguración oficial. Y luego, cuando llegó septiembre de 1957, se inauguró el Telediario, que aún no ha cumplido los 70 años.
Eduardo Sancho, periodista de TVE, con dos montadores revisando a ojo películas para el montaje de las noticias TVE
P. Usted fue uno de los tres primeros presentadores de Televisión Española, con Jesús Álvarez y David Cubedo, y formó parte también de la primera redacción. ¿Cómo era aquello, en qué condiciones trabajaban, qué dificultades técnicas tenían?
R. Al lado de la terraza donde estaba la antena inmensa por la que se transmitían las ondas hertzianas, había una sala grande, con ocho máquinas de escribir y un despachito donde estaba Ángel Marrero, que fue nuestro primer director de Informativos. También estaba Pepe de las Casas Acevedo, uno de los grandes héroes de la televisión y los telediarios. El hombre más inteligente que he conocido.
Teníamos unos teletipos conectados directamente con la agencia EFE, pero también con la Associated Press, United Press, Reuters, las grandes agencias internacionales, todas mandándonos cintas de teletipo en inglés. Como allí el único que sabía inglés era yo, era el que sacaba las noticias internacionales. Políticamente, yo no estaba muy bien visto porque había sido en Valencia un poco rebelde y era muy nacionalista valenciano, a pesar de haber vivido en Madrid 14 años. Por eso yo no era muy bienvenido para la información nacional y jamás la hice en el Telediario, pero me encargué de todas las noticias del exterior.
Como anécdota curiosa, teníamos una Vespa que iba todos los días a Barajas a esperar los vuelos internacionales que nos mandaban las noticias en cajitas de 30 metros de cine de 16 mm en blanco y negro, por supuesto, sin revelar. Después se revelaban en los laboratorios del Paseo de La Habana. Los hermanos Lapeña (Alfonso y Pepe), los primeros montadores de cine, manejaban la moviola a mano, miraban la película en negativo al trasluz, la cortaban con los dedos y pegaban la película. Y así hacíamos el montaje. Yo tenía que seleccionar y montar todas las imágenes de información internacional que nos mandaban. Y así, en un informativo de media hora metíamos diez minutos de noticias internacionales. Era muy divertido todo. Lo llevábamos al control y, en un telecine ruidoso y primitivo, se hacia la realización del Telediario. La verdad que salía todo muy bien, pero era todo artesanía.
P. ¿Qué recuerdo tiene de aquellas primeras emisiones que usted presentaba?
R. Jesús Álvarez hacía la primera edición hacia las 14.30 y la veía Franco, que era muy asiduo y nos veía siempre. No se lo perdía nunca. Había una locutora que presentaba con Jesús, que era Coque Valero. Yo hacía la segunda edición, a las 21.30 de la noche, y la tercera edición, que se llamaba Ultimas Noticias, la hacia David Cubedo, el famoso locutor de Radio Nacional, un tipo elegante con una voz fantástica. Había otras mujeres como María José Valero e Isabel Bauzá, que leían las noticias. Luego se fueron incorporando otras personas. Yo fui profesor de la Escuela Oficial de Periodismo en Madrid durante diez años, de 1956 a 1966. Lo dejé porque me mandaron a Londres cuando habíamos creado las corresponsalías.
Eduardo Sancho durante la emisión en directo de la segunda edición del Telediario, desde los estudios del Paseo de la Habana. TVE
P. ¿Cómo se montaron aquellas primeras corresponsalías en 1966?
R. Esa fue la gran aventura. En 1966 todavía estábamos en el Paseo de la Habana. Cuando organizamos las primeras corresponsalías, la primera fue la mía, en Londres, y el que fue nuestro primer director, José Luis Colina, se fue de corresponsal a Roma. Londres se consideró el lugar más eficiente para informar sobre el exterior y como yo hablaba el inglés perfectamente, pues me fui allí y estuve dos años.
Las condiciones técnicas eran muy distintas a las actuales. Las imágenes se grababan en película de 16 milímetros y había que depositar las cajas en el aeropuerto para enviarlas a Madrid. Dependíamos de vuelos comerciales para hacer llegar el material a tiempo. Más adelante, la BBC empezó a darnos la cobertura electrónica para mandar las crónicas. Pero lo que yo he conocido son unas condiciones más pobres.
Eduardo Sancho, periodista y locutor, en la redacción de informativos del Paseo de la Habana TVE
P. ¿Pudo informar con libertad desde Londres sobre los acontecimientos políticos y sociales que cubría? ¿Tuvo algún problema con la censura?
R. No tuve problemas, los ingleses suelen ser muy fieles a la libertad de expresión y pude informar con normalidad. Era corresponsal también para Irlanda del Norte, y en ese momento los independentistas del IRA estaban en su apogeo. Todas las semanas viajaba a Belfast e informaba mucho sobre aquellos acontecimientos, por ejemplo el asesinato del hermano del duque de Edimburgo [Lord Mountbatten en un atentado]. También hice la primera entrevista a un arzobispo anglicano, que se publicó en España y eso sí causó sensación.
Un asunto delicado era Gibraltar, porque la BBC de vez en cuando me llamaba a participar en debates como corresponsal español sobre los problemas coloniales en Gibraltar. Ahí he tenido polémicas muy, muy fuertes, pero esto nunca se público en España, lo decía por la BBC. Con los ingleses no he tenido problemas de este tipo. El laborismo entonces era muy importante y la lucha entre el bipartidismo en el Reino Unido ya empezaba a ser fatal, como ha empezado a serlo en España, y era una batalla. Entonces, yo tenía que tener mucho cuidado para informar porque en ese terreno tenía que ser muy neutral. Estuve en una huelga importantísima en el puerto de Londres, que dejó a toda la isla sin abastecimiento. Cubrimos aquella información y entrevisté a los huelguistas, que eran comunistas. Eso no ha salido en TVE.
Ideológicamente me declaro de izquierdas y he conocido muy bien el franquismo, porque he vivido la Guerra Civil desde los diez a los 13 años. He visto con mis ojos cómo fusilaban a mi padre, que era capitán de Artillería, en Barcelona en septiembre del 36, delante de mi madre y de mí. Yo era un tipo raro en Televisión e incluso el propio Franco, como veía la televisión todos los días, me veía a mí. Y Franco sabía que mi padre había sido un compañero suyo en África. Me tenía por un hijo de caído del bando nacional en la guerra. Y eso me salvaba de todo, me daba un salvoconducto, pero todos sabían que yo, en realidad, no era precisamente un forofo del régimen.
Eduardo Sancho, presentador de la segunda edición del Telediario, en los años 60 TVE
P. Un hito importante en su carrera es que en 1960 usted hizo la primera retransmisión de Televisión Española para Eurovisión: la boda de los reyes Balduino y Fabiola
R. Sí. No solo hice aquella retransmisión, sino que ayudé a organizarla. Como los contactos con Eurovisión había que hacerlos en inglés o francés, me encargaba yo porque el director de Televisión me llamaba. Y entonces lo organizamos y estuvimos retransmitiendo la boda de Balduino y Fabiola en la catedral de Bruselas.
Allí tuve uno los momentos más graciosos de mi carrera. Los representantes españoles eran la hija de Franco y su marido, el marqués de Villaverde, Cristóbal Martínez-Bordiú, que se acababan de casar. Pero había muy pocas cámaras y no los captaron, porque estaban situados detrás de los jefes de Estado, las casas reales y los jefes de Gobierno. Y Franco, sobre todo su señora [Carmen Polo], cogió un cabreo de miedo y ese mismo día nos llamó el embajador en Bruselas para echarnos una bronca tremenda. Incluso nos dijo "están ustedes cesados" a Federico Gallo y a mí. Pero estaba tan claro que no había sido culpa nuestra que no nos echaron. Aquello nos salvó y no nos pasó nada.
R. Después de acabar en Londres, fue destinado a Bonn y después a Oriente Medio.
R. Cuando acabé en Londres, fui a Nueva York a preparar la corresponsalía de Jesús Hermida. Porque Jesús, que era un gran amigo, trabajaba en un periódico vespertino que era Pueblo. Tuve que ir primero para buscarle a Hermida la oficina y el equipo técnico, porque en eso tenía experiencia y sabía como contratar un equipo local para sirviera de cámara y te hiciera el sonido. Actué de corresponsal unos meses en un periodo de sede vacante. Luego estuve en Bonn porque tenía ganas de conocer la República Federal de Alemania.
Después de eso me encargaron una de las cosas que mejor he hecho en mi vida, que ha sido estar tres meses en EE.UU. haciendo un documental que fue muy popular y que dio mucho que hablar, que se llamaba 'La educación en Estados Unidos': Son tres documentales de media hora para los que nos recorrimos unos 12 o 15 campus, los más importantes. Mostraba un modelo educativo muy diferente al de España, donde había catedráticos con una docencia muy pétrea, con un nepotismo tremendo. En Estados Unidos, cuando alguien era profesor era porque se lo había ganado en alguna profesión o en alguna ciencia. En TVE se cabrearon mucho y mi paisano Luis Ezcurra, que entonces era el director, me dijo literalmente: "Jamás volverás a hacer un reportaje en el exterior".
Yo llamé a mi amigo Adolfo Suárez, con el que yo había trabajado en la misma mesa cuando era un jefe de Programas. Siempre ha sido amigo mío, echábamos pulsos porque él era muy aficionado, incluso era campeón. Un día le llamé, cuando ya era director general de RTVE, y le dije: "Adolfo, quiero irme de Madrid, quiero irme a Valencia y morirme allí". Me nombró director de RTVE en Canarias, estuve allí un año y cuando hubo la primera vacante en Valencia, aquí me vine hasta que me jubilé. Esa ha sido mi historia.
Eduardo Sancho, director del Centro Territorial de TVE en Valencia, en su despacho. TVE
P. En aquella etapa en Valencia, puso en marcha el Centro Territorial y años más tarde el primer informativo en valenciano, Aitana, en el que usted se implicó muy a fondo.
R. Así es, y eso me costó mi segunda corresponsalía en Londres, porque en 1978 me cesaron de director de Aitana y me trasladaron allí por segunda vez como corresponsal. Estuve un año en Londres y cuando volví venían las elecciones del 82. Alfonso Guerra me animaba a volver a Valencia. El nombre de Aitana lo tomé yo de la sierra y del pico Aitana. Además me evocaba mis orígenes vascos. Se popularizó de tal forma que hoy día, mucha gente que lo ha vivido hace 50 años, aún llama Aitana a las emisiones de TVE en Valencia. Ahí me la jugué mucho. De lo que más me enorgullezco es de un 9 de octubre, un día nacional que fue un estallido de valencianismo. Esta etapa fue la última de mi vida profesional hasta que el año 92 me jubilé.
Pero no me jubilé en un pasillo. En Valencia, el PSOE ya me había cesado y me ofrecieron seguir en los pasillos cobrando un sueldo hasta la jubilación. Les dije: "No. Yo me jubilo trabajando". Y todos los fines de semana estuve dos años, entre 1991 y 1992, como redactor puro y duro en el Telediario Fin de Semana de TVE. Cogía el coche y los viernes me iba a Madrid, me hacía el caminito y me pasaba el fin de semana, haciendo aquello por el mismo dinero que podía haber ganado habiéndome quedado en casa. Pero estoy muy contento de haberme jubilado trabajando.
P. A lo largo de su carrera, ¿de qué trabajos se siente más orgulloso?
R. De lo que más orgulloso me siento es de mi etapa en Valencia, por razones personales. Me mandaron a Argentina y pude entrevistar a Leopoldo Galtieri en Buenos Aires. Estuve también en Libia y luego en la Guerra de los Seis Días, viajando entre Amman y Tel Aviv, donde organicé las corresponsalías de Oriente Medio. También recuerdo la primera operación anfibia que llevó a cabo la Armada Española, en Mallorca. Algo excepcionalmente bueno, de lo que estoy muy orgulloso, es el funeral y entierro del canciller alemán Konrad Adenauer. Me satisfizo mucho porque me salió muy bien. Sin embargo, la famosa boda real de Diana Spencer y el príncipe Carlos de Gales, pues me salió regular aunque fuera un acontecimiento muy popular.
P. ¿Por qué los libros de historia de la televisión no le mencionan a usted tanto como a otros compañeros más populares?
R. No sé por qué, porque yo he sufrido, y lo he comprobado, una cierta persecución intelectual procedente del centro. Yo soy un centrífugo, no soy centrípeto. No sé si por nacionalismo o por lo que sea, pero a mí realmente me han faltado a la verdad sobre mi trayectoria real en la historia que hay escrita, que yo he leído, hay sitios en los que ni se me nombra. Yo ya estoy curado de espanto, pero muchas veces me ha dolido justamente esa especie de opacidad.
P. En los casi 35 años que lleva jubilado de TVE, ¿cómo ha visto siendo espectador la evolución de la televisión pública, que es ya muy distinta a la que usted conoció?
R. Yo la aprecio como una evolución positiva, con un ritmo o una cadencia que lógicamente tiene sus fallas y sus crestas, pero una tendencia ascendente hasta hoy. Hoy estoy admirado de cómo trabajan en TVE, su organización. Creo que está muy profesionalizada y está entre las grandes televisiones públicas, comparable a cualquier otra del mundo, a las mejores, incluida la BBC. Creo que no se han dedicado a perseguir audiencias como en otras épocas, que lo hicieron de un modo lastimoso. 'Si queréis verme, me veis o no, pero esto es lo que yo debo hacer', sin ánimos de ganar audiencia y sin prime time excesivamente adornados. Veo la evolución de TVE, lo digo sinceramente, muy positiva.