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Las vecinas se vuelcan en la búsqueda de desaparecidos tras el choque de trenes en Toledo: "¡Me confirman que está en el hospital!"

Sofía Soler
5 min.

El teléfono de Gema, vecina de Los Yébenes, es ahora una auténtica centralita, a metros del lugar del accidente de dos trenes de alta velocidad, que han chocado a la altura de Urda (Toledo) y descarrilado, con al menos 68 muertos. "Me lo está mirando mi amiga", dice la mujer a Juan, desesperado por encontrar a Alexandra, su pareja, que viajaba en el vagón 7 de Renfe.

Gema asegura que ya ha pasado la descripción a conocidos en el pabellón de Urda, donde se está evacuando a algunos heridos, y que ha preguntado a amigos y familiares que trabajan en hospitales de la provincia. Lleva horas haciéndolo. Ella y otras vecinas de localidades próximas se han desplazado a la zona cero desde primera hora de la mañana, en cuanto se han enterado de la tragedia.

Estos ciudadanos —de Madridejos, Marjaliza, Urda, Los Yébenes, nos cuentan— han cargado sus coches de agua sin esperar que en las vías encontrarían una "masacre". Allí, han ayudado a pasajeros a salir de los trenes y han colaborado en su traslado, de los que no estaban heridos o lo estaban de forma leve, hasta el polideportivo de Urda.

"Habitantes de acá fueron los primeros que nos socorrieron", dice Jorge, que viajaba en la delantera del Iryo, el punto más alejado de la colisión, y ha podido salir a pie.

La ayuda espontánea ha ido en paralelo al despliegue de los servicios de emergencia sanitaria y las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, que pronto han controlado el acceso a la zona y organizado el puesto de mando para rescatar a las víctimas más graves y evacuarlas al hospital. Las primeras horas son críticas y se trabaja contrarreloj.

"Quienes busquen a desaparecidos, por favor, no acudan a la zona, la prioridad es dejar las vías de evacuación para que los servicios de emergencia puedan salir lo más rápido posible hacia los hospitales", pide la Guardia Civil desde el puesto de mando, con más de 200 efectivos, drones y perros, para rastrear por cielo y tierra. Los familiares pueden dirigirse a los cuatro puntos habilitados para denunciar desapariciones en las comandancias de Madrid, Toledo, Sevilla y Córdoba, nos indican y ruegan a la ciudadanía su colaboración.

Heridos en estado de shock

En el puesto de mando, desde donde se ve el siniestro de hierro, también agrupan a los heridos que pueden tenerse en pie. Avanzan compactos y silenciosos, se diría que obedientes, pero la realidad es que están en shock. Hay rastros de sangre en su ropa, algunos tienen vendas en el rostro o en las manos, la mirada perdida. Los agentes les guían hasta los autobuses que los llevan lejos del que será el escenario de sus próximas pesadillas.

"Estábamos parados y hemos sentido el impacto", cuenta un hombre en la cola para subir al vehículo.

"¡Pidan calidad en el trabajo!, ¡ingenieros!, ¡pongan presión para que estas mierdas no pasen", grita otro, de origen puertorriqueño, a las cámaras de televisión que rodean el bus.

“Si no me levanto al café, estoy entre los muertos“

Otros han preferido marcharse por su cuenta. En la carretera más próxima a la zona cero, antes encontramos vestido de traje a Arturo, nombre supuesto, que avanza hacia un descampado convertido en aparcamiento para vecinos, familiares y prensa. Estaba en la cafetería del tren Iryo cuando se produjo el choque del AVE por detrás. "Mi asiento estaba en el vagón 7, que ha quedado destrozado. Si no me levanto al café, estoy entre los muertos", dice.

La búsqueda de desaparecidos

La frontera mínima entre la suerte y la desgracia atormenta a los familiares de los pasajeros. Una joven pregunta nerviosa a las vecinas si alguien ha visto a Julieta. Compañeros de programas de TVE buscan a un reportero. Juan —recordamos— sigue la pista de Alexandra junto a Gema. "Va toda vestida de vaquero. Arriba y abajo", repite él con el rostro desencajado mientras sostiene en la mano el teléfono móvil de Alexandra.

En cuanto se enteró del accidente, Juan comenzó a llamarla hasta que una persona respondió. Al otro lado de la línea telefónica, estaba otro pasajero de los trenes accidentados, que había encontrado el aparato tirado en el suelo y lo cogió. Sin rastro de Alexandra, el dispositivo era un hilo del que tirar y estaba intacto; sin un rasguño por el choque.

"¿¡Me dicen que está en triaje en el hospital de Toledo!!", irrumpe Gema, la investigadora informal de Los Yébenes, con móvil en mano y la aplicación de WhatsApp abierta.

Juan no cabe en sí, pero necesita la confirmación, así que Gema llama por teléfono a su amiga, sus ojos en directo en el hospital: "Que sí, que sí, ¡es ella!".

Él, con lágrimas en los ojos, besa la cabeza de la mujer que esta mañana era una desconocida, le dice que le quiere, que hablarán pronto, y sale corriendo.