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Entrevista

Ammar Yassir, la mirada joven de la guerra de Sudán: "'Guerra olvidada' me parece despectivo; mejor 'guerra desatendida'"

  • Ammar es fotoperiodista y ha documentado en primera persona el éxodo sudanés

  • Desde abril de 2023, la guerra en Sudán ha provocado la mayor crisis de desplazados del mundo

Ebbaba Hameida
7 min.

"Un documento inútil", dice con voz desfallecida Ammar Yassir (Sudán, 2005) al enseñar la fotografía de su pasaporte. Le costó conseguirlo, pero lamenta que le sirvió de poco. El papel simboliza la impotencia ante la mayor crisis de desplazados del mundo. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), más de 11 millones de personas han abandonado sus casas por una guerra civil que estalló en abril de 2023 y que la comunidad internacional ignora.

Este fotoperiodista de 21 años comenzó su periplo en diciembre de 2023. Primero buscó refugio dentro de su propio país; después atravesó Sudán del Sur, Uganda, Arabia Saudí, Kenia y Ruanda, hasta llegar finalmente a Alemania gracias a una beca de arte. Sin separarse de su cámara y habiendo dejado atrás a su familia, Yassir busca incansable el significado de la pertenencia para alguien que lo ha perdido todo. “Olvidé lo que es un hogar”, concluye al recordar su viaje.

Su obra se centra en el desplazamiento, la migración y la reconstrucción de la vida en el exilio dentro de África Oriental. Autodidacta en sus inicios, ha ampliado su práctica visual mediante talleres y seminarios. Su trabajo le ha valido reconocimientos internacionales como el FOAM Talent 2026, el segundo puesto en el Giga Photo Festival 2025 y una mención especial en la Beca de Fotoperiodismo Ian Parry 2024. Ammar carga con un profundo sentido de la responsabilidad y es fiel defensor de que las historias africanas deben ser narradas por quienes tienen una conexión vivida con las comunidades que representan.

Mientras tanto, en Sudán la violencia no cesa. La ONU ha advertido recientemente del incremento de los ataques con drones, que solo en las tres primeras semanas de octubre han dejado más de 300 fallecidos en el país. Los ataques han alcanzado viviendas, mercados, hospitales y centros de acogida, objetivos tanto de las fuerzas gubernamentales y de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF).

PREGUNTA: Tus fotos abordan la crudeza del desplazamiento interno en Sudán, pero también recurres al archivo fotográfico de tu padre para reconstruir el pasado. ¿De qué manera esas imágenes familiares te ayudaron a asimilar la pérdida repentina de tu vida en Jartum y Umm Ruwaba?

RESPUESTA: El archivo que guardó mi padre, con el que me topé hace tres años, fue una herramienta fundamental para mi proyecto. Me ayudó a proyectar historias múltiples y me dio acceso a recuerdos de la infancia desde una perspectiva totalmente diferente. Con el tiempo, el archivo me enseñó que, aunque compartimos muchas experiencias juntos, cada uno tuvo una percepción distinta de nuestras vidas.

Sin hogar, Kampala, Uganda, enero 2025 Foto cedida por Yassir Ammar

P: Estás en una búsqueda constante de pertenencia: la encuentras en las fotos de tu padre, en las oraciones de tu madre o en los dibujos de tus hermanos. Para alguien que ha tenido que huir, ¿el hogar deja de ser un lugar físico para convertirse en un refugio de afectos?

R: Cuando llegas a un punto en el que no tienes un lugar al que regresar, el hogar se transforma en recuerdos, emociones y en un refugio de la memoria. El hogar es tu familia, tus amigos, tu comunidad; es el lugar donde vives seguro y con paz mental, sabiendo que los tuyos también están a salvo. Con el tiempo sientes que el hogar no es un país, ni una ciudad determinada, ni un espacio geográfico. Es un espectro de emociones.

P: En tu equipaje guardas objetos como un rosario, un anillo o una batería portátil. ¿Qué significan estos objetos cotidianos cuando te encuentras en tránsito constante por países como Sudán del Sur, Uganda o Ruanda?

R: Son objetos que no me han abandonado nunca y a los que he recurrido en muchas situaciones. El rosario de mi madre es con el que rezo durante todo el camino; el anillo es lo único que conservo de Sudán; y la batería la llevo porque a mi teléfono ya no le dura la carga. Los objetos son herramientas para fijar un estado de ánimo. El rosario, por ejemplo, es de los artículos más personales que tengo porque ha pasado por muchos miembros de mi familia. Tienen historias detrás, conexiones íntimas conmigo. A lo largo del viaje me he dado cuenta de que son un pedazo de hogar que llevo a cuestas.

La silla del abuelo Foto cedida por Yassir Ammar

P: Al reflexionar sobre tu llegada a Europa expresas un sentimiento complejo: te brinda seguridad, pero sientes que no perteneces. ¿Cómo se vive la paradoja entre estar a salvo y la sensación de desarraigo?

R: Acepté ser refugiado en Uganda y ahora me encuentro en Europa, un lugar que me brinda seguridad pero al que siento que no pertenezco. Creo que la experiencia del extranjero no está ligada exclusivamente a Europa ni a ningún lugar en particular; cualquier migrante pasa por este proceso de no pertenecer, porque la pertenencia requiere tiempo. Hay personas que viven en un sitio durante años o que obtienen nuevos pasaportes y nacionalidades, pero nunca llegan a sentirse en casa. El hogar es un espectro emocional.

P: En una de tus fotografías aparece la frase “volveremos”. Con la situación de violencia e inestabilidad actual en Sudán, ¿consideras que regresar es una posibilidad real o una consigna para mantener la esperanza?

R: Esa fotografía la tomé en noviembre de 2023 y la frase "definitivamente regresaremos" buscaba, por supuesto, aportar esperanza. En aquel momento yo la había perdido. Tres años después, según la OIM, 5,5 millones de personas han regresado a sus lugares de origen o han vuelto desde el exterior. Sin embargo, eso no significa que la crisis haya terminado: la gente sigue sufriendo hambruna, falta de recursos, de educación y de seguridad alimentaria. Usar una frase así busca traer luz en tiempos de guerra, pero no por ello debemos ignorar la gravedad de lo que sigue sucediendo allí.

"Volveremos", un mesaje que aparece en árabe en vehículos del éxodo Foto cedida por Ammar Yassir

P: El camino que recorriste es compartido por miles de personas que cruzan África buscando protección, llegando algunas a puntos fronterizos como Ceuta. ¿Qué opinas de la mirada europea que observa la llegada de refugiados únicamente como cifras?

R: Respecto a cómo los gobiernos reducen a los migrantes a números, debemos analizar las circunstancias que llevaron a esas personas a tomar semejante decisión y escuchar sus historias personales. Son personas que sufrieron pérdidas brutales y no tenían otra opción. Etiquetarlos o usarlos como instrumento político es inaceptable. Toda persona tiene derecho al asilo. Pido que se les dé una oportunidad y apoyo; alguien que lo ha sacrificado todo y no tiene nada más que perder está dispuesto a integrarse, contribuir y construir junto a la comunidad que lo acoge.

P: ¿Consideras que la de Sudán es una "guerra olvidada"?

R: El término "guerra olvidada" me parece un poco despectivo; prefiero llamarla una "guerra desatendida". Hoy en día todo el mundo tiene acceso a la información sobre lo que ocurre en Sudán. El problema es que el conflicto se reduce a simples cifras o a la noción superficial de que "solo están peleando entre ellos", en lugar de preguntarse qué le está pasando a cada persona real que vivía allí.

Pensando todo a la vez Foto cedida por Ammar Yassir

P: ¿Quieres volver a Sudán?

R: Sí, regresar a Sudán es una de mis mayores aspiraciones. Aún no sé cuándo ni cómo, pero es fundamental. Por supuesto, el regreso debe ser a un espacio seguro y en paz. Como le escribí a mi familia en una carta que quizá ni siquiera lleguen a leer: 'Os echo de menos, os quiero y haré que os sintáis orgullosos; le pido a Alá que nos reúna en un lugar seguro y en paz'. Todos los refugiados soñamos con regresar para tener una vida digna, porque nadie que esté seguro y feliz en su país quiere estar lejos para siempre.