Los civiles de la ciudad sudanesa de El Fasher, capital de Darfur del Norte, siguen sufriendo detenciones, torturas y un acceso limitado a la ayuda humanitaria un año después de que las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés) capturasen la ciudad y cometieran actos de brutalidad contra la población civil, denuncia Amnistía Internacional (AI).
Personas que han huido recientemente de esta población del oeste de Sudán han contado a AI que las escuelas se han convertido en centros de detención, que se controlaban estrictamente sus movimientos y que son frecuentes "los homicidios ilícitos".
Cifras que AI cita de ONG que operan en El Fasher apuntan que actualmente residen en esa población menos de 70.000 personas, cuando antes de la contienda había más de un millón de habitantes. El acceso humanitario sigue siendo limitado y los trabajadores de ONG y otros civiles están sometidos a una vigilancia o control constantes. El riesgo de sufrir un arresto arbitrario continúa siendo muy alto, apunta el grupo con sede en Londres.
La secretaria general de AI, Agnès Callamard, destaca en un comunicado que "las afirmaciones de las RSF de que El Fasher es segura para que regrese la población civil después de las terribles masacres de hace un año no podrían estar más alejadas de la verdad". En su opinión, un año después de la caída de El Fasher en manos de las RSF, "la comunidad internacional no ha tomado las medidas necesarias para abordar la desesperada situación que vive la población civil mientras el conflicto hace estragos. Apenas se han rendido cuentas por los abusos cometidos en Darfur del Norte. Los pasos para alcanzar un alto el fuego han sido tibios y Amnistía Internacional no conoce ninguna iniciativa diplomática destinada a establecer una fuerza internacional que proteja de forma significativa a la población civil".
La guerra de Sudán comenzó en abril de 2023, cuando los paramilitares de las RSF intentaron arrebatar el poder al Ejército, que controlaba el Gobierno, tras expulsar con un golpe a los civiles que intentaba realizar una transición democrática tras la caída de la dictadura de Omar Hasan al Bashir en 2019. El país está ahora dividido militarmente en el oeste, donde las RSF dominan la región de Darfur; y el este y norte, donde el Ejército ha logrado consolidar su control tras expulsar a los rebeldes de la capital y otras zonas del centro del país. Al Fasher fue tomada en octubre de 2025 por los paramilitares tras dos años de asedio.
Callamard advierte de que "sin un alto el fuego, la rendición de cuentas y una fuerza de protección, la población civil seguirá sufriendo en El Fasher y en todo Sudán. Las Fuerzas Armadas de Sudán se oponen sistemáticamente a la ampliación del embargo de armas y a un alto el fuego, pues continúan creyendo que sigue siendo posible una 'solución' militar al conflicto, dejando a un lado el sufrimiento del pueblo sudanés".
Para elaborar este informe, AI ha entrevistado a 25 civiles -19 residentes y seis trabajadores humanitarios- sobre la situación en El Fasher entre agosto y septiembre pasado. De las personas que residían en la ciudad, 15 salieron de ella entre julio y agosto de 2026 y otra seguía allí, las tres restantes habían huido con anterioridad.
De los 19 residentes con los que conversó la ONG, 17 han estado detenidos por las RSF y en su mayoría fueron arrestados arbitrariamente durante la captura de la ciudad. Otros lo fueron cuando regresaban para recuperar sus pertenencias de su casa o buscar a familiares en paradero desconocido. Todos ellas permanecieron cautivos durante meses. Varios señalaron que era más probable que fueran detenidos y sufrieran abusos miembros de grupos étnicos concretos, como el zaghawa y el masalit.
Hombres encarcelados y sometidos a torturas
La mayor parte de los varones fueron recluidos en centros de detención, donde fueron testigos de asesinatos, sufrieron torturas y otros malos tratos, y recibieron cantidades mínimas de comida o agua. Todos recuperaron la libertad únicamente cuando su familia pagó el rescate o fugándose.
Modathir, que al igual que el resto de entrevistas por AI emplea un nombre falso por motivos de seguridad, es un zaghawa de 29 años, que estuvo encarcelado en la prisión de Shala, donde sufrió palizas frecuentes y presenció asesinatos: "La tortura es permanente en cualquier detención (de las RSF). Ejecutaban a quienes trataban de mirarlos (...) Si duermes mucho, no les gusta y te ejecutarán. Preguntan: '¿Quieres descansar? Nosotros te daremos un descanso definitivo". En julio de 2026, Modathir escapó huyendo de casa en casa para ponerse a salvo.
En el caso de Mamoun, otro zaghawa de 33 años, logró ser excarcelado tras el pago de un rescate a las RSF por parte de su familia. A él también le pegaban con frecuencia: "Sacan a la gente (de la celda) al azar, te acusan de estar con las Fuerzas Conjuntas o el Ejército (...) Y te pegan hasta que te desmayas". Este hombre asegura que a veces le golpeaban hasta cuatro veces al día.
Aun así, no siempre el abono de un rescate significa quedar en libertad. El joven Musa de 23 años y su padre fueron detenidos en octubre de 2025 en el Hospital Infantil de El Fasher y tuvieron que esperar más de un mes para ser liberados tras pagar el rescate. En lugar de dejarles salir de la ciudad, las RSF los llevó a una casa protegida donde los retuvieron hasta mayo de 2026, cuando lograron huir. Durante ese tiempo, padre y hijo fueron obligados a trabajar para las RSF en tareas como la recogida de cadáveres y a veces les obligaban a decir ante una cámara que la ciudad era habitable, animando a la gente a regresar.
Mujeres y niños recluidos en colegios sin apenas comida
Las mujeres y los menores de edad, así como algunos hombres mayores o heridos, son retenidos en escuelas convertidas en prisiones, donde los testigos describen altas tasas de desnutrición. Amnistía ha contactado con nueve personas a las que las RSF recluyó en colegios y que o bien lograron escapar o han sido puestas en libertad.
Haram, una zaghawa de 45 años, y sus hijos de corta edad estuvieron detenidas en una escuela del barrio de Daraja Oula. Esta mujer comunicó a AI que las RSF les insultaba y pegaba a las personas de su etnia que elegían al azar. "Nos llamaban mujeres falangayaat (un insulto que indica esclavitud o servidumbre)".
Otro testimonio que recoge AI es el de Hadia, una gimir de 30 años a cuyo esposo dispararon las RSF durante la captura de El Fasher y que fue detenida en una escuela con sus hijos, junto con centenares de mujeres y niños. Las RSF les daban muy poca comida y agua. Hadia estaba demasiado desnutrida como para poder alimentar a su hijo menor de 18 meses con suficiente leche materna. Cuando finalmente huyó y llegó a Tawila en agosto de 2026, sus tres hijos fueron diagnosticados de desnutrición y uno fue hospitalizado. Hadia contó a Amnistía Internacional: "Mis hijos estaban muy delgados y débiles".
Aloya, una mujer zaghawa de 54 años, pasó varios meses arrestada en una escuela y, como temía que se descubriera su etnia nunca habló su idioma mientras estuvo allí. En ese lugar, "morían cuatro o cinco personas cada día (...) la mayoría por falta de comida", rememora.
AI ha analizado imágenes de satélite de centros de detención en escuelas entre octubre de 2025 y septiembre de 2026. Pese a que varios lugares habían mostrado signos de actividad humana en meses anteriores, en septiembre de 2026 había poca actividad diaria, lo que indicaba que estos centros de detención podrían haber cerrado. La prisión de Shala y el centro de detención de Mina al Bari, otro lugar donde se ha detenido residentes, mostraban aún signos significativos de actividad humana.
Vigilancia a trabajadores humanitarios
Por otro lado, vecinos de El Fasher han transmitido a AI que, aunque en septiembre de 2026 había un pequeño número de organizaciones humanitarias trabajando de nuevo en la ciudad, las RSF vigilaban de cerca sus movimientos e impedía a las personas residentes hablar libremente con ellas.
Una persona que regresó a la población en junio de 2026 indica que la ciudad de El Fasher que conocía "ya no existe, es una ciudad totalmente destruida". Y agrega: "Parecía que todo el mundo está vigilado muy de cerca, no dan al personal de ayuda humanitaria ningún espacio privado para hablar (...) Todo el mundo está aterrorizado".
Los trabajadores humanitarios han expresado su preocupación por la desnutrición, sobre todo en una temporada de malas cosechas. Según cálculos oficiales, es muy probable que Darfur del Norte, incluida El Fasher, sufra en los próximos meses una hambruna de nivel 5, el más alto de la Clasificación Integrada en Fases de la Seguridad Alimentaria.
Los trabajos forzados son habituales en Al Fasher, donde hombres y mujeres son obligados a llevar a cabo cometidos como recoger cadáveres y escombros de las calles, así como cocinar y limpiar para los militares recibir ninguna remuneración. A Misbah, un zaghawa de 32 años, lo detuvieron en octubre de 2024 para llevarlo a una casa del barrio de Daraja Oula, donde lo obligaron a cocinar y limpiar para oficiales de las RSF. Estaba atado y le daban muy poca comida. Ha contado que le pegaban todos los días. "Nunca pensé que iba a sobrevivir".
A la luz de este panorama, AI señala que las RSF deben liberar inmediatamente a todas las personas detenidas de forma arbitraria y poner fin a la tortura y los homicidios ilícitos en detención y en otros lugares. Asimismo, deben poner fin al uso de trabajos forzosos, prohibido por el derecho internacional. Además, pide de nuevo un alto el fuego inmediato y el despliegue urgente de una fuerza internacional para proteger a los civiles, así como que se deje de proporcionar armas y munición a todas las partes en el conflicto de Sudán y que el Consejo de Seguridad de la ONU amplíe el actual embargo de armas sobre Darfur al resto del país.