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Ucrania, dos años en guerra (III)

Dos años sin conocer el paradero de miles de ucranianos en manos rusas: "Mi nieto pregunta cada día por su padre"

  • Unos 26.000 ucranianos están inscritos como Personas Desaparecidas en Circunstancias Especiales, 11.000 de ellas civiles

  • Desde febrero de 2022 se han registrado más de 62.000 episodios de crímenes de guerra por parte de Rusia

  • Guerra Rusia - Ucrania, en directo

LAURA GÓMEZ DÍAZ (Enviada especial a Ucrania)
8 min.

Valentina se arrodilla al ver pasar un cortejo fúnebre por una de las calles principales de Boyarka, un pueblo a unos 26 kilómetros de Kiev. Se seca las lágrimas que caen de sus ojos al observar los coches con banderas ucranianas y la imagen de un soldado que ha muerto en el frente. Seguramente piense en su hijo, Nazaret, desaparecido desde el 12 de abril de 2022.

“Estaba en el frente, en Mariúpol”, cuenta con los ojos llorosos. “Es médico militar. Siempre estaba ocupado con su trabajo y no volvió a llamar”, asegura la mujer de 60 años que trabaja en una fábrica de ventiladores. “Un oficial que estaba en cautividad y que regresó está convencido de que mi hijo está preso. Porque dice que lo vio, que estaba cerca de quienes estaban gravemente heridos. Me dijo que no estaba dentro en el cerco de la planta de Azovstal. Estaba en la fábrica Ilyich y vio que un comandante ruso le dijo que enviarían a los heridos y al médico al hospital”, detalla la mujer.

Mariúpol llegó a simbolizar la feroz brutalidad del asalto de Rusia y la perseverancia de la resistencia ucraniana. Cuando Moscú inició la invasión de su país vecino, uno de sus objetivos era esta ciudad, el mayor centro siderúrgico en la zona del Donbás y que seguía bajo control ucraniano incluso después del conflicto que comenzó en el este del país. Mariúpol tenía una importancia económica y comercial vertebrada sobre dos ejes decisivos: el puerto y la mayor fábrica de acero de la región, la planta de Azovstal. El 20 de mayo de 2022 los rusos se hicieron con el control de ese centro industrial.

Valeria reza mientras pasa un cortejo fúnebre en Boyarka, a unos 26 kilómetros de Kiev

“Estuvo muchas veces herido. Tuvo problemas con los ligamentos de las rodillas. No hubiera podido lograr llegar a Azovstal. Se quedó con los soldados heridos”, comenta la madre de Nazaret, que muestra en su teléfono una foto de su hijo tomada en 2019 y otra del 20 de marzo de 2022, tan solo unos días antes de desaparecer. “Había adelgazado muchísimo porque comían solo una cucharada al día”, solloza.

“Le pedía por favor que no se fuera a la guerra, pero decía que no podía dejar de ir. ‘No puedo quedarme aquí, tengo que ayudar en la defensa de Ucrania’, decía”, recuerda Valentina, mientras explica que, cuando empezó la guerra, su hijo le llamó y le pidió que borrara sus fotos del teléfono y que quemara su uniforme por si entraban los soldados rusos en su casa.

Alrededor de 15.000 militares ucranianos están desaparecidos desde el 24 de febrero de 2022. Para sus familias, el dolor de la guerra y el desconocimiento del paradero de los soldados se ve profundizado por un complejo procedimiento burocrático que a menudo es lento e insensible. Valentina espera que su hijo esté preso, como otros hombres que lucharon con él. 

“Confío en que esté en la región de Mordovia, en una prisión especial que se llama Polana. A todos los de la Marina les llevan ahí”, asegura. “Ayer me llegó una carta de su unidad militar comunicándome que se le considera desaparecido, pero es probable que esté en cautividad. Sé que estaba en esa situación desde 2022, pero tengo esperanzas”, añade mientras llora. “En 2018 mi hijo mayor murió en una tragedia y a este segundo hijo llevo buscándolo dos años. Mi nieto, de nueve años, me llama todos los días preguntando '¿dónde está papá?'”, se lamenta.

Guerra en Ucrania: Mariúpol y Azovstal, símbolo de la resistencia

“Es como si me hubieran arrancado el corazón”

El hijo de Olga era DJ, escribía música y también monitor de fitness. Al inicio de la invasión vivían en el distrito de Kupiansk, que fue ocupado durante varias semanas por las fuerzas de Moscú.

“El 28 de abril mi hijo fue detenido cerca de su casa y se lo llevaron, no se sabe a dónde”, cuenta Olga desde Járkov. “Sabíamos que ya habían tenido lugar detenciones en Kupiansk. Sé que fue detenido porque lo vieron los vecinos. Dicen que llegaron unos hombres en un coche con una Z. Eso quiere decir que era del FSB, del Servicio Federal de Seguridad ruso”, afirma.

Olga fue en varias ocasiones a la comisaría de la Policía a preguntar por su hijo, pero le contestaban que ya lo habían dejado en libertad. “Me decían siempre cosas contradictorias. Yo sabía que lo habían detenido, pero ellos me decían que no”, recalca. “A mi hijo le llamaban insolente, porque tenía carácter, muchos tatuajes y una actitud muy proucraniana. En nuestro pueblo a mi hijo no le querían, algunos le amenazaban, y cuando llegaron los ocupantes, ya le decían que le castigarían”, recuerda.

“Una persona me contó que el 1 de marzo, cuando hubo manifestaciones proucranianas, mi hijo también estaba allí. Le vieron y le denunciaron por su actitud proucraniana”, cuenta Olga con enfado. “A este tipo de personas las llevaban a Bélgorod para su ‘reeducación’ y decían que los dejarían libres cuando cambiaran de actitud”, explica.

La lucha de las familias de los desaparecidos en la guerra de Ucrania

Después de preguntar en varias ocasiones por el paradero de su hijo, finalmente, el jefe de la Policía le confirmó que lo había detenido el FSB. “Entonces me dirigí al FSB. Al principio también me decían que no habían detenido a nadie, pero se sabe que en Kupiansk hubo muchas detenciones, que en los sótanos había cámaras de tortura”, comenta.

Según la legislación rusa, una persona solo puede permanecer detenida sin orden judicial durante 48 horas. El presidente ruso, Vladímir Putin, amplió el periodo a 30 días en las zonas ocupadas de Ucrania en los casos de delitos graves o por violar prohibiciones o restricciones en tiempos de guerra. Pero en muchas ocasiones en las detenciones no se registra el lugar, la hora o los motivos, ni se abren casos penales. 

Desde el Ministerio de Defensa ruso aseguran que los ucranianos capturados están retenidos conforme a los requisitos de las Convenciones de Ginebra, que prohíben la toma de rehenes, pero no hablan sobre la toma de prisioneros civiles, únicamente de personal militar.

“Muchos civiles fueron capturados, pero es imposible encontrarlos. Enviamos peticiones a Rusia, pero recibimos excusas como respuesta. Es imposible conocer su ubicación”, asegura Olga, quien subraya que “nunca pensé que iba a vivir esta situación”. “Es como si me hubieran arrancado el corazón. Siento un dolor tremendo. Mi hijo era un civil que no participaba en la guerra”, asegura entre sollozos.

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Como el hijo de Olga, cuyo nombre prefiere no dar a conocer, otros 11.000 civiles ucranianos continúan desaparecidos, aunque desde el Ministerio del Interior de Ucrania se ha advertido de que la cifra podría ser mayor.

“Las desapariciones forzadas se relacionan principalmente con los territorios temporalmente ocupados de Ucrania, por lo que el número real puede diferir”, comenta a RTVE.es el exfiscal general adjunto de Ucrania, Gyunduz Mamedov. “En 2023, la misión de seguimiento de la ONU informó de al menos 621 casos de desapariciones forzadas y detenciones documentadas de ciudadanos ucranianos. Lamentablemente, la cifra real es mucho mayor”, añade.

Por su parte, la directora del Centro para las Libertades -ONG que recibió el Premio Nobel de la Paz-, Oleksandra Matviichuk, comenta que las detenciones ilegales son “una práctica generalizada”. “Tenemos miles y miles de civiles ucranianos que han sido detenidos ilegalmente por Rusia. Deberían ser puestos en libertad lo antes posible, pero Rusia ignora el Derecho Internacional”, denuncia en declaraciones a RTVE.es. 

“Estamos trabajando con los familiares de estas personas que no tienen ni idea de qué tienen que hacer para que Rusia ponga en libertad a sus seres queridos”, añade.

Más de 62.000 episodios de crímenes de guerra desde febrero de 2022

Desde la ocupación de Crimea en 2014, las organizaciones defensoras de derechos humanos han documentado numerosas atrocidades, entre ellas desapariciones forzosas, torturas, ejecuciones extrajudiciales o abusos de prisioneros de guerra. Con la invasión a gran escala por parte de Rusia, estos ataques a los derechos humanos se han extendido por el resto del país.

“Las tropas rusas han bombardeado intencionadamente edificios residenciales, colegios, iglesias, museos, hospitales… Han atacado corredores migratorios, torturado a gente, deportado a niños ucranianos a Rusia, prohibido la lengua y cultura ucraniana en los territorios ocupados…”, comenta Matviichuk. “Durante estos dos años de guerra a gran escala, hemos documentado más de 62.000 episodios de crímenes de guerra. Es una cifra enorme, pero es solo la punta del iceberg”, recalca.

Hasta el momento, en Ucrania se han registrado más de 125.000 procedimientos desde el 24 de febrero de 2022. Además, se abrieron alrededor de 30.000 procedimientos más antes de la invasión rusa a gran escala.

“Es muy importante pensar ahora en un mecanismo de justicia eficaz, que sea capaz de manejar eficazmente un número tan grande de casos”, subraya el fiscal Mamedov.

En la misma línea, Matviichuk subraya que, aunque “probablemente esta sea la guerra más documentada de la historia, el problema es que cuando hay una cantidad tan enorme de crímenes, es imposible seguirle la pista a cada caso individual”. “Tenemos que hacer justicia para cada víctima de la guerra, independientemente de quiénes sean. La vida de cada persona es importante”, añade.

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