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Guerra en Ucrania

El limbo de los bebés nacidos de madres de alquiler durante la guerra en Ucrania: "Pueden ser objeto de explotación"

SOFÍA SOLER
8 min.

Veinte bebés esperan en un búnker en Kiev. Han nacido por gestación subrogada -o gestación por sustitución, como la llama la ley española, donde no es legal-, pero nadie ha podido ir a recogerlos, en plena guerra en Ucrania.

Cunas y carritos entre colchones en el suelo. Mantas y peluches coloridos iluminados por la luz plomiza de un sótano. Las imágenes, llenas de oxímoron, han dado la vuelta al mundo en cuanto fueron publicadas por la agencia Reuters. Es la escenificación del limbo en el que pueden encontrarse más niños y niñas como ellos, dados a luz por una mujer que ha alquilado su vientre a una pareja extranjera.

Actualmente, se desconoce cuántos recién nacidos más podrían estar en esta situación, en un país que cada año cierran unos 2.000 contratos de gestación por sustitución, de acuerdo con algunas estimaciones del sector. Abogadas y organizaciones internacionales alertan de su actual vulnerabilidad ante la explotación y la trata. 

“Si estos niños no tienen una identidad legal, si no tienen un certificado de nacimiento y nada que diga oficialmente quienes son, corren un mayor riesgo de ser objeto de venta, y no a padres intencionales, sino a traficantes. Pueden ser objeto de explotación”, advierte a RTVE.es Mia Dambach, directora ejecutiva de la organización internacional Child Identity Protection, que vela por los derechos de los menores a una identidad.

En un limbo sin protección

Uno de los principales escudos de protección creados por la humanidad nada más nacemos es, curiosamente, la burocracia. Pero el funcionamiento de las instituciones ucranianas no está garantizado durante una invasión. “Puede haber dificultades”, reconoce Ana Miramontes, abogada de familia y asesora jurídica de la asociación de familias por gestación subrogada, Son Nuestros Hijos.

De momento, la responsabilidad del bienestar de estos bebés recae en Ucrania, según confirma UNICEF España. “Si es un Estado firmante de la Convención de los Derechos del Niño de 1989, que lo es, todos los niños de su territorio, independientemente de su origen y nacionalidad, tienen que ser protegidos de la misma manera”, explica Almudena Olaguibel, especialista en políticas de infancia de la agencia de ONU, que coincide en el riesgo de que los recién nacidos queden apátridas.

De hecho, dicha resolución de la ONU establece en su artículo 7 que todas las personas deben ser inscritas “inmediatamente después de su nacimiento” y tienen derecho “a un nombre, a adquirir una nacionalidad y, en la medida de lo posible, a conocer a sus padres y a ser cuidado por ellos”. Pero existen dudas razonables de que eso esté sucediendo en medio de la guerra.

El sistema de vientres de alquiler en Ucrania, antes y después de la guerra 

Miramontes confía en que las “medidas excepcionales y urgentes” puestas en marcha por el Gobierno de Volodímir Zelenski sirvan para registrar todos los nacimientos tan pronto como sea posible, pero los problemas no terminan ahí. Otras fuentes consultadas achacan las dificultades al sistema de gestación por sustitución en Ucrania, ya antes de la guerra.

“Las parejas españolas que recurren a este sistema deben lograr el pasaporte ucraniano para los menores y, (luego) en España, inscribirlos como españoles”, explica a RTVE.es Susanna Antequera, abogada de familia y penal del despacho Antequera de Jáuregui Abogados, que recuerda los obstáculos para la inscripción en nuestro país en los últimos años.

Según la letrada, “la ley ucraniana estipula que los padres biológicos deben confirmar la nacionalidad en persona, lo que genera grandes problemas para establecer la tutela legal de los bebés en las horribles circunstancias actuales”, porque no pueden entrar al país.

A su despacho le consta que parejas de mujeres y hombres españoles (puesto que Ucrania no facilita la gestación subrogada a homosexuales) han solicitado acceder a través de pasos fronterizos abiertos y piden la protección del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Por este motivo, Dambach, de Child Identity Protection, considera que Ucrania solo “debería trabajar con otros países que permitan la gestación subrogada”, algo que no ocurre en España. De este modo, se "evitaría incertidumbres para el niño". 

“En el momento del nacimiento, no sabemos quiénes son los padres legales, si el bebé va a poder obtener un certificado de nacimiento o si va a obtener la nacionalidad, ¿por qué crear una situación en la que hay tantos riesgos para los niños?”, cuestiona, e incide en que “actualmente, este proceso es contrario a la legislación nacional española”.

Los procesos pueden cumplirse con garantías, según abogados presentes

En todo caso, además, es importante que estos bebés solo salgan del país con su documentación de identidad y nacionalidad en regla, y junto a sus tutores legales. Miramontes cuenta que ya ha asistido, en remoto, a “un par” de estas inscripciones de padres por gestación subrogada en Ucrania después del estallido de la guerra y asegura que el registro de los bebés se ha realizado con todas las garantías.

“Absolutamente. Al menos, donde yo he intervenido”, responde al ser preguntada por la diligencia del procedimiento en plena guerra. “El registrador, ante cualquier duda, ha pedido documentación adicional para tenerlo claro. Ha hecho su trabajo como tiene que hacerse. Es extremadamente importante que en esto no haya fisuras”, continúa, sugiriendo esos riesgos de trata y abusos de menores que surgen “al albur de las guerras”.

Vista esta incertidumbre, para las organizaciones internacionales en defensa de la infancia, se ha fiado mucho a un sistema ucraniano de gestación por sustitución todavía inmaduro.

“Se venía advirtiendo que había que tener en marcha un plan B en caso de que esto pudiera suceder”, dice Almudena Olaguibel, de Unicef España. “Los Principios de Verona de 2021 hablan de la necesidad de que los Estados que permiten la gestación subrogada aseguren que la protección es capaz de responder a situaciones imprevistas, como una emergencia o cambios sociales, políticos o legales”.

Mujeres embarazadas en guerra

La certeza de que más mujeres están ahora mismo embarazadas de bebés engendrados por parejas extranjeras arroja más preguntas. “Se han perdido las localizaciones de muchas gestantes ucranianas por lo que el resultado no es muy esperanzador”, reflexiona la abogada Susanna Antequera, que asegura que las empresas nacionales e internacionales están explorando las medidas necesarias para “recuperar a estos bebés”.

Una agencia ucraniana y otra compañía intermediaria española consultadas por RTVE.es aseguran que se ha ofrecido traslado a las mujeres embarazadas a lugares más seguros en Leópolis, al oeste de Ucrania, donde la ofensiva rusa está siendo menos brutal. Nos cuentan que han podido ir acompañadas de sus familias o quedarse donde ellas desearan.

¿Y si huyen de Ucrania?

Pero, ¿qué ocurre si una de las mujeres que alquilan su vientre para gestar la criatura de otra pareja da a luz fuera de Ucrania, donde la gestación subrogada no es legal? Todas las profesionales consultadas confirman que lo más probable es que el bebé se inscriba como hijo de la madre subrogada.

“No sería la primera vez que un niño de gestación subrogada nace en un sitio donde el contrato no le es aplicado”, sostiene Miramontes, abogada de Son Nuestros Hijos, y explica que hay vías para “darle la vuelta a esa situación”, aunque la dificultad dependerá de la situación legal de esta práctica en cada país. “En otros, incluso, está más sancionada que aquí”.

De hecho, si una familia ofrece cobijo en España a la mujer ucraniana gestante, puede encontrarse con más “dificultades en los trámites posteriores”, reconoce la letrada de la asociación de padres, que cree que aquí se impone una realidad más grave. “Está absolutamente justificado que una persona intente salvar su vida (...) Nadie está capacitado moralmente para decir no, no, (huyas) porque el contrato dice otra cosa”.

La custodia

El riesgo entonces está en los “vacíos legales” en el camino, según destaca la abogada Antequera. Por ello, la directora de Child Identity Protection recuerda que es “muy, muy importante que el niño no sea discriminado por las circunstancias de su nacimiento” en ningún caso. “Necesita una nacionalidad y debe ser registrado”, insiste Dambach.

Además, hay que tener en cuenta que la mujer que da a luz a ese bebé nunca tuvo la intención de quedárselo —la ley ucraniana obliga a renunciar a la filiación— y, por lo tanto, Dambach considera que sería un error forzarle a ser responsable del niño, a ella o a cualquiera. “Hay que hacer lo que se llama una evaluación del interés superior para ver quién representaría el mejor cuidado”, sostiene, “y no solo teniendo en cuenta la seguridad inmediata del niño”.

De hecho, nos recuerda, la justicia italiana ya rechazó otorgar la custodia a los llamados “padres de intención” en una ocasión. El pequeño, nacido por gestación por sustitución en Rusia, pasó a vivir con una familia de acogida.

El derecho a la identidad

Más allá de la seguridad más inmediata del niño —su supervivencia—, está el respeto a su derecho a la identidad, que también reconoce el artículo 8 de la Convención de los Derechos del Niño.

Y, de nuevo, todo ello pasa por un absoluto cuidado en ‘el papeleo’. Los documentos deberían incluir a todas las personas involucradas y preservarse a lo largo de su viaje hasta llegar al país que, finalmente, sea su hogar. “Expediente médico del caso, detalles de la madre gestante, quién es el proveedor de material reproductivo, el contrato por el que se ha hecho…”, enumera Almudena Olaguibel, de UNICEF.

“Toda esta información es parte de los orígenes del niño, es parte de su identidad”, reivindica Dambach, quien cree que los “estándares internacionales” no siempre se aplican con claridad en la gestación subrogada en Ucrania. Por ejemplo, el nombre de la gestante ucraniana nunca aparecerá en el Libro de Familia.

“¿Qué pasará cuando el niño cumpla 18 años? Preguntará: ¿cómo nací?, ¿cuánto pagasteis? (...) Lo podemos ver en algunos casos de adopción internacional, esas personas están pidiendo conocer su origen. Y estamos cometiendo los mismos errores”, previene.

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