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El mariscal Hafter asume el control político de Libia en pleno alto el fuego

  • Hafter aceptó en enero de este año una tregua promovida por Turquía y Rusia

  • En el último año han muerto en Libia en torno a 2.000 personas

RTVE.es / EFE
3 min.

El Consejo militar presidido por el mariscal Jalifa Hafter, jefe del ejecutivo de Torbuk no reconocido por la ONU, ha anunciado que se dispone a tomar el control político de Libia, desligándose así del acuerdo de 2015 que impuso la formación del actual Gobierno de Acuerdo Nacional en Trípoli.

Hafter no ha detallado en el comunicado ofrecido por televisión qué tipo de gobierno liderará, sino que se ha limitado a asegurar que la medida responde a lo que en su opinión es "la voluntad del pueblo".

“Queremos anunciar que el comando general ha escuchado el deseo del pueblo, y que pese a la enorme responsabilidad, el tamaño y las muchas obligaciones que supone, aceptaremos el deseo popular", ha declarado.

En enero, Hafter aceptó un alto el fuego que habían propuesto Turquía y Rusia para poner fin a diez duros meses de conflicto armado, desde que en abril de 2019 Hafter -que cuenta con el apoyo de Jordania, Arabia Saudi, Egipto, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Rusia- pusiera cerco al gobierno en la capital, al que respaldan militarmente Italia, Catar y Turquía. La Unión Europea acordó en febrero bloquear la entrada de armas al país para mantener el alto el fuego.

Desde entonces han muerto cerca de dos mil personas -alrededor de 350 de ellos civiles-, en torno a 20.000 han resultado heridos y más de 200.000 se han visto obligadas a abandonar sus hogares y convertirse en desplazados internos.

De la oposición desde el exilio al conflicto multinacional

Hafter fue miembro de la cúpula militar golpista que derrocó al rey Idris a finales de los años setenta. En los ochenta fue reclutado por la CIA y trasladado a Estados Unidos cuando era alto mando del ejército de Muamar al Gadafi. Desde allí, en el exilio, se convirtió en uno de los principales opositores al dictador.

En 2011 volvió a Libia, apenas mes y medio después del estallido de la revuelta popular que acabó con la vida del dictador y puso fin a su régimen en septiembre del mismo año.

En 2014 fue nombrado jefe del Ejército regular Libio (LNA) por el Parlamento elegido ese mismo año en las urnas, que debió huir a la ciudad oriental de Tobruk después de que el gobierno en Trípoli no reconociera la la derrota electoral. Confinado allí, el nuevo parlamento fue declarado inconstitucional por el Tribunal Supremo de Trípoli.

La ONU lanzó entonces un fallido proceso de paz que concluyó en diciembre de 2015 en Skhirat con un acuerdo para la formación de un gobierno en Trípoli firmado únicamente por grupos minoritarios de ambas partes, y que tanto el antiguo Ejecutivo de corte islamista como el Parlamento tutelado por Hafter, que incluye elementos salafistas, nunca aceptaron.

Desde entonces, la guerra civil y el caos dominan Libia, un conflicto que ha devenido en el último año en un conflicto multinacional sin ejércitos librado por decenas de milicias locales y de grupos de mercenarios privados vinculados tanto al Gobierno sostenido por la ONU en Trípoli (GNA) como a las fuerzas bajo el mando del mariscal.

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