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Ciclismo | Bahamontes

Bahamontes, el 'Lechuga' que se convirtió en 'Águila'

Bahamontes, en el Campeonato de España de Montaña de 1959.
RUBÉN HERAS
Tiempo de lectura 3 min.

'El Águila de Toledo', 'El Lechuga' o, para los amigos, simplemente Fede. Federico Martín Bahamontes será, para siempre, el padre del ciclismo español. El castellanomanchego ha fallecido este martes a los 95 años de edad.

La persona que puso el cliclismo en el mapa de una España rural de postguerra que vivía muy alejada del deporte profesional de alto nivel. Y lo colocó en la cima más alta.

Su mayor logro, el histórico Tour de Francia de 1959. El primer Tour para un español cuando aquí al Tour todavía se le llamaba Vuelta a Francia. Cuando el Tour era una tierra inhóspita en la que competían selecciones nacionales y en la que Bahamontes consiguió derrotar al ídolo local, Jacques Anquetil. Aquella gesta acompañaría a Bahamontes durante toda su carrera.

Una carrera muy diferente a la que vive actualmente un ciclista profesional. Lejos de los grandes contratos actuales de los mejores corredores del momento, a Bahamontes le solucionó la vida esa victoria que le abrió las puertas a un sinfín de criteriums, allí donde los ciclistas conseguían el botín más preciado para un profesional. Con el éxito de aquel 1959, Bahamontes abrió su recordada tienda de bicicletas en Toledo.

Ganador de un Tour de Francia, sin embargo, a Bahamontes se le recodará más por sus increíbles habilidades escaladoras. Sus gestas, logradas en una época sin móviles, redes sociales, ni tan siquiera televisión de la manera como la conocemos hoy en día, llegaban a sus seguidores a través de prensa escrita, la radio y el NODO. El noticiero español guarda auténticas joyas del ciclista toledano escalando por las cimas más prestigiosas del mundo ciclista.

El mejor escalador de la historia del Tour

En sus 12 temporadas como profesional, entre 1954 y 1965, Bahamontes consiguió 74 victorias, en las que brillan con luz propia los seis entorchados de mejor escalador del Tour, la clasificación por la que el ciclista toledano se dejaba la vida en cada visita al país vecino. El Tour, en su centenario, lo reconoció como el mejor escalador de su historia, pese a los siete maillots de lunares rojos del local Richard Virenque, segundo en la votación. "Si Virenque es escalador, yo soy Napoleón", dijo Bahamontes, sin pelos en la lengua.

Bahamontes también fue el mejor escalador en el Giro (una vez) y en la Vuelta (dos), y se subió al podio del Tour en tres ocasiones. Además de subirse al primer cajón en 1959, fue segundo en 1963 y tercero en 1964. También fue segundo en la Vuelta a España en 1957 y campeón nacional en ruta en 1958.

Éxitos que jalonaron la carrera de un ciclista nacido de la nada, de aquellas rutas de extraperlo por la provincia de Toledo, y convertido en un deportista ambicioso y consciente de su superioridad cuando el asfalto picaba para arriba. La anécdota del helado en la cima del Romeyére le convirtió a ojos de los franceses en un ciclista prepotente, aunque con los años se impuso su popularidad sencilla.

Una vez colgada la bicicleta, Bahamontes siguió ligado al mundo del ciclismo a través de su tienda de bicicletas y de la organización de la Vuelta a Toledo, que dirigió durante 50 años. El legado que ha dejado quedará para siempre entre los amantes del ciclismo, ese deporte que sin él no sería el mismo en nuestro país.