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La adicción al porno acabó con su matrimonio: "Era un auténtico yonki"

RTVE.es
5 min.

"Llego a casa, me pongo a jugar, veré pornografía", pensaba Daniel mientras volvía de trabajar. Es lo que llevaba haciendo toda la vida. Se encontró su primera revista en un parque infantil, a los 13 años ya se masturbaba varias veces al día, con 20 llevaba el porno en el bolsillo, en su móvil. Era un adicto. Sin embargo, aquel no fue un día más. Cuando llegó a casa vio que su mujer había hecho las maletas. "¿Tú crees que puedes cambiar?", le preguntó Susana. "No", respondió Daniel. Y Susana se fue.

No es una película, no es ficción. Le ocurrió a una de las personas que participan en PornoXplotación, la nueva serie documental de Mabel Lozano. El consumo de pornografía, que empezó muy pronto, le llevó a tener unas expectativas irreales de lo que tenía que ser el sexo hasta el punto de acabar poniendo excusas para no tener relaciones con su mujer.

Fantasías con "cosas que no van a ser reales"

Su primer contacto fue por casualidad, mientras estaba con sus amigos en un parque de niños: "Había una revista arrugada por la lluvia, algo que nos impactó a todos, pero al mismo tiempo nos causó una curiosidad. La consumíamos en privado cada uno, pero nos la rotábamos". Mucho más tarde se convirtió en el "héroe de la escuela" al atreverse a comprar la primera revista, con imágenes insinuantes, aunque no explícitas. Tenía dos volúmenes: uno lo compartía, el otro se lo quedó para él. "La usaba muchas veces al día", reconoce, aunque nunca llegó a percibirlo "como algo que pudiera ser un problema".

Ahora, sin embargo, sí ve cómo aquella revista empezó a modelar sus pensamientos. "Con esta revista se va construyendo una manera de ver a la mujer y de idealizar cómo debe ser la mujer con la que te des tu primer beso, tengas tu primera relación. Solo puede ser una mujer de un tipo, como una mujer de revista. Eso te rompe tus fantasías naturales porque empiezas a fantasear con cosas que no van a ser reales", explica.

Daniel reconoce ahora que se enganchó a la pornografía porque se inició muy pronto en la masturbación, antes de la pubertad. La pornografía, al mismo tiempo, acentúa la necesidad de masturbarse más veces. La masturbación era un tema de conversación normal en clase. "Incluso en Gimnasia, cuando llega el momento de acabar la clase, nos íbamos todos al baño, nos duchábamos y nos masturbábamos todos", recuerda en PornoXplotación. Aquello generó compañerismo, pero muchos acabaron con una adicción.

La primera noche con su mujer: "No funcionaba"

En Madrid conoció a Susana, quien se convertiría en su mujer. "Cuando llega la primera noche, y todas las que vinieron después, tuvimos muchos problemas en el área sexual y fue, en parte, por todo lo que yo había vivido en mi sexualidad", confiesa Daniel. No tenían experiencia, no sabían siquiera por dónde empezar. Intentaron poner en práctica lo que habían visto en el porno, lo que les habían contado, "pero aquello no funcionaba".

"Ninguna mujer con la que tienes una relación sexual puede competir con tantas imágenes, tantas mujeres y tanta diversidad. Ha vuelto a tu cerebro completamente loco. Lo has llenado de tantas imágenes que cuando ves lo que hay en la realidad no te excita, no te gusta, no te parece que es lo que tendría que ser", asegura. Daniel ponía excusas para evitar el sexo con su mujer. "O no te gusta el sexo", explica, "o supone que tengas que esperar a que se excite, que tengas que esperar a que esté preparada y entonces supone tantas cosas que llega a frustrar a uno".

Estaba "llevando una doble vida"

Daniel seguía consumiendo porno, pero no era suficiente. Llegó un punto en el que no le bastaba, sentía que tenía que practicarlo. Entonces Susana encontró sus búsquedas de prostitución. "Se dio cuenta de que 'esto es algo más que algo digital o ficticio. Esto va a pasar a ser algo real'. De hecho, tuvo sus dudas de si realmente había ocurrido", revela ahora Daniel. Él se detuvo, pero les pasó factura: "Al final la relación se fue rompiendo, resquebrajando, y poco a poco ella sintió que estaba sola y entonces ahí fue donde ella decidió poner el parón".

Un día Daniel llegó a casa y se encontró con que su mujer había hecho las maletas. "Lo más impactante fue la gran pregunta que hizo mi mujer: '¿Tú crees que puedes cambiar?'. Y mi respuesta era que no. Lo había intentado tantas veces, de tantas maneras distintas, con tantas personas a las que había pedido ayuda y en ninguna de las ocasiones había podido dejarlo, que no pensé que fuera a salir de esa. Mi respuesta real fue no. Entonces ella se marchó", cuenta.

"El punto más oscuro de mi vida es el saber que estás llevando una doble vida. Le estás siendo infiel en tus emociones, en tu mente, en tu mirada. No estás siendo honesto con ella", asegura. Se dio cuenta de que era "un auténtico yonki, un adicto a la pornografía y que ya no sabía vivir sin ella". Según Daniel, "vivía solo para consumir pornografía, para darme placer de alguna manera". Intentó buscar ayuda, pero era "un desafío". No había ni psicólogos ni ninguna persona que hablase contra la pornografía, que diese la voz de alarma sobre el daño que estaba haciendo y cómo estaba influyendo en la gente.

Daniel cree que ya lo ha superado, pero no olvida todo lo que ha pasado. Es consciente de que no puede bajar la guardia: "Pienso que he salido, pero también pienso que siempre hay que estar alerta. Siempre tienes que tener tu posibilidad de poder escapar, de salir de ese momento cuando tienes esa tentación o esas ganas de volver a caer y tienes que saber cómo decidir que no". "Cuando estaba metido en pornografía tartamudeaba, no era capaz de memorizar nada, de mantener una conversación más de diez minutos porque me iba por las ramas", recuerda. Ahora, sin embargo, puede tener un trabajo complicado, que le exige gran concentración: "Mi cerebro hoy vuelve a funcionar"

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