El reportero Diego Carrión ha charlado con los vecinos españoles del barrio, que hablan de la transformación de esta barriada levantada en los años 70 para alojar a 200 familias obreras. Son vecinos que aseguran que la raza tiene poco que ver con el problema, pero que sí hablan del paro y el abandono que sufre esta zona de Almería en la que no hay mercado ni ambulatorio.
Otra reportera del programa, Mónica Hernández, vive el día a día con un grupo de senegaleses amigos del fallecido. Con ella, los telespectadores entrarán en sus viviendas, donde viven hasta seis personas que pagan 500 euros al mes de alquiler. Son extranjeros, en su mayoría supervivientes de un viaje en cayuco, que han dejado a sus hijos y esposas en su país y llegan a trabajar en los invernaderos. Los que encuentran empleo cobran cinco euros por hora de trabajo.
"72 horas en un polvorín" muestra también cómo el rumor de que el presunto homicida fuera de etnia gitana ha llevado a esconderse en casas de conocidos, por miedo a las represalias, a las familias de esta etnia. La reportera Alicia Manzanares ha entrado en sus viviendas, cerradas a cal y canto, donde las mujeres se encargan del cuidado de los niños mientras los pocos hombres que trabajan están empleados en la construcción o en los invernaderos.