Las autoridades de la Unión Soviética, fieles al secretismo del régimen, no informaron oficialmente del siniestro hasta dos días después. Estaciones de control de Suecia, Noruega y Finlandia ya habían alertado de un brusco aumento en los niveles de radiactividad en la atmósfera. La explosión del reactor fue consecuencia de un súbito incremento de potencia que sobrecalentó su núcleo, lo que ocurrió en el transcurso de una simulación de corte de electricidad.
Las cifras de muertos y heridos por el accidente siguen siendo motivo de polémica. Un informe realizado en 2005 con la participación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Naciones Unidas y los gobiernos de Rusia, Bielorrusia y Ucrania apunta que al cabo de unos días del accidente el número de muertos como consecuencia de la radiación recibida fue inferior a 50. Sin embargo, esa cifra asciende a 9.000 si se tienen en cuenta las víctimas a medio y largo plazo. Greenpeace, por su parte, la eleva hasta los 93.000. Por otro lado están los casos de nacimientos de niños con malformaciones, así como los de personas cuya salud se ha resentido en mayor o menor medida.
La central de Chernóbil siguió operativa hasta su cierre en 2000, en buena medida por la presión internacional ejercida sobre Ucrania. La tragedia de 1986 levantó muchas dudas sobre el empleo de la energía nuclear, hasta el punto de que algunos países optaron por renunciar a ella. En los últimos tiempos ha vuelto a abrirse un intenso debate al respecto.