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LA NOCHE TEMÁTICA

La cara oscura de internet: el fraude publicitario es la segunda fuente de ingresos de la delincuencia mundial

Patricia Alcubilla
4 min.

En apenas 100 días, un grupo de desarrolladores de software levanta un negocio con capacidad para generar unos ingresos de hasta 117.000 dólares al año. Es un delito, uno de los que más está creciendo en los últimos años y en el que están implicadas redes criminales, pero también las grandes tecnológicas mundiales. La noche temática emite No hagas click, un documental que aborda cómo funcionan las operaciones de fraude publicitario digital, un negocio muy boyante que afecta tanto a usuarios como a pequeños anunciantes. “De cada tres dólares gastados en publicidad en línea, uno va para los defraudadores”.

La publicidad es la base del universo digital actual. “Es una de las principales fuentes de ingresos de algunas de las mayores compañías del mundo y ha dado forma a detalles muy pequeños de nuestra experiencia en internet”, explica Tim Hwang , escritor y exempleado de Google. Internet no ha cambiado el modelo publicitario tradicional, pero sí la forma en que se gestiona. Es lo que se conoce como publicidad programática, un modelo que facilita la distribución de anuncios y que permite a los anunciantes llegar a un perfil de público, en teoría, afín a sus intereses.

Cientos de páginas web se crean expresamente para ejecutar los fraudes publicitarios digitales

Para los delincuentes, intervenir y aprovecharse de este ecosistema es muy sencillo. Basta con crear un puñado de sitios web y llenarlos de contenido, para poder aparentar ser un sitio legítimo de cara a los motores tradicionales como Google, y así poder generar tráfico. Ahí reside el primer fraude, ya que ese contenido no tiene que ser ni original ni estar contrastado, por lo que se recurre a copiar de otros portales o, directamente, inventar la información.

El siguiente paso es generar tráfico hacia esas páginas web a través de bots y contactar con las redes publicitarias, que conectan anunciantes y sitios web. Así de sencilla es la fórmula para extraer dinero del ecosistema publicitario digital, un fraude que genera millones de dólares a la delincuencia, y que tiene también miles de damnificados.

Miles de damnificados

Empezando por los anunciantes, a los que se les roba parte del dinero que invierten en internet, redirigiendo el tráfico de sus anuncios a otros portales. También tiene en ocasiones para ellos un alto coste reputacional, puesto que las redes publicitarias no siempre tienen en cuenta el perfil de contenidos de los portales en los que se insertan los anuncios. Son procesos automáticos que van en función de números.

Los usuarios son también víctimas de estas redes. En Google Play Store, el principal espacio de descarga de aplicaciones del mundo, existen múltiples aplicaciones que descargan malware a tu teléfono. Eso permite a los delincuentes utilizar ese terminal para generar tráfico hacia algunos portales y hacer clic en determinados anuncios. Un fraude del que, además, suelen ser víctimas las personas más pobres y vulnerables, que pueden estar pagando sin saberlo por el uso malicioso de sus datos. “Siempre se ha dicho que es un negocio sin víctimas, pero no es así. La subsistencia financiera de muchas personas depende de esto. La falta de seguridad puede hacer ganar dinero a Google, que está robando dinero a muchas personas”, explican expertos.

“"Siempre se ha dicho que es un negocio sin víctimas, pero no es así. La subsistencia financiera de muchas personas depende de esto"“

El tercer gran damnificado son los medios de comunicación y la democracia, con la proliferación de espacios, aparentemente fiables, pero alejados de los dictados de la ética periodística. “Los medios se han vueltos muy competitivos y quieren cobrar cada vez más por publicidad”, lo que deriva el contenido hacia noticias atractivas, premiadas por buscadores como Google. Comienza así el círculo vicioso que limita las visitas de medios tradicionales y contrastados empujando las de sitios de noticias falsos, lo que termina por asfixiar económicamente a los primeros.