Trump lanzó una ofensiva sin precedentes contra los campus universitarios estadounidenses, acusándolos de ser bastiones de una élite «woke» y enemigos del pueblo. Pero su objetivo principal es la prestigiosa Universidad de Harvard. En tan solo unos meses, la institución más influyente del país se convirtió en el escenario de un choque frontal entre el poder político y el mundo intelectual.
La guerra ideológica
Cuando, a finales de 2022, Donald Trump anunció su campaña para su segundo mandato no consecutivo en las elecciones de 2024, ya tenía prevista una cruzada contra las universidades estadounidenses. Pero, fue, en 2025, cuando se desarrolló la ofensiva formal y coordinada con acciones concretas contra instituciones de educación superior como el MIT, Columbia, Stanford o Harvard, entre otras. “Debemos recuperar de manos de la izquierda radical nuestras universidades, que, en su día, fueron grandes”, declaraba el presidente estadounidense por entonces.
“Debemos recuperar de manos de la izquierda radical nuestras universidades, que, en su día, fueron grandes“
Al desmantelamiento del Departamento de Educación le siguió la prohibición de las políticas de diversidad, equidad e inclusión, -las conocidas por el acrónimo DEI por sus siglas en inglés-, para cualquier institución o programa que recibiera fondos federales.
Era solo el principio de la amenaza para la ciencia y la libertad académica. “Trump está tratando de doblegar a nuestras instituciones a su voluntad”, criticaba un alumno de Harvard en una protesta estudiantil contra las espectaculares detenciones de alumnos extranjeros por los agentes del ICE.
“Trump está tratando de doblegar a nuestras instituciones a su voluntad“
Fue la respuesta a las manifestaciones que se produjeron en el campus a favor de Palestina. Pero las exigencias de la administración Trump no se detuvieron ahí. También ordenó revocar los visados de los estudiantes internacionales necesarios para el acceso a Harvard. Utilizó el miedo como método de control.
Antisemitismo, la cortina de humo
Según la narrativa de MAGA, las universidades están corroídas por el antisemitismo y para luchar contra ello, Trump creó un grupo de trabajo. Las primeras consecuencias comenzaron a llegar. “Por expresar su opinión de forma pacífica, los estudiantes pueden hoy expulsados del país o detenidos”, explica Tova Kaplan, estudiante de Harvard. En el campus cundió el miedo y las voces se acallaron.
“Por expresar su opinión de forma pacífica, los estudiantes pueden hoy expulsados del país o detenidos“
Comenzó la batalla contra Harvard. Lo mismo ocurrió hace 60 años antes. Durante la guerra de Vietnam en las universidades se sucedieron las protestas y hubo una reacción conservadora. El gobierno de Nixon consideró a estas instituciones educativas superiores incubadoras de ideas de extrema izquierda. “Las palabras que pronunció Richard Nixon hace 50 años encierran una gran sabiduría: Los profesores son el enemigo”, viene repitiendo el vicepresidente Vance estos últimos años.
“Las palabras que pronunció Richard Nixon hace 50 años encierran una gran sabiduría: Los profesores son el enemigo“
May Mailman, consejera política de la Casa Blanca entre enero y agosto de 2025 explica que “la educación superior es la causa principal o, una de ellas, al menos, del declive cultural”. Los expertos aseguran que lo que se está librando es una auténtica guerra ideológica sin cuartel, cuyo objetivo no es otro que reeducar a las futuras élites estadounidenses acorde a los valores de MAGA.
Por las aulas de Harvard han pasado presidentes, jefes de Estado, premios nóbel y millonarios ©ARTE FRANCE/YAMI2
Ahora, a por la partida económica
Como el miedo había dado sus primeros frutos, los republicanos siguieron librando la batalla contra las universidades, esta vez, a través del dinero. Trump lo dejaba claro. “Vamos a retirarle fondos a Columbia y a otras muchas universidades porque forman parte del movimiento “woke” y han hecho mucho daño”. Se trataba de un castigo ejemplar contra esta institución neoyorquina que, en 2024, fue escenario de incidentes y detenciones durante las protestas estudiantiles por la guerra de Gaza.
“Vamos a retirarle fondos a Columbia y a otras muchas universidades porque forman parte del movimiento “woke” y han hecho mucho daño“
El primer golpe económico fue asestado a la Universidad de Columbia, pero el objetivo era otro. “¿Se han pagado miles de millones de dólares a Harvard, ¿qué ridiculez es esa?”, exclamaba el presidente Trump. Su gobierno tenía en el punto de mira a la prestigiosa y elitista Universidad de Harvard. Fundada en 1636, su vocación ha sido, a lo largo de su historia, formar a las élites del país.
Imagen de la Universidad de Harvard, la más antigua de Estados Unidos ©Shutterstock
Harvard cuenta con un fondo de reserva de 52.000 millones de dólares atesorado por las donaciones realizadas por antiguos alumnos. Esta fortuna la ha convertido en la universidad más rica del mundo y supone una punta de lanza contra el movimiento MAGA. Pero, como Harvard no puede disponer libremente de sus reservas, la administración Trump vio el resquicio para efectuar recortes en el sector de la investigación de la universidad que depende absolutamente de las contribuciones públicas. “En mi laboratorio, en concreto, en torno a dos tercios de la financiación dependen de la subvención del gobierno federal”, insiste Robert Datta, profesor de Neurobiología de Harvard.
Harvard resiste
El anunció de la congelación de 2.200 millones de dólares a Harvard no se hizo esperar. El rector, Alan Garber, negoció con el gobierno, pero las exigencias continuaron y, quince días después, la dinámica cambió. “Pretendían intervenir en la supervisión de a quién admitíamos como estudiante, a quién contratábamos como profesorado e incluso qué enseñábamos”, describe Garber. “Me llenó de alegría ver que la dirección de la universidad dijera no. Nos vemos en los tribunales”, rememora el profesor de Derecho, Randall Kennedy.
“Vamos a retirarle fondos a Columbia y a otras muchas universidades porque formaban parte del movimiento “woke” y han hecho mucho daño“
La justicia confirmó el carácter ilegal de las decisiones gubernamentales y Harvard se convirtió en un símbolo de resistencia. Sin embargo, el profesor Kennedy advierte que, “mientras Trump esté en el poder, Harvard seguirá viéndose amenazada”. El colectivo docente recuerda que lo que está en juego es quién controla lo que se enseña y cómo aprendemos a pensar sobre el mundo.