RTVE play

Sosiego e introspección para cerrar la trilogía de 'Metrópolis' en la Bienal de Venecia

  • Las exposiciones colaterales de La Bienal dialogan con la Venecia cotidiana

  • Metrópolis emitirá el capítulo Bienal de Venecia 2026_3 (Espacios colaterales) el lunes 26 de octubre a partir de las 20 h en RTVE Play y de madrugada en La 2

Susana Blas Brunel
6 min.

Venecia realimenta un eterno diálogo con la historia y con el agua. Es una ciudad que flota, que resiste y que nos permite cada dos años tomar el pulso no solo a las tendencias creativas, sino también a la situación geopolítica y a la psicología social. En sus estancias se inscriben las huellas de los consensos, de los antagonismos y de los avances colectivos.

El recorrido de Metrópolis por esta edición concluye con su tercera entrega monográfica, dedicada a explorar proyectos colaterales y pabellones internacionales diseminados por el tejido urbano. Asimismo, se completa la visita a Los Giardini, ampliando el itinerario del segundo capítulo.

Llevados por la poesía del casco histórico, el programa elude los tópicos de los canales para revelar otra estampa: una Venecia lluviosa, por momentos industrial y contemporánea, donde la vida del siglo XXI se abre paso en un escenario idealizado por la historia. Este cierre de trilogía traza puentes invisibles entre los espacios históricos y las exposiciones ocultas en palacios e iglesias desacralizadas, devolviendo el debate artístico a la cotidianidad veneciana.

Abismo y contención en las exposiciones colaterales

Después de un tránsito tan reflexivo y comprometido con la situación geopolítica (en una edición marcada por las protestas y por el contraste entre los deseos de curación de la comisaria y la violencia de algunos pabellones), la mirada exigía un remanso. Por ello, el equipo de Metrópolis acudió a buscar calma en proyectos colaterales que invitan a la introspección.

Anish Kapoor. Palazzo Manfrin (Anish Kapoor, 2026)

Iniciamos nuestra deriva urbana ante el abismo de Anish Kapoor (Bombay, India, 1954) en el Palazzo Manfrin. En su universo, la materia se vuelve pura ilusión óptica y el color se transforma en un vacío que imanta al espectador. Sus pigmentos icónicos desafían la arquitectura clásica veneciana, recordándonos que el arte es un viaje hacia nuestra propia percepción. Resguardándonos de la lluvia, pero todavía bajo la emoción de lo sublime, cruzamos la emblemática Plaza de San Marcos. El rumor de la plaza nos regala la contención del maestro coreano Lee Ufan (Haman, Corea del Sur, 1936), cuya muestra habita de forma armónica el San Marco Art Centre (SMAC). Su obra propone un diálogo silencioso entre la naturaleza y la intervención humana; un refugio de calma pura.

Lee Ufan (Lee Ufan, 2026)

La solemnidad nos inunda al cruzar el umbral de la Iglesia de Sant'Antonin, donde presenciamos el sobrecogedor proyecto Elegy (2026) de la artista sudafricana Gabrielle Goliath (Mthatha, Sudáfrica, 1984). Originalmente, esta propuesta iba a representar al Pabellón oficial de Sudáfrica, pero sufrió la censura de su propio gobierno debido a que la creadora se negó a ocultar su apoyo al pueblo de Palestina.

Elegy (Gabrielle Goliath, 2026)

Trasladada a este espacio religioso, la instalación interviene el templo con una desgarradora poética sonora: un coro de cuerpos heridos interpreta de manera sostenida una única nota musical, un lamento colectivo que simula un ritual fúnebre y se erige como un canto de resistencia inquebrantable ante la opresión.

Identidades decoloniales y resistencia en los Giardini

Volvemos a Los Giardini y al Pabellón Central para visitar a creadores que analizan la memoria colectiva. En el Pabellón Central, las pinturas de la japonesa Yoshiko Shimada (Tokio, Japón, 1959) tituladas My rights have nothing to do with your morality (2023) vuelven la mirada profundamente política. La artista subvierte la tradición gráfica oriental para cuestionar las estructuras de poder, las violencias de género y las verdades incómodas que la historia oficial suele omitir.

My rights have nothing to do with your morality (Yoshiko Shimada, 2023)

La aclamada Wangechi Mutu (Nairobi, Kenia, 1972) reaparece de forma deslumbrante con Mothersmound (2026), una contundente pieza que combina una enorme escultura de un pecho con proyecciones de video. Al descubrir esta gran duna corporal, el espectador se adentra en una cosmología ecofeminista, una oda a la creación mitológica africana.

La relación con la tierra, la ecología y el trauma histórico articula gran parte de este tramo expositivo. Se analiza a través de las esculturas de pequeño relieve en pared de Sabian Baumann (Zug, Suiza, 1962) tituladas Horizontales Paradies (2013-2014).

La visita al Pabellón Central de los Giardini permite hacer pausas para salir a terrazas y zonas de exterior, espacios que servían al equipo para realizar paradas técnicas y valorar, tras recibir tanta información, lo que se acababa de contemplar. La visita a la Bienal es reflexiva y emocional, y en estas terrazas la obra de Otobong Nkanga se ofrece como un monumento vivo a la resiliencia de la tierra herida. A estas voces se suman los relatos originarios de la canadiense Bonnie Devine (Toronto, Canadá, 1952) en Stories from the Shield: Radiation and Radiance (1999). Entre la espiritualidad y la protesta, la herencia indígena norteamericana se hace presente para lanzar una dolorosa advertencia sobre la devastación nuclear.

Esta denuncia convive con las exuberantes mantas e instalaciones de la jamaicana Ebony G. Patterson (Kingston, Jamaica, 1981), tituladas When the land is in plumage (2023), cuyas sugerentes manos rojas asemejan guantes de terciopelo que brotan de la vegetación. Por su parte, Edouard Duval-Carrié (Puerto Príncipe, Haití, 1954) aporta una atmósfera mística en The Vodou Parthenon (1996-2000), donde fusiona la mitología sagrada haitiana con las formas arquitectónicas clásicas, creando un panteón sincrético que desafía la mirada eurocéntrica del arte colonial.

Trascendencia, trauma y diálogo histórico

El itinerario oficial de los pabellones nacionales sigue aportando miradas distintas desde las que leer el presente. El reposo espiritual y la renuncia al ruido encuentran su máxima expresión en el Pabellón de Egipto de la mano de Armen Agop (El Cairo, Egipto, 1969) con su Silence Pavilion: Between the tangible and the intangible (2026). En un entorno de puras vibraciones pétreas y líneas minimalistas, el artista nos propone un viaje místico e invisible.

Cruzando de nuevo hacia el bullicio de la ciudad, el Pabellón de Bahamas confronta el trauma histórico del Caribe con el proyecto In another man's yard (2026). Firmado por Lavar Munroe (Nassau, Bahamas, 1982) y el recordado John Beadle (1964-2024), la propuesta se erige como una fuerte crítica sobre la frontera, la inmigración forzosa y la identidad caribeña, construida poéticamente desde la fragilidad y la honestidad de los materiales encontrados en la calle.

Melancolía y heridas digitales

La representación de Cataluña presenta un magnífico proyecto (Paper Tears) de la artista Clàudia Pagès Rabal (Capellades, España, 1990). Su potente instalación partió de una minuciosa investigación histórica sobre las marcas de agua y las filigranas del papel en el siglo XV. Estos motivos, originariamente solo visibles a contraluz, actuaron en la historia como los primeros dispositivos de control, censura y marcas de propiedad privada. La creadora utiliza tecnologías contemporáneas de luz para proyectar estas filigranas sobre los muros mediante precisos rayos láser que las transforman en grafitis de luz.

Screen Melancholy (Li Yi-Fan, 2026)

Terminamos este inspirador viaje de Metrópolis en la sede del Pabellón de Taiwán. El creador Li Yi-Fan (Taipéi, Taiwán, 1987) presenta Screen Melancholy (2026), una obra donde desmantela la compleja relación contemporánea entre algoritmos, control social e imágenes digitales. Utilizando tecnología avanzada, motores de videojuegos en tiempo real y marionetas virtuales, Li Yi-Fan construye un entorno carcelario para reflejar la ansiedad y la melancolía de la era hiperconectada. Las pantallas nos lanzan una pregunta suspendida en el aire de cara al futuro: ¿seremos capaces de mantener nuestra humanidad en un mundo completamente virtualizado?