Hay juguetes que necesitan pilas, pantallas y decenas de botones para entretenernos. Y luego está Slinky: un simple muelle metálico capaz de bajar escaleras, entretener a generaciones enteras y hasta protagonizar experimentos en el espacio. ¿Quién iba a imaginar que un trozo de alambre podría convertirse en un éxito mundial? Órbita Laika ha recuperado la curiosa historia de este juguete en sus vídeos divulgativos, realizados en colaboración con la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco (EHU).
Para viajar hasta sus orígenes hay que remontarse a 1943, en plena Segunda Guerra Mundial. Mientras la contienda se libraba en Europa, el ingeniero estadounidense Richard James trabajaba en un astillero en Filadelfia desarrollando resortes para estabilizar equipos a bordo de los buques. Durante uno de sus experimentos, un muelle cayó al suelo y comenzó a moverse de una manera que llamó mucho su atención. En lugar de limitarse a recogerlo y seguir trabajando, James vio en aquel movimiento una oportunidad.
La idea de convertir aquel muelle en un producto comercial no tardó en tomar forma. Sin embargo, faltaba lo más importante: el nombre. Fue Betty James, la mujer del ingeniero, quien propuso llamarlo Slinky, una palabra que en inglés evoca algo sinuoso, elegante y fluido. Así nació un juguete que no necesitaba instrucciones complicadas ni conexión a internet. En aquella época, para entretenerse no hacía falta una consola, básicamente porque aún no existían los videojuegos tal y como hoy en día los conocemos: bastaba con tener un muelle y un poco de paciencia.
Richard y Betty James, detrás del éxito de Slinky RTVE
El matrimonio fundó la empresa James Industries y comenzó a comercializar el invento al precio de un dolar. Su éxito fue extraordinario: durante sus primeras seis décadas en el mercado, se vendieron más de 300 millones de unidades. Una cifra que demuestra que, para triunfar, no siempre hace falta inventar el próximo gran avance tecnológico. A veces, basta con conseguir que un muelle baje unas escaleras sin perder la dignidad.
De un astillero al espacio: el sorprendente viaje de Slinky
Pero Slinky no se quedó en las habitaciones infantiles. ¡Ha viajado incluso al espacio! En 1985, los astronautas Jeff Hoffman y Rhea Seddon jugaron con este muelle a bordo del Transbordador espacial Discovery. En condiciones de microgravedad, su comportamiento ofrecía una oportunidad para observar cómo se movía un objeto flexible cuando no actuaba sobre él de la misma manera la gravedad terrestre. El juguete demostraba así que también podía despertar curiosidad científica más allá de nuestro planeta.
La historia de Slinky recuerda que la ciencia, la creatividad y la observación pueden transformar un objeto cotidiano en algo extraordinario. Richard James buscaba una solución de ingeniería y terminó creando un icono popular. Y Betty encontró el nombre perfecto para convertirlo en marca. Porque sí: hay quien se hace millonario con aplicaciones revolucionarias y quien lo consigue con un muelle. Y, mientras tanto, nosotros seguimos intentando que baje las escaleras sin atascarse.