La 61.ª Bienal de Arte de Venecia continúa su curso en 2026 como un espejo crítico de las múltiples fracturas del presente. En el segundo capítulo dedicado a la Bienal, Metrópolis se adentra en el recinto histórico de los Giardini, donde la arquitectura de los pabellones nacionales, que porta la historia y la memoria de cada país, se confronta de manera directa con proyectos diversos que analizan los conflictos bélicos, la memoria colonial y la crisis ecológica global, entre otras temáticas.
Como pudo verse en el primer capítulo de la serie, bajo el lema In Minor Keys (En clave menor), la comisaria Koyo Kouoh propone en la parte curatorial una escucha íntima, reparadora y profunda del mundo. Sin embargo, la crónica visual constata una contradicción fascinante: la llamada de Kouoh hacia la resistencia silenciosa y la reivindicación de lo afectivo termina chocando e inevitablemente dialogando con la espectacularización y la provocación ácida de algunos de los grandes pabellones.
El éxodo y la fragilidad ecológica
El recorrido de Metrópolis por los Giardini arranca con una imagen imponente y de una crudeza sobrecogedora que altera el paisaje urbano. Estacionada en el exterior del recinto, la propuesta del Pabellón de Ucrania detiene el tiempo y el pulso de los transeúntes mediante la obra Origami Deer (2026), firmada por la artista Natalia Diachenko. La pieza consiste en un ciervo monumental esculpido íntegramente en hormigón, cuyo diseño geométrico emula con precisión las líneas puras y frágiles de un origami de papel tradicional. La escultura cuelga suspendida de forma dramática del brazo metálico de la grúa de un camión, atrapada en una inquietante y permanente ingravidez. Esta original disposición tridimensional funciona ante el público como una metáfora corpórea de un pueblo entero en vilo que aguarda la llegada de la paz.
Pabellón de Gran Bretaña
Esta dramática instalación establece un diálogo directo y conceptual con la obra de la artista canadiense-japonesa Alexa Kumiko Hatanaka, titulada Susceptibility to Gravity (2026). Hatanaka ha dispuesto a lo largo del espacio exterior siete grandes estandartes marinos que se agitan con el viento de la laguna. Inspiradas formalmente en los koinobori japoneses, estas piezas operan como una advertencia poética sobre la crisis ecológica global y la degradación de los ecosistemas marinos.
El Pabellón de España: el archivo infinito de Oriol Vilanova
Uno de los hitos incuestionables de esta edición es el Pabellón de España y su deslumbrante proyecto Los restos (2026), firmado por el artista conceptual catalán Oriol Vilanova y bajo el comisariado de Carles Guerra.
Los restos (Oriol Vilanova, 2026) R
Vilanova ha conceptualizado el pabellón español como una suerte de “anti-museo” inmersivo. Desafiando las lógicas tradicionales de la exhibición artística, el artista ha saturado por completo las paredes del edificio histórico con miles de postales antiguas. Este archivo infinito es el resultado directo de una recolección metódica llevada a cabo por Vilanova en mercadillos de antigüedades e instituciones de segunda mano a lo largo de más de dos décadas. La acumulación masiva se despliega mediante una estética meticulosamente trabajada que interactúa de manera constante con las variaciones de la luz natural que penetra por los lucernarios del edificio. A través de esta aparente sencillez formal, Los restos lanza preguntas incómodas sobre la hegemonía cultural de Occidente, interrogando al espectador sobre los mecanismos institucionales mediante los cuales se construyen los relatos históricos.
El Pabellón Central: descolonización y mística ancestral
El corazón conceptual de los Giardini reside en el Pabellón Central, cuya imponente fachada neoclasicista aparece este año radicalmente intervenida por la creadora nigeriana Otobong Nkanga. Nkanga presenta la obra monumental Soft Offerings to Silenced Voices and to All Who Have Turned to Dust (2026), una ocupación artística que envuelve las columnas neoclásicas con una urdimbre de ladrillos locales y macetas de cerámica artesanal de las que brotan plantas trepadoras reales que metafóricamente asfixian el legado colonial.
Al cruzar el umbral del Pabellón Central, el visitante es recibido por una presencia mística: un imponente guardián de plumaje naranja titulado The Amistad Takeover (2026), obra del artista norteamericano Big Chief Demond Melancon. Siguiendo las técnicas ancestrales de los Black Indians de Nueva Orleans, Melancon ha tejido minuciosamente a mano un traje ceremonial utilizando millones de cuentas de vidrio y plumas para narrar la histórica rebelión de esclavizados a bordo del barco La Amistad en 1839.
En este mismo eje de deconstrucción y misticismo conviven las inquietantes figuras de terracota de la creadora senegalesa Seyni Awa Camara. Estas piezas dialogan con el bestiario cerámico de la artista peruana Celia Vásquez Yui, quien presenta The Council of the Mother Spirits of the Animals, una serie de piezas modeladas según las técnicas de la comunidad Shipibo-Konibo que reivindican la agencia espiritual del mundo no humano.
Anatomy of the Magnolia Tree for Koyo Kouoh and Toni Morrison (Maria Magdalena Campos-Pons, 2026)
El clímax de esta sección interior lo marca el santuario floral de la artista cubana Maria Magdalena Campos-Pons, titulado Anatomy of the Magnolia Tree for Koyo Kouoh and Toni Morrison (2026). La instalación está compuesta por siete enormes y delicadas magnolias de vidrio soplado de Murano que emergen del suelo, custodiadas por un mural colosal de carácter pictórico. Campos-Pons erige este espacio sagrado como un tributo de duelo dedicado a la escritora afroamericana Toni Morrison y a la comisaria de esta edición, Koyo Kouoh, fallecida inesperadamente.
Activismo en el espacio público: una camioneta y un huerto
El recorrido por las avenidas de los Giardini depara encuentros fortuitos que desafían los formatos tradicionales del cubo blanco museístico. Uno de los más vibrantes es la irrupción de una camioneta antigua reconvertida, titulada Labor Parade 91 (2026), una propuesta del artista británico-caribeño Alvaro Barrington. Estacionado en mitad de la vía pública, el vehículo funciona como un escenario callejero espontáneo y ambulante. Esta pieza rinde un emotivo homenaje a la visión pedagógica e itinerante de la curadora Koyo Kouoh, recordando su histórica caravana de poetas africanos.
A escasa distancia, la noción de arte como herramienta de reparación espiritual cobra vida en la intervención de la mítica artista y activista norteamericana Linda Goode Bryant, titulada Still Life (2026). Rompiendo el suelo histórico de Venecia, Goode Bryant ha sembrado un huerto urbano rebosante de hortalizas locales, hierbas medicinales y cultivos de temporada.
Still Life (Linda Goode Bryant, 2026)
Esta plantación responde directamente a las conversaciones íntimas que la artista mantuvo con Kouoh, quien entendía el arte no como un objeto de consumo mercantil, sino como un proceso biológico de sanación comunitaria y restitución ecológica.
Provocación y dilemas identitarios
La espectacularidad es utilizada por algunos pabellones como arma de desmontaje político e ideológico. En el Pabellón de Austria, la coreógrafa y directora de escena Florentina Holzinger desata una tormenta de estímulos con su obra Seaworld Venice (2026). En el exterior del edificio historicista, una campana de iglesia repica de manera atronadora cada hora. Una performer profesional cuelga suspendida boca abajo mediante arneses de alta seguridad y golpea el bronce con su cuerpo desnudo. En el interior del pabellón Holzinger radicaliza la experiencia invitando al público a participar de manera activa con sus propios fluidos corporales.
Seaworld Venice (Florentina Holzinger, 2026)
Otra de las propuestas más comentadas de los Giardini se encuentra en el Pabellón de Japón, a cargo del artista transdisciplinar Ei Arakawa-Nash. Bajo el título Grass Babies, Moon Babies (2026), Arakawa-Nash ha transformado la arquitectura del pabellón nipón en una guardería surrealista que alberga doscientos ocho bebés hiperrealistas. El público es invitado a coger en brazos a los muñecos, acunarlos y cambiarles los pañales. Esta irónica instalación funciona como una reflexión sobre los cuidados y una ácida protesta contra la severa crisis de natalidad de la sociedad japonesa contemporánea.
Espacios post-digitales
El recorrido prosigue con la propuesta del Pabellón de Grecia, transformado por el artista y arquitecto Andreas Angelidakis en la instalación Escape Room (2026). Angelidakis concibe el pabellón como una caverna platónica contemporánea y post-digital. El artista invita al espectador a encontrar una salida física y mental a las narrativas prefabricadas, las fake news y la post-verdad impuesta por los grandes conglomerados de medios de comunicación globales.
Things to Come (Maja Malou Lyse, 2026)
La jornada de exploración por los pabellones nacionales de los Giardini propuesta por Metróplolis culmina en el Pabellón de Dinamarca. Bajo la curaduría de la prestigiosa comisaria española Chus Martínez, la artista Maja Malou Lyse despliega el proyecto Things to Come (2026), una mirada perturbadora, clínica y conceptual a la biología y la reproducción del futuro.