En Japón, todo el mundo conoce los secuestros de japoneses por parte de Corea del Norte. Es una de las primeras afirmaciones que se manifiestan en “Secuestrados por Corea del Norte”, el trabajo de investigación que Documentos Tv presenta esta semana. “Era nuestra obligación, secuestrar a ciudadanos procedentes de países, que considerábamos nuestros enemigos”, confiesa un exespía norcoreano en este magnífico documental.
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Miles de personas fueron víctimas de un programa organizado de secuestros que Corea del Norte llevó a cabo hace cuatro décadas. Rehenes de nacionalidades diversas fueron obligados a enseñar su idioma, su cultura y costumbres de su vida capitalista a los espías norcoreanos, a fin de facilitar sus infiltraciones en los países que Corea del Norte ordenaba.
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Sin embargo, no fue hasta 2002 cuando Kim Jong Il, a petición de las autoridades japonesas, llegó a reconocer las prácticas de su régimen. Hasta entonces, la mayoría de las desapariciones forzadas conocidas, correspondían a las de ciudadanos japoneses y surcoreanos. Pero a raíz de la publicación del estadounidense, retenido en Corea del Norte, Charles Jenkins, los casos de rehenes de otras nacionalidades, como el de la tailandesa Anocha Panjoy o el de la rumana Doina Bumbea, han salido a la luz.
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“En 1978, cuando mi hermana desapareció para siempre, nadie de nuestra familia sabía nada de estos secuestros”, cuenta el hermano de Doina en “Secuestrados por Corea del Norte”, quien hasta hace diez años no había sabido absolutamente de la desaparición de su familiar.
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La comunidad internacional comienza a movilizarse. En Europa se sabe que ciudadanos franceses, holandeses e italianos fueron obligados a “reeducarse” en Corea del Norte y Naciones Unidas trabaja ya para constituir una comisión de investigación sobre los supuestos crímenes contra la humanidad, cometidos por Corea del Norte.
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