El nombre de Ushuaia nos hace pensar en aventura, pioneros, Polo Sur; uno de los lugares del planeta donde tocar tierra virgen. En Ushuaia, todavía quedan muchos retazos de esa tierra salvaje y mítica, pero también se ha convertido en un enclave turístico de primer orden. Y como muchos reductos turísticos tiene cara y cruz. En este momento, en la ciudad se construyen unos 70 hoteles y para ello hace falta una cantidad considerable de mano de obra. En una Argentina que hace ya años que arrastra una crisis económica importante, la inmigración llega hasta aquel lugar tan alejado atraída por las ofertas de trabajo que genera. Pero Ushuaia no tiene capacidad, no tiene espacio, ni una planificación adecuada para acoger a toda esa población. Así que los trabajadores se han empezado a buscar la vida donde pueden; por ejemplo, en los bosques de los alrededores que talan para urbanizar de forma anárquica.
La construcción de estos precarios asentamientos ha generado una agria discusión entre los ushuaienses, quienes hablan de ocupación o usurpación según el caso. Aunque ya hay también quien usa una palabra nueva y acuñada en la zona para ilustrar este hecho: ¿intrusar¿.
A todo ello se suma la pérdida de patrimonio arquitectónico, la demolición de las casas típicas con techo de chapa, que son sustituidas ahora por modernos edificios y que abocan a la ciudad a olvidar su identidad. Una situación frente a la que se abren múltiples interrogantes y que hacen que nos preguntemos si este ¿Fin del Mundo¿ se acaba.
Un reportaje de Mario de la Mano y Jerónimo Rodríguez
Imagen y sonido: Óscar Martínez Forcada
Montaje: Javi Rodríguez