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The Legend of Zelda: Ocarina of Time, el mejor videojuego de todos los tiempos regresa para encandilar a las nuevas generaciones

  • La popular saga Zelda estrena nueva versión adaptada a los nuevos tiempos

  • La versión original, de 1998, supuso una revolución en las aventuras en tres dimensiones, marcando un antes y un después

Manuel González
10 min.

Está considerado el mejor videojuego de todos los tiempos. El agregador Metacritic, que recopila las críticas de diferentes medios generalistas y especializados, le da a The Legend of Zelda: Ocarina of Time (1998), un 99 sobre 100. Es el único en conseguir esa puntuación. Entre los 10 primeros, la saga coloca otro, Breath of the Wild (2018). Dejando a un lado las críticas, este juego ha tenido un gran impacto en una generación de creadores, que no dudan en confesar que Ocarina of Time les marcó profundamente y dio forma a muchos de los videojuegos que vinieron después. El estreno del remake para Switch 2, 28 años después, se ha convertido en un acontecimiento. Hacía mucho que no se veían a medianoche colas tan largas de gente deseando ser la primera en tener su copia física. Esta versión rehecha desde cero respeta el original, adaptada a la tecnología y estilo de juego actuales. Llega dispuesta a reafirmar su leyenda con una oleada inicial de reacciones muy positivas.

Antes de Ocarina, hubo dos episodios previos. El primer capítulo se estrenó en 1986, en la primera consola doméstica de Nintendo, la NES. Es una creación de Shigeru Miyamoto, el mismo de Mario Bros, que se inspiró en sus paseos de niño por los bosques de Sonobe (Kioto, Japón), su pueblo natal. Ahí ya se sientan las bases del mundo de Hyrule. Volvería después con una segunda parte, A Link to the Past (1990), manteniendo el estilo pixelado de la época. La gran revolución llegaría con el paso de las dos dimensiones al 3D. Ocarina of Time no solo introducía un universo muy rico en extensión y detalles, sino que también presentaba unas mecánicas de juego y una narrativa que han sentado cátedra en los videojuegos de acción y aventuras. Su lanzamiento coincidió con una explosión de títulos legendarios como el primer Tomb Raider.

Vidas marcadas por Ocarina of Time

Para quienes nunca hayan jugado a una aventura de Zelda, la historia puede sonar muy trillada. Link, un joven héroe vestido de verde, debe salvar el reino de las ambiciones del malvado Ganondorf y proteger a la princesa Zelda. Un argumento clásico que Ocarina of Time transformó en una experiencia que parecía imposible a finales del siglo XX. El protagonista comenzaba siendo un niño y, en un momento dado, despierta siete años más tarde, en la última etapa de la adolescencia. El paso del tiempo es un elemento decisivo de esta aventura, donde las decisiones del pasado afectaban al momento presente. “Recuerdo la sensación de hacerme mayor. Sentía que aquello era una gran aventura, que estaba viviendo algo a la altura de una película, pero yo controlaba al héroe en un mundo muy vivo”, recuerda Salva Fernández, periodista de videojuegos, que tenía 14 años cuando probó el juego. “Creo que era muy revolucionario en la manera de contar las cosas y en cómo las presentaba. Nunca antes nadie había jugado a algo así”.

“Fue como amor a primera vista. Puedo sonar exagerada, pero fue lo que sentí”, confiesa Anna-Victòria Teixidó, que recuerda ver cómo los Reyes Magos le habían traído a su hermano una Nintendo 64 y una caja negra con un logotipo dorado. Los primeros minutos del juego, con un joven cabalgando a caballo por una llanura, fueron suficientes. Casi treinta años después, los personajes de Zelda siguen muy presentes en su vida. Tanto que ha escrito Ecos de Hyrule (2026, ed. Game Press), libro de relatos inspirados en los personajes de aquel videojuego.

Portada del libro Ecos de Hyrule (Anna-Victoria Teixidó)

Tanto Anna-Victòria Teixidó como Salva Fernández consideran que le deben mucho de su trayectoria profesional a Ocarina of Time. Ambos escriben sobre videojuegos. En el caso de Salva, en 2018 publicó Zelda, detrás de la leyenda (ed. Héroes de Papel), que volvió a ser reeditado y actualizado en 2025. La obra estudia la evolución de la saga. “Me pareció interesante trabajarla desde un punto de vista periodístico, yendo a las fuentes, intentando conocer a sus creadores, ir más allá de lo que ofrece el juego en sí y saber cómo fue el proceso creativo”, explica. El caso de Teixidó es diferente y surge de una afición, de una pasión por un videojuego en concreto, del que ha imaginado ni más ni menos que 300 páginas. “Quería escribir literatura y lo hice con lo que mejor conocía, con los personajes que aparecen en Ocarina of Time. Narrar la historia de sus personajes secundarios, de los que apenas se cuentan detalles en el videojuego”. Entre los relatos está uno dedicado a Saria, cuya despedida de Link sigue siendo uno de los momentos inolvidables de la escritora. A estas dos obras hay que sumar la más reciente, Cartas de Ciudad Reloj (escrito por Roberto Barragán, ed. GTM), que ahonda en su continuación directa, Majora´s Mask (2000), “título que ha estado durante mucho tiempo a la sombra de uno de los videojuegos más importantes de la historia”, según sus autores.

Una ventana a las tres dimensiones

En la segunda mitad de los 90, los videojuegos cambiaron de perspectiva. Los avances tecnológicos democratizaron entre los profesionales la creación de entornos en tres dimensiones. En el caso de Nintendo, aquel salto quedó patente en Super Mario 64 (1996), el primero del célebre fontanero que permitía correr, saltar y explorar escenarios con total libertad, algo inédito para la época. Tras Mario, Zelda vino después, perfeccionando los movimientos de cámara o cómo hacer frente a los enemigos. “Popularizo algo muy habitual hoy día, el sistema de fijado en un enemigo para mantenerlo como referencia durante un combate. Supuso una auténtica revolución en el mundo del videojuego”, son palabras de Teixidó, que opina que es un título fundamental para entender las aventuras posteriores.

Salva Fernández, coincide en la trascendencia de la franquicia, pero va más atrás. Hace cuatro décadas, la primera parte ya se distanciaba de sus contemporáneos a la hora de explorar el territorio sin un recorrido único. Después, con A Link to the Past (1990), la fórmula fue a más. “Creo que Ocarina marca la saga por el salto a las tres dimensiones, de donde ya no ha salido”. Desde entonces, “Los diferentes equipos creativos han intentado replicar aquel éxito, pero hasta la llegada de Breath of the Wild (2017) y Tears of the Kingdom (2023) no se repetiría. Juntos han superado los 55 millones de copias vendidas”, más que el resto de capítulos previos (incluyendo versiones para consolas portátiles) estrenados en el siglo XXI.

Imagen del videojuego The Legend of Zelda: Ocarina of Time (Nintendo)

Un remake fiel a su origen o a los pies de la modernidad

Tras el anuncio oficial del remake, la incógnita que mantenía en vilo a los seguidores era por dónde tirarían sus creadores esta vez. “Había tres caminos: hacer una versión con gráficos en alta definición, reimaginarlo de forma absoluta, corriendo riesgos, y la opción intermedia, mantener la esencia, modernizando los controles”, explica Salva Fernández. La autora de Ecos de Hyrule coincide, pero reconoce sentimientos encontrados: “Me gusta que hayan dejado la esencia del juego tal y como es”, pero admite que le habría gustado un cambio más profundo, que “hubiesen hecho un mundo más grande, con más ciudades, más personajes y más mazmorras”. Las dudas se disiparon cuando se presentó el primer avance del juego el pasado mes de junio.

Sin duda, el factor nostálgico es importante, y los más veteranos están deseando revivir la experiencia de antaño, pero ese objetivo se queda corto para Nintendo. Este remake es una oportunidad para enganchar a los que nunca conocieron la versión original, y si de paso ayuda a vender consolas, mejor. A pesar de que el juego de 1998 está disponible en la plataforma online del fabricante japonés, “mi hija no va a entrar en una tienda digital a jugar a un juego de Nintendo 64, pero sí que va a jugar al remake”, asegura Salva Fernández. Por otro lado, también hay un intento de conservar un patrimonio sin restringirlo a quienes jugaron en su día.

Ninguno de los dos pone la mano en el fuego, pero están casi seguros de que el futuro de la franquicia pasa por rescatar el resto de títulos de la saga, alternándolos con nuevas propuestas. Hay aventuras de sobra para revisitar y acercar al gran público los riesgos que ha tomado Nintendo estos años, cuando lo más fácil habría sido replicar el éxito de Ocarina of Time una y otra vez. “Piensa en Majora's Mask (2000), la continuación directa, que sustituyó la aventura heroica tradicional por una más oscura. Era muy transgresor, muy siniestro. Con The Wind Waker (2002) se apostó por una estética de dibujos animados”. Una capacidad de cambiar sin abandonar las señas de identidad. “Hemos visto sagas muy longevas como Assassin's Creed, pero que son muy continuistas. Zelda siempre ha empujado el medio y eso se valora mucho”.

La innovación, especialmente en The Legend of Zelda: Ocarina of Time fue bastante notable. “Se nota cuando alguien le pone pasión a un videojuego y en Nintendo siempre ha habido gente a la que le encanta jugar”, asegura Anna-Victòria Teixidó. “Apuntas con un tirachinas en primera persona, vas a caballo, tocas la ocarina y creas melodías. Esa capacidad de meter muchos minijuegos lo convierte en una aventura total”, según Salva Fernández.

Imagen del videojuego The Legend of Zelda: Tears of the Kingdom (2023, Nintendo)

Una franquicia en su mejor momento

Muy pocas franquicias del mundo del entretenimiento pueden presumir de estar tan vivas cuarenta años después de su nacimiento. Y no parece que se vaya a desinflar. En 2027 se espera la película que adapta las aventuras de Zelda. A diferencia de las de Mario, que son de animación, esta es de imagen real. La vida del reino de Hyrule puede seguir expandiéndose sin límites, como demuestra Cartas de Ciudad Reloj, libro dedicado a Majora's Mask, la continuación de Ocarina of Time, no tan célebre, pero muy querida por los fans más genuinos: “Tuvo la valentía de construir una identidad completamente diferente, con una mayor apuesta por el componente narrativo. Supo construir un legado propio y una comunidad que no deja de concebir todo tipo de teorías de lo más interesantes”, afirma Roberto Barragán.

Portada del libro Cartas de Ciudad Reloj (ed. GTM) Portada del libro Cartas de Ciudad Reloj (ed. GTM)

"Pocas franquicias consiguen que sus juegos sigan despertando conversaciones, interpretaciones e inquietudes tantísimos años después. Esa forma de perdurar dentro del acervo popular es la mejor prueba de la vitalidad de The Legend of Zelda. Es una saga que no solo consigue que queramos enfundarnos las botas de Link y vivir sus aventuras, sino que nos invita a regresar a las que ya hemos vivido a través de una mirada que cambia a medida que pasa”. Barragán alude con estas palabras al paso del tiempo, uno de los pilares argumentales de Zelda.

Como parte del aniversario, también se está preparando una gira mundial de conciertos, y es que la música es uno de sus pilares. Tiene una de las melodías más queridas de la historia de los videojuegos. Las celebraciones también llegarán al Nintendo Museum de Kioto (Japón), ofreciendo actividades relacionadas con los personajes de la saga. Todo muy pensado para entusiasmar a los fans de siempre del símbolo de la Trifuerza y de quienes llegan a este universo por primera vez. Cuando Link saca la espada del pedestal del tiempo, cabalga a lomos de Epona, se despierta de su letargo dando el salto de la niñez a la adolescencia, o contemplar Hyrule devastado, son instantes que han quedado grabados en la memoria de varias generaciones de jugadores. Casi tres décadas después conservan intacta la capacidad para emocionar.