Que una película de género fantástico -básicamente acción y persecuciones con aliens- sacuda el Festival de Cannes en la competición por la Palma de Oro es prácticamente inédito, pero sucedió este año con Hope, del surcoreano Na Hong-jin, que ahora llega a las pantallas españolas. Si el cine de autor es aquel dé una idea elevada del lenguaje cinematográfico, Hope lo es sin duda: puro virtuosismo en el mejor de los sentidos.
A Na Hong-jin (Seúl, 1974) se le tenía por un esteta del terror psicológico y en Hope casi se inventa su propio género. ¿De qué va? En una zona costera de Corea del Sur -fronteriza con los vecinos comunistas- un policía local (Hwang Jung-min) y unos cazadores descubren animales salvajemente muertos. ¿Un oso? ¿Un tigre? Casi no hay tiempo para especular porque comienzan a descubrir que la devastación supera lo imaginable y alcanza zonas urbanizadas.
Esa sencilla idea narrativa de suspense -el supuesto monstruo tarde en aparecer- se estira con maestría, pero solo antecede a la gran apuesta de Hope: persecuciones larguísimas de un crescendo que tiende al infinito, más dilatadas aún que hitos como las de Paul Greengrass en la saga Bourne.
Na Hong-jin atendió a RTVE Noticias hace dos semanas por videollamada desde el Festival de Sitges, donde su película fue gozada nuevamente, está vez por los ya convencidos del género. ¿Cuál es la clave para lograr esa fuerza visual? Dice que trabajó un año entero en el story board y absolutamente cada encuadre ya estaba definido hasta el último detalle.
"Lo fundamental es el espacio y, dentro de él, mantener la velocidad cuando estamos filmando estos sujetos, ya sean el caballo o los extraterrestres, los seres humanos. Usamos grandes angulares para acercarnos cada vez más a esos sujetos", autoanaliza. "Y, si estamos a 50 cm de ellos, mantenemos esa distancia y lo seguimos lo más cerca posible para capturarlo vívidamente".
La mayor superproducción del cine surcoreano
Hope es la mayor superproducción del cine surcoreano, lo cuál es mucho dado el músculo cultural del país asiático, pero también escaso si la comparación es con la industria estadounidense. El propio director ha declarado que los efectos digitales -básicamente las criaturas- podían ser mejores, pero son suficientes. “Realmente quería centrarme en una historia que observará a los humanos. Y se me ocurrió que lo mejor sería la mirada de alguien que los observa desde muy arriba: así aparecieron los extraterrestres y el presupuesto se disparó”.
Imagen de 'Hope', de Na Hong Jin.
Alfred Hitchcock sostenía que si se desarrollan mucho los personajes se sacrifica la acción narrativa y lo mismo sucedía al contrario: no se puede tener las dos cosas. Hope apuesta por reducir al mínimo a sus protagonistas y fiarlo todo a la acción, y, sin embargo, a través del humor conforman una cierta visión de la humanidad.
“Como en mi anterior película, trato de iluminar aspectos de la humanidad que son los contrarios a los que prefiero y aspiro, los que anhelo que tengamos", explica. "No son personajes perfectamente detallados sino que representan cada uno un aspecto de la humanidad y es precisamente cuando los combinas cuando se muestra la complejidad de la totalidad".
Porque lo que parece una mera -y alocada y salvaje- historia de supervivencia esconde también un mensaje sobre el miedo. "Los habitantes de comunidades aisladas pueden ser bastante excéntricos y reaccionar con mucha intensidad a lo que viene del exterior y a los forasteros. Y quería el contraste de que pueden ser incluso más primitivos y simples que los alienígenas. Quería hacer una película de acción sobre una problemática humana. Pero tenía claro que si retrataba esto de manera seria no sería bueno, así que añadí muchos elementos de comedia".
Si toda la película ataca las convenciones narrativas, el final directamente las tritura. El director dice que Michael Fassbender y Alicia Vikander aceptaron participar en los papeles más extraños de sus carreras porque la intención es continuar en secuelas, pero paradójicamente, el final abrupto de Hope es perfecto si el objetivo es noquear una y otra vez al espectador.