Los supervivientes del accidente ferroviario de Urda, Toledo, cuentan todos, o casi todos, cierta sensación de irrealidad, la que tuvieron en los primeros momentos. Uno de esos supervivientes es Antonio Jiménez Barca, periodista de El País, que ha sido entrevistado por Pepa Bueno en el Telediario 2 de TVE.
Jiménez Barca viajaba en el AVE y el impacto con el tren Iryo le pilló en la cafetería.
PREGUNTA: Hola, Antonio. Te iba a preguntar cómo estás, pero se ve.
RESPUESTA: Bueno, es más aparatoso de lo que parece. En el fondo también me encuentro bien.
P: Tú viajabas en el tren AVE y estabas en la cafetería en el momento del impacto. ¿Cómo fue?
R: Pues el tren se había parado, y entonces me levanté a tomar un café. Pedí un café y eso fue lo último que recuerdo, porque sentí un impacto, como que me empujaban por detrás. Y lo siguiente que recuerdo es estar como en el suelo. Noté el golpe en la cabeza y pensé: "Vaya porrazo que me acabo de dar'. Y después el tren como que se arrastraba y yo nunca estuve inconsciente. Enseguida me di cuenta de que estaba bien, o sea, podía mover los brazos, las piernas, podía pensar, podía hablar. Había dos personas enfrente de mí que estaban bien también. Un señor al lado que no estaba tan bien, que le ayudamos un poco, y encontré milagrosamente mi móvil, apareció al lado mío porque estaba al lado del café. Es decir, saltó conmigo y apareció justo a mi lado.
P: ¿Y llamaste a tu mujer?
R: Llamé a mi mujer para tranquilizarla, con una voz que a mí me sonaba extrañamente calmada. No sé por qué me salió. 'Oye, mira, ha habido un accidente, pero no te preocupes, no es nada. Yo estoy muy bien'. Y una vez que tranquilicé a mi mujer, pues ya pudimos salir las tres personas que estábamos allí.
P: ¿Qué encontrasteis fuera?
R: Pues yo al principio tenía la sensación de que no había pasado nada. Porque no te lo crees y porque, además, como periodista yo había estado en Admauz al día, a las horas, pocas horas después. Entonces yo pensaba: 'No puede ser otro Adamuz, esto no puede pasar otra vez'. Y sin embargo, cuando empecé a avanzar, veía a la gente que iba saliendo como yo, y pensaba que no había pasado mucho, que simplemente el tren había descarrilado. Pero entonces vi a una señora que estaba sentada y que empezó a llorar a gritos.
P: ¿Estaba dentro del vagón?
R: Estaba fuera
P: En ese momento es cuando eres consciente de la envergadura
R: Dije 'aquí ha pasado algo grave'. Y luego ya me adelanté y vi el primer vagón, el vagón de cabecera. Y era un vagón que estaba completamente en el campo, ya fuera del talud y de la vía. Me acuerdo de que había una persona que estaba sentada en el asiento.
P: Esa imagen es tremenda, ¿no? ¿Pero sentada en el asiento?
R: Mirando para otro lado. No sé, era todo como increíble. No lo recuerdo bien, porque yo creo que es difícil de recordar por lo raro que es.
P: Esa es la sensación de irrealidad de la que habláis muchos de los supervivientes. Ahí ya eras plenamente consciente de que estabas en un gravísimo accidente.
R: Yo creo que a mí me salvó el hecho de ser periodista. Yo pensaba que a mí no me había pasado nada. Tenía una herida que pensaba que era un rasguño. No lo era, la verdad. Y por lo demás estaba bien. Y entonces llamé a mi jefa, Maribel, y le dije: 'Mira, que ha pasado un accidente y yo estoy muy bien'.
P: ¿Y te pusiste a hacer fotos?
R: No, me puse a mirar simplemente qué pasaba, pero ya con la mirada de un periodista. Y entonces para mí eso fue el anclaje en la realidad, porque eso ya lo he vivido.
P: Aquí tú eras el protagonista, pero no te sentías así
R: No, porque es decir, yo estaba bien y ya estaba en mi terreno. Es decir, esto ya lo conozco, esto ya lo he vivido. Entonces, bueno, pues vamos a hacer lo que sabemos hacer. Yo no soy médico, yo no sé atender a heridos, yo sé contar la historia. Entonces, pues, con todo el respeto del mundo, como siempre, iba por aquí, por allá, mirando y viendo lo que pasaba, hasta que a las dos horas, una hora y media, cuando ya estaba la Guardia Civil, un guardia civil me dijo: 'Oiga, ¿usted qué hace aquí? Váyase con los heridos', porque es verdad que yo sangraba mucho.
P: ¿Eras consciente de que sangrabas?
R: Sí, sabía que sangraba. Tenía el pantalón lleno de sangre, la camiseta. Pero yo siempre pensé que era un rasguño. Vamos, de hecho, mis compañeros del periódico me llamaban 'oye, manda un vídeo' porque yo les había dicho que yo no tenía nada.
P: Hasta que llegas al pueblo y te dicen 'oiga, caballero'.
R: Ahí ya un médico me dijo: '¿Pero usted dónde va? Tiene que quedarse aquí, no sé qué, vamos a analizarle y tiene que ir a un hospital a Toledo' y ya mi mujer venía a buscarme. Le dije que me iba para Madrid, que me atendían en un hospital de Madrid.
P: Antonio, cubriendo Adamuz hace nueve meses y estás de nuevo y, además como protagonista, afortunadamente de los bien parados, de esta enorme tragedia. Como tantos españoles, ¿pensaste que era imposible vivir dos veces eso?
R: No. A mí me parecía que eso no podía pasar, que otra vez pasara lo de Adamuz. Y sin embargo, cuando salí, había un señor que era del pueblo, estaba trabajando por allí. No me acuerdo si era agricultor o estaba por allí con una furgoneta. Y entonces hablé con él y le dije: '¿Pero qué es lo que ha pasado?' Porque lo que es extraño, que a mí ya me lo habían dicho testigos, es que tú no te enteras de mucho cuando estás allí, porque claro, tú solo ves tu parte del tren, solo ves tu parte de la historia. Y entonces este señor que había estado en el otro lado me dijo: 'No, no, lo peor ha sido en el otro, que hay un tren Iryo'. Y me dijo: '¿No ves?'. Había parte del fuselaje en nuestro tren que había saltado del golpe. Y entonces sí que me dije 'no puede ser otra vez Adamuz', porque en Adamuz había habido dos trenes, un Iryo y un AVE. Yo lo recordaba perfectamente y entonces digo: 'No puede ser otro'.
P: Pues era otro Adamuz y con más número de fallecidos. Antonio, cuídate.