Durante décadas, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, se ha presentado ante sus seguidores como "el señor de la seguridad". Es una estrategia que siempre le ha funcionado y que le ha llevado a convertirse en el líder israelí que más tiempo ha permanecido en el poder. Es también la que ha vuelto a elegir para este 27 de octubre, en los primeros comicios que celebra el Estado hebreo desde los atentados de Hamás del 7 de octubre de 2023, cuando su gobierno fue testigo del mayor fallo de seguridad de la historia del país hebreo.
El resto de altos cargos de seguridad nacional israelíes que estaban al mando ese día dimitieron, tanto jefes militares como de inteligencia. Sin embargo, Netanyahu ha rechazado cualquier responsabilidad y ha negado las múltiples informaciones publicadas recientemente sobre los presuntos avisos que recibió el líder israelí acerca de la ofensiva de Hamás, en la que fueron asesinados unos 1.200 israelíes. Pese al ajustado escenario que prevén las encuestas, el 'rey Bibi' (apodo por el que le conocen sus seguidores) aún tiene posibilidades de quedarse en su trono.
En el terreno internacional, Netanyahu, que suele interpretar cualquier crítica como antisemitismo, sigue perdiendo apoyos. El líder israelí, sobre el que pesa una orden de detención de la Corte Penal Internacional (CPI), se dirigió de nuevo hace unas semanas a una Asamblea General de la ONU prácticamente vacía, en la que aseguró que llamar a su país genocida por la guerra en Gaza era "la mayor mentira del siglo". Sfu gran aliado en Occidente, Donald Trump, con quien inició la actual guerra en Irán, ha tardado, pero, en el último momento, ha mostrado su apoyo a su candidatura electoral.
Garante de seguridad, pese a todo
Es cierto que el 7 de octubre sucedió bajo su mandato, pero la versión que Netanyahu ha conseguido sembrar es que "si todo hubiera dependido de él, aquello no habría pasado", argumenta Aviv Bushinsky, quien fue asesor del primer ministro en su primer mandato (1996-1999) y su jefe de gabinete durante su etapa como ministro de Finanzas (2003-2005). "Se las ha arreglado para establecer una ecuación según la cual, cuando hay seguridad, es gracias a Bibi, y cuando hay fallos de seguridad, necesitamos a Bibi. Ningún político había conseguido esto", sostiene.
Es percibido como el líder que "tuvo las agallas de enfrentarse a todos, de luchar en siete frentes, desde los hutíes hasta Irán, de plantarle cara a Biden y ser el tipo duro". "Por paradójico que parezca, Bibi es el número uno en seguridad", añade Bushinsky, que tras los ataques de Hamás pensó que Netanyahu "tenía que dimitir y asumir su responsabilidad". "La gente lo ve parcialmente responsable del 7 de octubre, pero se las ha arreglado para manipular la situación y decir: ‘No me avisaron a tiempo; si lo hubieran hecho, habría actuado y habría detenido este ataque’".
"Quizás pienses que odias a Benjamin Netanyahu. Créeme, si pasaras cinco minutos en una habitación con él, saldrías hablando maravillas. Te mentiría una y otra vez sin que te dieras cuenta", afirmó sobre él Ami Dror, quien trabajó como su guardaespaldas en los años noventa, en un artículo que escribió para The News Stateman el año pasado. En él, resalta su capacidad de "movilizar multitudes" y compara al mandatario con el líder de una secta: "Los miembros saben que el líder los está engañando. Pero no les importa, la ilusión es demasiado hermosa como para abandonarla".
El 7 de octubre "apenas tiene efecto" en la popularidad de Netanyahu, señala a RTVE el politólogo israelí Uriel Abulof, que argumenta que "los israelíes rara vez votan según sus opiniones políticas, y apenas tienen ninguna, en un sentido profundo". El voto, añade, "es sobre todo personal, tribal y emocional (como en la mayoría de los países supuestamente "democráticos"), por lo que la gente puede estar molesta por muchas cosas que haya hecho el Gobierno y, aun así, votar a Bibi y a sus partidarios".
Informaciones publicadas por medios como Haaretz recogen que diez días antes del ataque el líder de Emiratos Árabes Unidos, Mohamed bin Zayed, avisó a Netanyahu de que Yahya Sinwar, entonces líder de Hamás, preparaba una gran operación en suelo israelí. El primer ministro respondió que su país controlaba la situación y que la milicia palestina parecía centrada en sus ataques a Cisjordania. Tras la conversación, el líder israelí no comunicó su contenido ni al jefe del Estado Mayor ni a los responsables de la inteligencia israelí.
El líder israelí que se formó en EE.UU.
Nacido en Tel Aviv en 1949 y criado en Jerusalén, Netanyahu es el segundo de los tres hijos de una pareja de judíos de ascendencia lituano-polaca. Vivió su adolescencia entre Israel y EE.UU., donde su padre trabajaba como profesor de historia, y se graduó allí en una escuela superior de negocios. Sin embargo, a finales de los 60, en vísperas de la Guerra de los Seis Días, regresó al Estado hebreo para servir en una brigada de élite del Ejército.
Fue la misma brigada a la que perteneció su hermano Jonathan, quien murió en acto de servicio en Uganda en 1976, en una operación en la que se rescató a más de 100 rehenes secuestrados en un avión con ruta Tel Aviv-París. Esa muerte marcó para siempre el destino del primer ministro, que siguió sus pasos de dejar Estados Unidos, donde dio sus primeros pasos como adalid del antiterrorismo, y servir al Ejército israelí.
En 1984, tras varios años como segundo jefe de misión de la delegación diplomática, Netanyahu se convirtió en el embajador israelí ante la ONU, un puesto al que renunció en 1988 para iniciar su carrera política en el que ha sido su partido desde entonces, el Likud. Para entonces, formaba parte de los llamados 'príncipes' de la formación, un grupo de jóvenes con quienes competía por el liderazgo de un partido que, con los años, fue más y más personalista.
El periodista israelí Anshel Pfeffer, autor de una de las biografías del primer ministro, sostuvo lo siguiente en 2018: "Cuando uno se encuentra con auténticos militantes del Likud —cuyos padres y abuelos fueron miembros hace 50 o 60 años— sienten que Bibi les ha arrebatado el partido". "Ahora ya no es el Likud, es Bibi. La gente confía en Bibi y eso está muy por encima del partido", sostiene Bushinsky.
Netanyahu junto a la tumba de su hermano Jonathan Pool Getty
Casi cuatro décadas en el poder
Netanyahu se convirtió en primer ministro tras la muerte de Isaac Rabin, asesinado por un ultranacionalista judío contrario al proceso de paz con los palestinos. "Cuando fue elegido en 1996 [convirtiéndose en el primer ministro más joven de Israel y en el primero nacido en el Estado hebreo] intentó ser amable con todo el mundo y dijo: 'Estoy al servicio tanto de quienes me han votado como de quienes no'", explica Bushinsky.
Fue una de las voces más activas contra Rabin, pero Netanyahu no anuló los Acuerdos de Oslo. "Al final de su mandato se dio cuenta de que había cometido un error porque había perdido el apoyo de la derecha, pero ya era demasiado tarde para dar un giro", recuerda su ex asesor. Netanyahu perdió las elecciones contra el entonces laborista Ehud Barak y, antes de volver a la arena política en 2002, se dedicó por un tiempo a los negocios.
Tras ser ministro de Exteriores y de Finanzas, Bibi sumó los apoyos necesarios y volvió a ser primer ministro en 2009. Ese año, mientras Barack Obama presionaba hacia una solución de dos Estados, Netanyahu aceptó por primera vez la creación de un Estado palestino en un discurso en la Universidad Bar-Ilan, aunque sujeto a estrictas condiciones. "Lo hizo para complacer a Washington, realmente no creía en aquello", sostiene Bushinsky.
Pero 2015 fue, dice su ex asesor, "el punto de inflexión" en la carrera política del primer ministro. "Se acabó lo de complacer a toda la población y se centró en sus seguidores, abandonando cualquier debate sobre una solución de dos Estados y cualquier conversación con los palestinos. Se decantó por la derecha y eso le sirvió para mantener unida una coalición en un país de tendencia derechista, más aún tras el 7 de octubre", sostiene.
El Gobierno más derechista de Israel
Desde entonces, Netanyahu logró revalidar el gobierno en todas las elecciones, excepto por un breve impás de un año y medio en el que la llamada coalición del cambio de Naftali Bennett le arrebató el poder. En 2022, cuando lo recuperó, se puso al frente del Ejecutivo más derechista de la historia de Israel, integrado por partidos extremistas y supremacistas judíos, cuya política de Estado persigue la expulsión de los palestinos de sus tierras.
Más allá de la ofensiva en Gaza, que ha matado a cerca de 75.000 palestinos, durante los últimos años la violencia colona se ha disparado en Cisjordania. Está amparada por un gobierno que busca expandir los asentamientos y que este verano reactivó el polémico 'plan E1', que contempla la construcción de miles de viviendas pese al amplio rechazo de la comunidad internacional.
"Netanyahu nunca abandonará a su electorado para hacer nada que complazca a la otra parte y ahora tiene la excusa definitiva tras el 7 de octubre", asegura Bushinsky. Al mismo tiempo, el que fuera su asesor le describe como alguien que "siempre tiene justificación para todo lo que hace", incluso aunque contradiga lo que prometió, y que "cree que siempre hace lo correcto", y que todos los demás "no están hechos de la pasta necesaria para dirigir su país".
Abulof retrata a Netanyahu como "un maestro de las artes oscuras con un corazón duro como la piedra, que cree que las personas son profundamente egoístas, que van unas contra otras y, sobre todo, que van contra él". Sus seguidores le apoyan porque "se opone a quienes hace que ellos (sus votantes) teman y odien" y añade que el primer ministro lleva "más de tres décadas sembrando ansiedad y resentimiento y cosechando los frutos venenosos".
Las elecciones del 7 de octubre
Durante su última etapa en el Gobierno, Netanyahu se ha convertido en el primer jefe del Ejecutivo israelí en ser juzgado durante su mandato, acusado de fraude, abuso de confianza y aceptación de sobornos. El primer ministro testificó el pasado abril y solicitó un indulto presidencial que, seis meses más tarde, sigue en el aire. Sin embargo, nada de eso ocupa el debate político para estos comicios, ya que el asunto que más peso ha tenido en la precampaña ha sido, sin duda, el 7 de octubre.
A las múltiples informaciones sobre su presunto conocimiento de los ataques, se ha sumado en los últimos días la demanda interpuesta a Netanyahu por parte del exjefe de la inteligencia interior israelí (Shin Bet), Ron Bar, que le acusa de haber mentido sobre el ataque perpetrado por Hamás. Las encuestas arrojan una ligera ventaja del candidato de Yashar, el exgeneral derechista Gadi Eisenkot, que perdió a un hijo y dos sobrinos en la Franja y que ha basado su campaña en denunciar el fracaso estratégico del 7 de octubre.
Pero el desgaste no garantiza un cambio de gobierno, ya que el sistema político israelí hace difícil que la oposición pueda recabar los apoyos necesarios para desbancar a Netanyahu, bien conocido por su habilidad política y su capacidad negociadora. Una vez más, el primer ministro israelí tendrá que demostrar hasta qué punto puede llegar su superviviencia política.