De él, Ehud Olmert, ex primer ministro de Israel, dijo durante una entrevista con RTVE Noticias que era un hombre modesto, quizá no tan elocuente como Netanyahu, pero con una profunda firmeza moral, carácter reflexivo y modales responsables. "Fui su jefe, así que tal vez no sea la fuente más objetiva, pero todos los que han trabajado de cerca con él elogian su integridad y estabilidad", remarcó.
Se refería a Gadi Eisenkot, antiguo jefe del Estado Mayor General de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y principal baza de la oposición israelí para desbancar a Benjamín Netanyahu en las primeras elecciones legislativas que se celebran en Israel tras el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 y la feroz ofensiva en Gaza que le siguió.
Eisenkot ha convertido su reputación de hombre honesto en su bandera, hasta el punto de llamar al partido que fundó en 2025 "Yashar" ("recto", "honesto" en hebreo), una formación centrista y sionista liberal con la que espera derrotar al actual primer ministro, y que ya cuenta con los apoyos de Beyachad (Juntos), - alianza entre los partidos Yesh Atid y Bennet 2026 - Yisrael Beytenu, de Avigdor Liberman y Los Demócratas del laborista Yair Golan.
Con ellos formaría gobierno tras las elecciones, si bien Eisenkot defiende que dicha alianza sea encabezada por quien consiga un mayor número de votos, mientras Bennett y Liberman, aliados ocasionales pero también rivales políticos, se niegan a reconocerle como único candidato y, por ende, el que terminaría siendo primer ministro.
Una falta de consenso que podría acabar mermando las opciones electorales del bloque anti-Netanyahu, si bien los últimos sondeos le dan una cierta ventaja, aunque todavía sin una mayoría a la vista.
Gadi Eisenkot, líder del partido Yashar ("Recto"), es recibido por simpatizantes durante una manifestación antigubernamental previa a las elecciones generales de Israel, el sábado 24 de octubre de 2026, en Tel Aviv David Goldman AP
Carácter y raíces distintas a las de Netanyahu
"Eisenkot es alguien que proyecta autenticidad y responsabilidad, aunque carece de la brillantez retórica y la habilidad política de su mayor adversario", dice a RTVE Noticias la politóloga Gayil Talshir, de la Universidad Hebrea de Jerusalén.
Frente a Netanyahu, un líder carismático que domina el escenario, cuida su imagen y habla buen inglés, aprendido durante sus años universitarios en EE.UU., Eisenkot conserva un aspecto algo desaliñado y una oratoria menos locuaz, prosigue Talshir. Esa falta de sofisticación, dice, también alimenta la percepción de cercanía entre posibles electores, muchos de ellos conservadores y desencantados con la gestión de Netanyahu antes y durante lo ocurrido el 7 de septiembre, especialmente su falta de voluntad para abrir una comisión estatal que investigue los múltiples fallos de seguridad que se sucedieron ese día, el más trágico en la historia del país. Una exigencia que decenas de miles de israelíes volvieron a pedir el pasado fin de semana en las calles de Tel Aviv. Para el sociólogo israelí, Lev Brinberg, entrevistado por TVE, el exgeneral, que estuvo presente en las protestas donde fue recibido al grito de "presidente, presidente", "está tratando de demostrar que tiene liderazgo como militar, que puede traer seguridad".
El contraste con Netanyahu comienza incluso en sus orígenes. El primer ministro, askenazí e hijo del historiador Benzion Netanyahu, un experto, por cierto, en la Inquisición española y en los judíos expulsados en el siglo XV de Sefarad ("España", en hebreo), creció en un entorno académico entre Israel y Estados Unidos.
Eisenkot, en cambio, nació en Tiberíades en 1960, en una familia de inmigrantes judíos marroquíes, y se crio en la ciudad costera de Eilat, lejos de los centros de poder de Israel. Pertenece al mundo mizraji, el de los judíos procedentes de Oriente Próximo y el norte de África, cuya memoria de discriminación por las élites de origen europeo (askenazíes, como la familia Netanyahu, de origen polaco) ha determinado profundamente la política del país, siempre sacudida por las tensiones étnicas internas.
Precisamente, es en el electorado mizrají ("oriental", en hebreo), sefardí o Beta (etíopes que vivieron durante siglos aislados del resto del mundo judío y que llegaron a Israel en operaciones de rescate en los años 80 y 90) donde el Likud ha mantenido durante décadas un fuerte arraigo. Hoy, Eisenkot se dirige especialmente a ellos, pero desde una biografía reconocible y compartida, aunque compartir origen no garantice compartir voto.
Un rabino posa con su shofar junto a fotografías del rey de Marruecos, Mohamed VI, en la entrada de la sinagoga Bet El, en Marrakech, en vísperas de la festividad judía de Rosh Hashaná Alexi Rosenfeld Alexi Rosenfeld /Getty Images
De dónde viene su fama de hombre estricto e implacable
Aunque formado en mecánica naval, a los 18 años Eisenkot escogió la infantería dentro del Ejército y se alistó en la Brigada Golani, una de las unidades más antiguas y condecoradas del país, donde el servicio militar es obligatorio para hombres y mujeres.
Cuando estalló la primera guerra del Líbano, en 1982, se encontraba de permiso poco antes de licenciarse. Al conocer las bajas sufridas entre los mandos de su compañía en la fortaleza medieval de,Beaufort —considerada una batalla decisiva en la guerra con Hezbolá—, regresó al frente haciendo autostop y asumiendo el mando. Pronto pagó un precio por sus iniciativas: en 1984 fue obligado a terminar anticipadamente una misión tras negarse a interrumpir las vacaciones de sus soldados para una actividad que consideraba prescindible.
De sus subordinados se sabía los nombres, los cursos que habían hecho y los problemas personales que presentaban, los cuales iba anotando en una libreta. Pero aquella memoria de la que hizo fama tenía detrás un metódico objetivo: la atención a sus hombres convivía con una disciplina estricta. Cuando terminó dirigiendo Golani no le tembló el pulso para enviar a prisión a decenas de militares y disolver una compañía que se había amotinado.
Después de aquello mandó fuerzas en Cisjordania y ocupó puestos centrales en operaciones y en el frente norte. En esos años se convirtió en el principal exponente de la controvertida doctrina Dahiya, según la cual Israel emplearía "una fuerza desproporcionada" y causaría "enormes daños y destrucción" si era atacado. Una estrategia que ha alcanzado su máxima expresión en la devastación sin precedentes infligida a la Franja de Gaza tras lo sucedido en octubre de 2023.
Años antes, Netanyahu y su ministro de Defensa, Moshe Yaalon, le eligieron jefe del Estado Mayor, cargo que ejerció entre 2015 y 2019. Durante ese mandato, que llegó tras la guerra de 2014 —la más mortífera antes del 7 de octubre—, se desarrolló la llamada "guerra entre guerras", operaciones destinadas a debilitar al adversario pero evitando un conflicto abierto, la misma política que implementó Netanyahu durante décadas hasta su progresivo viraje hacia la ultraderecha.
Otra de las batallas que decidió librar, aún en contra de su primer ministro, fue la de Elor Azaria, el soldado que en 2016 mató de un disparo en la cabeza a un palestino que yacía herido en el suelo, en la ciudad de Hebrón, después de haber participado en el ataque con arma blanca de un soldado israelí.
Eisenkot respaldó el procesamiento del soldado. El caso dividió a la sociedad y enfrentó a la cúpula militar con quienes reclamaban protección para el militar. Netanyahu, que había elegido a Eisenkot para el cargo, llegó a pedir el indulto de Azaria.
El soldado israelí condenado Elor Azaria (centro), flanqueado por sus padres, durante una vista ante el tribunal militar israelí el 30 de julio de 2017 EFE
Cómo y cuándo rompió con sus jefes
En 2022, cumplido el periodo de espera que la ley impone a los altos mandos antes de concurrir a unas elecciones, Eisenkot decidió dar el salto a la política junto a Benny Gantz. Tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, ambos se incorporaron al Gobierno de emergencia de Netanyahu y Eisenkot entró como observador en el gabinete de guerra. Dos meses después, el 7 de diciembre, su hijo Gal, reservista de 25 años, murió durante una operación en Yabalia, en el norte de Gaza. La familia perdió también a dos sobrinos en la guerra.
Aquel duelo se superpuso a las decisiones que debía tomar como miembro del Gobierno. Durante la semana de luto por su hijo, Eisenkot salió de casa para acudir a una reunión de seguridad, agrandando su fama de hombre siempre comprometido con la seguridad de su país. En enero de 2024, cuando aún participaba en el gabinete, llegó a explicar en el programa Uvda, del canal 12 israelí, que "antes de acabar con Hamás, recuperar a los rehenes debía ser la prioridad", exigiendo un acuerdo con la milicia islamista y cuestionando que los dirigentes estuvieran diciendo la verdad a la población.
La ruptura con el Ejecutivo liderado por Netanyahu llegó en junio de 2024, cuando dimitió junto a Gantz por sus discrepancias con la conducción de la guerra y la falta de una estrategia para alcanzar sus objetivos. En 2025 se separó también de su antiguo compañero y puso en marcha Yashar. Su candidatura nace de esa doble separación, del primer ministro al que sostuvo durante la emergencia y del dirigente que facilitó su llegada al Parlamento.
Benny Gantz, exministro de Defensa e integrante del gobierno de emergencia, consuela al exjefe del ejército Gadi Eisenkot durante el funeral de su hijo en el cementerio de Herzliya, el 8 de diciembre de 2023 Alexi J. Rosenfeld Alexi J. Rosenfeld
Qué cambiaría (y qué no) con Eisenkot
La comisión estatal independiente que reclama para investigar el 7 de octubre es una de las diferencias más claras con Netanyahu y una exigencia que también afirma exigirse a sí mismo. En aquella entrevista de Uvda, en la que habló de la necesidad de depurar responsabilidades, incluyó a quienes habían ocupado puestos políticos y militares durante la década anterior, también a él como jefe del Ejército. Con ello reconocía que la investigación debía alcanzar decisiones anteriores al día del ataque y una etapa en la que había contribuido a preparar a las Fuerzas Armadas.
También ha prometido revertir los cambios en el sistema de designación de jueces, mientras el programa de Yashar defiende la independencia judicial, los derechos de las minorías, una administración profesional y la lucha contra la corrupción. La limitación a dos mandatos del primer ministro completa esa propuesta de reforma institucional frente a un gobernante, Netanyahu, procesado por corrupción pero que aún niega haber cometido delitos. Defiende, además, extender el servicio militar a los ultraortodoxos.
En Gaza, su promesa más reciente marca el tono. El 15 de octubre se comprometió a poner fin al gobierno de Hamás y destruir su brazo militar en los 18 meses siguientes a su llegada al poder, mediante el plan de Trump o recurriendo a medios militares. La discrepancia con Netanyahu se centra aquí en cómo alcanzar un objetivo compartido y en su capacidad para hacerlo, más que en ofrecer una política conciliadora hacia la Franja.
En Cisjordania, promete actuar con más firmeza contra los colonos violentos y evacuar puestos de avanzada no autorizados por Israel en las áreas A y B del territorio ocupado. La propuesta distingue esos enclaves del resto del proyecto de asentamientos, que respalda sin ofrecer un plan general de retirada.
Así, su rechazo a un Estado palestino en las condiciones actuales es más explícito que su propuesta para después. A la vez, se opone a anexionar toda Cisjordania, pero no porque quiera darle una oportunidad a la solución de los dos Estados, sino porque incorporar a millones de palestinos a la sociedad israelí pondría en peligro su mayoría judía. Entre esas posiciones queda sin resolver el horizonte del conflicto: aboga por contener a los colonos violentos, pero no asume un programa para acabar con la ocupación. "Eisenkot es derechista, tan derechista como Netanyahu", dice sobre su ideología el historiador argentino-israelí, Meir Gargalit. "En las cuestiones más importantes del Medio Oriente, palestinos, Siria, Líbano, Irán, etc., tienen la misma agenda, pero si llegara al poder al menos no tendríamos figuras tétricas como Ben Gvir (actual ministro de Seguridad Nacional) o Smotrich (ministro de Finanzas)".
La mayoría que le falta
Por el momento, el líder de Yashar necesita atraer a votantes del campo del Likud de Netanyahu y conciliar a partidos unidos únicamente por el propósito de reemplazarlo, aún cuando están alejados en cuestiones esenciales. Su mayor dificultad se concentrará en los apoyos que estará dispuesto a aceptar.
Los partidos árabes volverán a ser decisivos en estos comicios para lograr una mayoría alternativa, pero él, como la mayoría de los líderes de la derecha israelí, rechaza depender de ellos. Acercarse a los ultraortodoxos tampoco resulta sencillo: su propuesta de llamarlos a filas choca con una exigencia fundamental de sus dirigentes, que exigen su exención del servicio militar para poder dedicarse únicamente al estudio de la Torá.
Igualmente, en una entrevista con Radio 103FM, se comprometió a no servir bajo Netanyahu ni siquiera mediante un acuerdo de rotación. Es más, aseguró que, si llegara a ocurrir, dimitiría una hora después. No descarta, en cambio, gobernar con el Likud, pero sin Bibi.
Si después de las urnas Eisenkot no lograra reunir los apoyos para sustituirle, el "mago" podría continuar en funciones aunque el Likud no fuera la primera fuerza. Para Eisenkot, la prueba será reunir una mayoría capaz de relevarle, pero sin incumplir los compromisos que sostienen su reputación de integridad y que marcarán la negociación más difícil de su carrera.