En el ambiente festivo de la entrega de los Premios Princesa de Asturias, el rey entraba en la precampaña con uno de sus discursos más 'políticos', digamos. Con la vista puesta en el 29N, aseguraba que "el ejercicio de la democracia" no se agota "en unas elecciones como las que pronto viviremos, donde los ciudadanos tendrán, una vez más, la altísima responsabilidad de definir la orientación política de nuestro país".
El llamamiento de Felipe VI a la participación en las elecciones parece evidente. No únicamente. También se podia apreciar, entre lineas, cómo afeaba los enfrentamientos de los políticos al hablar de civismo. En este sentido, añadía el rey que "la democracia requiere de un compromiso diario, cívico y exigente, de un cuidado de sus formas e instituciones, para seguir garantizando nuestra convivencia". Nada que añadir.
Y no se quedaba ahí. Nos recordaba nuestra reciente Historia mencionando la dictadura y alabando la Transición. Decía textualmente que "nos permitió nada menos que pasar pacífica y admirablemente de la dictadura a las libertades.
Reflexiones bien traídas, nos parece, en un momento en el que la bronca política enfada y desanima a los ciudadanos. En un momento en el que escuchamos insultos y vemos como único objetivo acabar con el adversario político y pocas o ninguna propuesta que nos ayude el 29N a escoger la papeleta de votación.
También la princesa Leonor profundizaba en el momento que vivimos, más exactamente cómo lo vive su generación. E incluso mencionaba uno de los principales temas que ocupan el debate público: la vivienda. "Cómo digerimos la falta de expectativas e imposibilidad de planear una vida, tener un trabajo de calidad, una vivienda."
Y en ese contexto, repetía la cita de un cantautor de marcado perfil socialista: "Un poema de Serrat" —decía Leonor, y seguía— "la invoco de nuevo, precisamente porque percibo cierto desaliento, quizá escepticismo, quizá indignación".
El rey y su heredera no pueden hacer política. Y no la hacen. Pero tampoco pueden ni deben obviar realidad del país en el que viven y reinan. Aunque sea con sutileza. Hacen bien.
Feijóo y Abascal rehúyen a Milei en su visita a Madrid
"Impresentable dictador", "corrupto", "autoritario Pedrito". Son algunos de los insultos con los que el presidente de Argentina, Javier Milei, se refería al jefe del Gobierno español elegido democraticamente.
Lo hizo ante un amplio auditorio que aplaudía semejantes acusaciones. Un público entre el que se encontraba el presidente del Senado. No sabemos si Pedro Rollán, del PP, fue de los que aplaudian; sí sabemos que es la cuarta autoridad del Estado y que ante tales ataques a Pedro Sánchez debería haber mostrado su desacuerdo por la falta de respeto a quién fue votado por los españoles. Podría, por ejemplo, haberse ido de la sala. O a la salida haber mostrado su molestia ante la prensa. Pero Rollán, el presidente del Senado, no lo hizo. No hizo ni dijo nada.
La presencia de Milei en Madrid terminó siendo una visita incómoda para Vox y para el PP, para Abascal y para Feijóo que pusieron pies en polvorosa para alejarse del presidente argentino, con kilómetros de por medio. Solo Ayuso, la presidenta de Madrid, más amiga suya, estuvo dispuesta a reunirse con y facilitar las imágenes que quiso su equipo. No hubo cobertura de medios de comunicación. Control de daños.
Y sí, control de daños, ya que desde que puso pie en Madrid Milei no hizo más que dar artillería electoral a la izquierda, especialmente al PSOE, contra PP y Vox. Hasta fuentes de esos dos partidos lo reconocían.
Los socialistas le dieron la vuelta a los insultos que recibió Pedro Sánchez del hombre de la motosierra y parece que ha movilizado a sus votantes. Milei pretendía descalificar a la izquierda política llamándoles "zurdos". Un calificativo al que el PSOE le dio la vuelta incluso con un vídeo del presidente Sánchez asegurando: "Sí, orgulloso de ser zurdo". Camisetas, pins, carteles con esa frase se veían enseguida en los mítines del PSOE.
El dirigente argentino, ejemplo de los recortes sociales, el hombre de la motosierra, ha conseguido favorecer a sus oponentes ideológicos que le ponían de ejemplo para advertir de lo que pasará en España si hay un Gobierno PP-Vox.
Y no es corporativismo pero hay que subrayar también el ataque de Milei a la prensa argentina y española durante sus 24 horas en Madrid. Sin periodismo no hay democracia.
El contrato de Feijóo con España podría recortar derechos vigentes
Feijóo reconocía en una entrevista en la SER que “mi primer objetivo es que Sánchez se vaya”. Es, por lo que parece, el primer punto del programa electoral. Y si antes recelaba de hablar explícitamente de pactos con Vox ahora, ya en precampaña, no oculta su voluntad de cerrar un gobierno de coalición con Abascal. Dispuesto decía literalmente a “completar” la mayoría con Vox.
El candidato popular a la Moncloa ponía las cartas sobre la mesa. Entre sus promesas electorales, suprimirá, si gana, el Ministerio de Igualdad, aunque aseguraba ser feminista y argumentaba que "cómo no voy a ser feminista si me he criado en mi casa con muchas más mujeres que hombres!”.
Más sobre sus promesas de gobierno; modificaría el derecho actual de las menores de 16 años a abortar sin el conocimiento de sus padres y también pretende reformar la ley del derecho a la eutanasia. Se ocupará, añadía si llega a Moncloa, de la subida del Salario Medio y no del Salario Mínimo Interprofesional, sin aclarar más. Además aseguraba que garantizará la "viabilidad" de las pensiones aunque no concretaba cómo haría esa "viabilidad".
Con ese objetivo Feijóo abandona su bandera de que gobierne la lista màs votada como lleva defendiendo desde 2023. Ahora, por si su candidatura no alcanza el primer puesto, ya está dispuesto a llegar a Moncloa aún siendo el segundo más votado si le salen las cuentas con Vox. Vaya, lo que hizo el PSOE y tanto ha criticado Feijóo.
En definitiva, objetivo "derogar el sanchismo", como ha insistido una y otra vez desde el comienzo de la legislatura.
Cara a cara Sánchez-Broncano
Si quienes se quedaran viendo la hora y media de la entrevista de David Broncano a Pedro Sánchez esperaban novedades sobre el programa electoral del candidato a la reelección, se fueron a la cama sin novedad.
Y no es que el director de La Revuelta de TVE no sacara los temas candentes. Broncano le preguntó por la vivienda. "Habéis llegado tarde", le espetó al presidente, al que tuteó durante todo el programa. Sobre Ceuta le arrancó que "podríamos haberlo hecho mejor".
No consiguió el presentador que Sánchez entrara en el charco de Zapatero. Sobre la imputación de Begoña Gómez, la mujer del presidente, y la condena de su hermano, David Sánchez, Pedro Sánchez volvía a defender con contundecia "la inocencia" de ambos.
Para lo que sí sirvió La Revuelta fue para ver la 'otra cara' del presidente del Gobierno. Perfectamente preparado para un tipo de programa difícil para un político, Sánchez mostraba su rostro mas relajado y divertido.
El debate es si con su participación en la Revuelta el candidato a la reelección para seguir en Moncloa consiguió o no movilizar a su hipotético electorado. No tenemos respuesta. Pero sí datos de audiencia que demuestran que interés, y mucho, sí despertó. La Revuelta consiguió una audiencia media de 4 millones de telespectadores con picos de 7 millones. ¡Nada más y nada menos!. Como un mundial de fútbol, para que se hagan una idea.
Ahora esperemos que vayan el resto de los cuatro principales candidatos a la presidencia del Gobierno a los que ha invitado Broncano. De momento Feijóo no ha respondido, al escribir esta crónica. Confiemos en que acepte ir a TVE, la pública. ¡Siempre la pública!.