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Lula gana las elecciones de Brasil y logra su cuarto mandato: "Este país no va a ser el patio trasero de nadie"

  • El presidente izquierdista ha desafiado a las encuestas y ha sacado cuatro millones de votos a Flávio Bolsonaro

  • Brasil se mantiene como reducto progresista en América Latina

Álex Mateos
7 min.

En un recuento de infarto, el presidente izquierdista Lula da Silva, con el 51,78% de los votos, ha vencido al candidato derechista Flávio Bolsonaro en las elecciones presidenciales de Brasil. De esta forma, Lula vuelve a proclamarse mandatario del país, lo que supone su cuarto mandato no consecutivo, y le confirma como la resistencia progresista en América Latina.

La distancia entre ambos ha sido de cuatro millones y medio de votos.

A pesar de que Lula se había adelantado al inicio del balotaje, la distancia entre ambos se ha ido reduciendo hasta que ambos han rondado el 50% de los votos. A mitad del escrutinio, el líder del Partido de los Trabajadores (PT), que había sido superado por unos minutos por su contrincante, se ha posicionado nuevamente, lo que ha provocado los vítores y las celebraciones de sus seguidores en los lugares donde se sigue el recuento.

Esta victoria supone un hecho inédito, ya que nunca un candidato ha ganado el balotaje final tras ser segunda fuerza en la primera vuelta.

En sus primeras declaraciones tras ser reelegido, Lula ha agradecido al pueblo brasileño por haber "estado con él tanto tiempo": "En especial, a la juventud brasileña por haber salido a las calles a defender la democracia y a los jubilados. He visto a ancianos que se desplazaban a pesar delas dificultades". Además, Lula ha hecho mención a la supuesta injerencia externa de Estados Unidos en los comicios: "En estas elecciones hemos tenido que derrotar a una intromisión exterior". Sobre este papel ante Washington, el líder izquierdista ha defendido la soberanía del pueblo brasileño: "Este país no va a ser el patio trasero de nadie".

También ha dedicado unas duras palabras a su rival Flávio, y ha considerado que "nunca había conocido a nadie" que "pueda mentir tanto".

El octogenario mandatario e histórico sindicalista ha vencido de nuevo al bolsonarismo como ya hizo en las elecciones de 2022 frente al ex presidente convicto Jair Bolsonaro, padre de su actual rival. En esta ocasión Flávio ha recogido el testigo de su progenitor con el neoliberalismo económico de Javier Milei y la política carcelaria de Nayib Bukele como modelos.

159 millones de brasileños han sido llamados a las urnas en las elecciones más disputadas de la historia de la democracia del país, ya que durante las semanas de campaña, los sondeos han pronosticado un empate técnico entre ambos.

La noche ha comenzado con suspense, después de que el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula solicitase al Tribunal Superior Electoral (TSE) extender dos horas el horario de votación en al menos nueve estados federales ante "incidencias en el transporte de votantes". Finalmente, el Tribunal Supremo de Brasil ha aceptado esta petición. Bolsonaro también había solicitado tiempo adicional en tres estados, alegando las malas condiciones meteorológicas.

Este balotaje final se produce después de una primera vuelta el pasado 4 de octubre en la que Flávio ganó con un 47% de los votos, ante la sorpresa de la mayoría de los sondeos. Desde entonces, el líder del Partido Liberal (PL) se ha mantenido levemente favorito en las encuestas, durante unas semanas de campaña marcadas por la polarización entre los dos aspirantes y sus simpatizantes.

A pesar de proclamarse presidente, Lula tendrá el difícil reto de aprobar decretos en una Cámara de Diputados dominada por la extrema derecha de Bolsonaro, que logró 121 escaños en la primera vuelta.

Con esta victoria, Lula frena la ola de mandatarios conservadores en América Latina. En los últimos tres años, casi una decena de líderes derechistas afines a Washington han conquistado los gobiernos de sus países. Una alianza que Trump bautizó como el Escudo de las Américas y que ahora busca inscribir a un nuevo aliado en el Estado brasileño. La relación entre el Trump y Lula ha sido tensa desde su vuelta a la Casa Blanca, y EE.UU. ha sancionado con aranceles en diferentes productos durante estos dos años.

Lula da Silva gana las elecciones en Brasil XINHUA vía Europa Press Europa Press

Las claves de una sorprendente victoria

A pesar de que Flávio había ganado la primera vuelta, algo que en el resto de comicios suponía una victoria prácticamente asegurada, Lula ha protagonizado una remontada histórica.

La remontada del izquierdista comenzó a fraguarse tras la movilización social que provocó la sanción a la Big Tech Meta por haber favorecido en sus aplicaciones la campaña de Flávio: el verificador brasileño Aos Fatos detectó 255 perfiles de Instagram que publicaban contenidos generados con inteligencia artificial para favorecer a los Bolsonaro.

Esta injerencia de las multinacionales de Estados Unidos, país que ha seguido muy de cerca estos comicios, han pasado factura a un Flávio a quien Lula ha acusado de mostrarse “sumiso” ante Washington.

Pero la victoria del veterano político no puede entenderse sin el papel de André Janones, diputado y arquitecto digital de su campaña. Janones creó el canal de WhatsApp "Ejército de Lula", que superó los 10 millones de seguidores desde su creación el 5 de octubre, un día después de su derrota en su primera vuelta. Janones asumió la figura de "general" de este ejército ficticio para dirigir a la masa de seguidores a marcar tendencias digitales, saturar de comentarios las publicaciones de los opositores o contrarrestar narrativas de desinformación.

Estos primeros comicios resultaron un antes y un después en el papel de Lula su campaña. Fue un toque de atención para volverse más agresivo, más activo y enérgico. En los debates electorales, el presidente asestó varios golpes letales a Bolsonaro, como cuando el candidato conservador se burló del dedo que le faltaba a su rival. Lula respondió que ese dedo lo había perdido mientras trabajaba en el sector metalúrgico de adolescente, algo que él "no había hecho jamás". Tras esto, Flávio tuvo que pedir disculpas.

Además, la reivindicación de sus políticas sociales fue otro de los pilares de su campaña. Defendió el subsidio para las bajas rentas de Bolsa Familia, lo que le permitió conectar con el electorado más pobre..

La remontada de Lula tuvo uno de sus símbolos más importantes en Minas Gerais, el segundo mayor colegio electoral de Brasil y un estado considerado tradicionalmente un espejo de las tendencias nacionales.

Dos líderes antagónicos: seguridad contra medidas sociales

Este balotaje ha enfrentado a las dos corrientes ideológicas más populares del país: el lulismo, representado por el histórico sindicalista octogenario; y el bolsonarismo, con Flávio recogiendo el testigo de su padre.

Bolsonaro ha votado en Río de Janeiro, su feudo electoral, aunque ha seguido el recuento electoral en Brasilia, donde su padre cumple arresto domiciliario por un intento de golpe de Estado en 2022, cuando perdió las elecciones contra Lula. "Brasil va a cambiar. Brasil va a vencer", ha asegurado el líder conservador tras votar.

Por su parte, Lula ha votado en la escuela estatal João Firmino Correia de Araújo, en São Bernardo do Campo, municipio vecino a São Paulo, donde se dio a conocer en los años setenta como líder sindical y donde comenzó su carrera política. "El pueblo fue a la calle a defender sus conquistas", ha afirmado. El izquierdista también ha criticado a su rival, a quien considera un "miliciano", al igual que su padre.

Ambos candidatos difieren por completo en su visión de Brasil: mientras que Bolsonaro pretende alinearse geopolíticamente con la entente de Argentina, Israel y Estados Unidos, Lula apela a la soberanía nacional y acusa a su rival de someterse a Washington.

En materia económica, Flávio defiende aplicar un tesouraço (tijerezato) y reducir el poder del Estado. El PT, por su parte, promete un incremento del 15% del subsidio público Bolsa Familia, una de las creaciones de Lula durante sus primeros mandatos entre 2003 y 2011, cuando Brasil se convirtió en octava potencia mundial.

Para hacer frente a un descenso en su popularidad, que llegó a caer al 47%, Lula ha aprobado una serie de medidas sociales, como la reducción de la jornada laboral de seis a cinco días o la prohibición de las apuestas deportivas online, una de las principales epidemias del país.