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La Bóveda Global del día después guarda el futuro de la humanidad en Svalbard

  • Recibe el Princesa de Asturias de Cooperación Internacional como ejemplo de colaboración entre países

  • En una montaña del Ártico noruego se conservan más de 1,4 millones de muestras de semillas de todo el mundo

Pilar Requena
16 min.

La Bóveda Global de Semillas de Svalbard, en Noruega, es un modelo de colaboración que reúne a países, científicos e instituciones para proteger la diversidad agrícola mundial, uno de los patrimonios más esenciales del planeta. Su valor reside también en la confianza entre países de todo el mundo para trabajar juntos en la preservación de un legado común. Inaugurada en 2008, la Bóveda conserva duplicados de semillas para evitar que una guerra, una catástrofe o la desaparición de un banco genético hagan irrecuperables variedades desarrolladas durante generaciones. La guerra de Siria ya demostró que esta reserva puede salvar colecciones científicas destruidas. Los conflictos de Ucrania y Sudán y la aceleración del cambio climático refuerzan la necesidad de asegurar la diversidad agrícola y garantizar la seguridad alimentaria de las próximas generaciones.

En una montaña de Svalbard se esconde un tesoro universal

Svalbard es un archipiélago noruego en el océano Ártico, el lugar que más se calienta del planeta. Bajo una de sus montañas, en el permafrost, se guarda una parte del futuro de la humanidad. Las cámaras, en las que se almacenan las semillas, se encuentran al final de un túnel excavado en la montaña, que se adentra a 130 metros de profundidad. Es el lugar más seguro para las colecciones de semillas. Hay capacidad para 4,5 millones de variedades.

La Bóveda Global de Semillas en Svalbard en 2024 RTVE

La Bóveda Global de Semillas alberga la gran copia de seguridad de la diversidad agrícola mundial. En su interior hay ya conservadas más de 1,4 millones de muestras, de 6.589 especies y de 135 depositarios. Cada año aumentan las muestras y los depositantes y permanece la idea de conservar duplicados de las colecciones que alimentan la agricultura del mundo. Lo importante es que se conserven, no su número total, ya que una variedad puede ayudar a afrontar una sequía que todavía no conocemos, una enfermedad que aún no ha aparecido o una plaga que amenace un cultivo básico. También puede permitir recuperar una colección destruida por una guerra o por una catástrofe.

El crecimiento importa, pero también quién confía sus semillas a la montaña. La red reúne bancos nacionales, centros internacionales de investigación y otras instituciones que conservan recursos genéticos vegetales. La Bóveda no se apropia de esas semillas ni las distribuye, las conserva como duplicados de seguridad, y cada institución mantiene la propiedad y el control sobre su material. El jurado del Premio Princesa de Asturias destacó su "cooperación silenciosa", porque es en el silencio y la paz de la montaña donde están almacenadas, por el bien común, semillas incluso de países en conflicto.

Bóveda GLobal de Semillas de Svalbard, Noruega RTVE

Un premio a la cooperación internacional que funciona

La Bóveda es también un ejemplo de multilateralismo, una alianza internacional que se concreta en una tarea práctica, proteger la diversidad de los cultivos de la que dependerá la alimentación futura. Para Noruega, propietaria de la instalación, demuestra que la seguridad alimentaria puede convertirse en una responsabilidad compartida. NordGen y Crop Trust, socios del Ministerio de Agricultura de Noruega. Subrayaron que el premio reconoce la conservación de la diversidad agrícola y también la confianza que permite a instituciones de distintos países trabajar juntas. La Bóveda es una infraestructura noruega, pero cada caja de semillas que llega representa una institución que confía en que su colección estará protegida, si algo destruye o vuelve inaccesible el original.

El ex secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, describió la Bóveda como una "póliza de seguro global" y como un regalo de Noruega a la humanidad y "símbolo de paz". En un momento de guerras, rivalidad entre grandes potencias, crisis climática, debilitamiento de algunas instituciones multilaterales y de catástrofes naturales, se representa una cooperación que no necesita de grandes discursos para demostrar su utilidad. Las semillas no votan, ni conocen fronteras, ni diferencias políticas. Una variedad puede haber sido seleccionada durante siglos por agricultores de una comunidad y ser utilizada mañana por científicos de otro continente para desarrollar un cultivo resistente a una enfermedad. La Bóveda ha convertido un acuerdo internacional en algo concreto, en cajas perfectamente identificadas que se conservan a -18 grados en una montaña.

Informe semanal - Las semillas del día después

Una idea que nació en una mina

La Bóveda Global de Svalbard abrió sus puertas el 26 de febrero de 2008, pero la historia empezó mucho antes. En Longyearbyen, la capital del archipiélago noruego, existe, muy cerca de la Bóveda, una antigua mina de carbón, la Mina número 3, cerrada en 1996. Allí comenzó, en 1984, el almacenamiento de semillas de colecciones nórdicas y, en 1986, se puso en marcha un experimento para estudiar cuánto tiempo podían sobrevivir en el permafrost. La investigación, concebida para prolongarse durante un siglo, es una referencia para entender la conservación a largo plazo. Hoy esa mina se puede visitar. Uno de sus guías, Leif Arne Bjørkas, nos mostró los botes y cajas de semillas que todavía permanecen en la mina. "Aquí está el almacén original. Todavía quedan un montón de semillas en cajas que datan de todo el periodo desde 1986", nos explicó. Y, señalando el hielo adherido a la roca, añadió: "Es permafrost, en el techo hay hielo del permafrost. Así es como se almacenaron las semillas en la bóveda de semillas original".

La antigua mina demostró el potencial de utilizar las condiciones naturales del Ártico, pero también puso de manifiesto sus limitaciones. El permafrost aporta frío de manera natural, aunque una conservación fiable durante décadas y siglos exige controlar la temperatura, la humedad, el acceso y la seguridad. La experiencia acumulada allí contribuyó a la creación de la instalación actual, la Bóveda de las semillas del día después, que combina la protección geológica de la montaña con sistemas técnicos de refrigeración. La entrada de la Bóveda se abre en la ladera de la montaña de Platåberget. Las semillas están almacenadas con refrigeración artificial. El permafrost proporciona una segunda barrera de seguridad. Åsmund Asdal, coordinador de la Bóveda durante once años, nos aseguraba que el frío natural de la montaña ayuda a proteger las muestras incluso ante un fallo temporal del sistema de refrigeración. Pero la conservación no depende solo del hielo: se mantiene a una temperatura controlada de -18 grados.

Interior de la mina donde se probó la conservación de las semillas en Longyearbyen, Noruega RTVE

La seguridad, ante todo

La función de Svalbard no es sustituir a los bancos de genes, cada institución conserva sus colecciones originales y envía duplicados a la Bóveda. Las semillas siguen siendo propiedad del depositante y solo esa institución puede solicitar su retirada. El depósito es gratuito y las cajas permanecen selladas. La esperanza es que nunca se necesite sacarlas, pero, si ocurre lo peor, es crucial este depósito en el Ártico. Asdal nos recordó que los bancos de genes pueden perder sus materiales por guerras, conflictos, inundaciones, incendios o por falta de recursos para mantenerlos. La Bóveda no evita que ocurran esas tragedias, pero puede impedir que la pérdida sea irreversible. Esa idea, sencilla en apariencia, tiene consecuencias enormes: una copia almacenada a miles de kilómetros puede permitir reconstruir una colección que ha desaparecido en su lugar de origen.

La hipótesis se convirtió en realidad durante la guerra de Siria. En Alepo, estaba el banco de genes de ICARDA, el Centro Internacional de Investigación Agrícola en Zonas Áridas. Su colección reunía alrededor de 150.000 muestras de cultivos adaptados a regiones áridas, esenciales para agricultores y científicos de numerosos países. La guerra hizo imposible mantener la actividad. Más del 80% de la colección siria había sido duplicada antes de que el conflicto obligara al personal a abandonar Alepo. Esa previsión permitió que ICARDA solicitara a la Bóveda de Svalbard la devolución de las muestras necesarias para reconstruir su banco de genes en nuevas instalaciones. La primera retirada se produjo en 2015 y hubo nuevas solicitudes en 2017 y 2019. En conjunto, ICARDA recuperó más de 116.000 muestras, que fueron trasladadas al Líbano y Marruecos para regenerarlas y reconstruir la colección. Parte del material multiplicado regresó después a Svalbard como nueva copia de seguridad. La Bóveda mostró exactamente para lo que había sido construida: permitir que una colección pudiera recuperarse y seguir siendo útil para la investigación y la agricultura.

Asmund Asdal transporta cajas con semillas españolas dentro de la Bóveda RTVE

La experiencia de ICARDA convirtió una idea abstracta -guardar una copia por si algún día fuera necesaria- en una herramienta real de supervivencia científica. También demostró que la Bóveda no es un museo inmóvil: las semillas pueden salir cuando la institución propietaria las necesita. Por eso, la seguridad del lugar es vital. El acceso al interior de la Bóveda está restringido, solo pueden entrar las personas encargadas de la gestión y el mantenimiento. No es un espacio abierto a las visitas, aunque se haya convertido en una imagen reconocible de Svalbard y objeto de deseo para los turistas. Asmund Asdal explicaba las razones: "Aquí dentro hay semillas por valor de miles de millones. Si alguien entrara con malas intenciones y ocurriera algo, sería desastroso para el futuro suministro de alimentos del mundo". La restricción protege mucho más que una instalación, preserva una reserva genética irremplazable.

Ucrania, Sudán y las nuevas muestras de semillas

La guerra de Ucrania volvió a demostrar que los recursos fitogenéticos pueden convertirse en patrimonio en peligro. Los bancos de genes conservan variedades que forman parte de la historia agrícola de un país, pero también pueden resultar decisivos para desarrollar cultivos resistentes a nuevas enfermedades o a condiciones climáticas extremas. En Járkov, los bombardeos dañaron edificios e infraestructuras del banco nacional de genes, que conserva más de 150.000 muestras. En la primavera de 2022, hubo una operación de emergencia para proteger su colección y el material fue trasladado a una instalación del oeste del país, lejos del frente.

El pasado 13 de octubre, se producía el primer envío ucraniano de semillas a Svalbard desde 2012. Viktor K. Riabchoun, responsable del Banco Nacional de Recursos Fitogenéticos de Ucrania, explicó que preparar el envío exigió trabajar cerca de zonas afectadas por las hostilidades. Lene Krøl Andersen, directora ejecutiva de NordGen, calificó la contribución ucraniana de logro extraordinario dadas las difíciles circunstancias del banco de genes y recordó que la Bóveda existe para proteger colecciones irreemplazables frente a cualquier amenaza. Es una infraestructura común para que los conflictos u otros desastres no borren recursos que pertenecen a la historia y al futuro de todos.

Sudán también ha visto amenazadas sus colecciones por la guerra. La llegada de muestras de ese país a Svalbard es parte del esfuerzo para evitar que se destruyan recursos agrícolas que pueden ser esenciales para la recuperación. En junio de 2026, el banco de recursos fitogenéticos de Sudán depositó 982 muestras de 19 especies y cultivos, cereales básicos para millones de personas en regiones expuestas a la sequía. Los depósitos recientes también han ampliado la representación de países que todavía no habían confiado muestras a Svalbard. En febrero de 2026, llegaron, por primera vez, semillas de Guatemala y Níger; en junio, se incorporó Burkina Faso. El mapa de la Bóveda de Svalbard es también un mapa de las vulnerabilidades del mundo: guerras, inestabilidad institucional, crisis climática y falta de recursos pueden poner en peligro colecciones construidas durante décadas.

El Ártico se deshiela y las consecuencias se notan en todo el mundo

Pero Svalbard es reflejo de una paradoja. La instalación construida para protegernos de algunos de los riesgos del futuro está situada en uno de los lugares donde el cambio climático se manifiesta con mayor rapidez. El Ártico se calienta mucho más rápido que la media global. Los glaciares retroceden y el permafrost cambia, precisamente en el territorio donde se ha construido un depósito pensado para conservar semillas durante generaciones. El científico Kim Holmén, exdirector del Instituto Polar Noruego, lleva décadas investigando el Ártico. "Por desgracia, el clima ha cambiado más rápido de lo que esperábamos", nos advertía durante la grabación del documental "Svalbard, deshielo y tensión" para Documentos TV. Holmén también alertó de que "el mundo sería más pobre sin el ecosistema ártico" y afirmó que la naturaleza de la región cambiará radicalmente. Y no hay que olvidar que lo que ocurre en el Ártico afecta al resto del planeta, desde el nivel del mar hasta el equilibrio de los océanos y la circulación atmosférica.

El glaciólogo francés Leo Decaux ha observado directamente ese cambio sobre los glaciares. "Estamos perdiendo unos tres metros de hielo cada año, cada verano. Este proceso se está acelerando desde hace 30 años", nos explicaba al describir la velocidad del retroceso glaciar. La paradoja se vuelve más evidente: el lugar elegido como refugio para la biodiversidad agrícola está sometido a la misma crisis climática que hace más necesaria esa biodiversidad. La Bóveda tampoco ha permanecido al margen de esos cambios. En 2017, el agua procedente de lluvias intensas y del deshielo llegó al túnel de acceso. Las cámaras donde se almacenan las semillas no estuvieron en peligro, pero hubo que revisar su seguridad y se puso de manifiesto que el cambio climático también afecta a las infraestructuras árticas. Noruega impermeabilizó el túnel de acceso, mejoró los sistemas de seguridad y colocó un nuevo sistema de refrigeración. La instalación se diseñó para durar, pero su durabilidad depende de anticipar riesgos que cambian con el clima. La Bóveda no está diseñada para permanecer idéntica durante siglos, sino para durar siglos adaptándose a un mundo que cambia.

España guarda lo que los agricultores conservaron durante generaciones

España es uno de los países europeos con una gran diversidad agrícola, desde cereales y legumbres hasta hortalizas y variedades mediterráneas que han sido seleccionadas durante generaciones. En Alcalá de Henares, se encuentra el Centro de Recursos Fitogenéticos del INIA-CSIC. Allí se conservan variedades procedentes de agricultores y de bancos de genes españoles, una reserva de material genético y de conocimiento que puede resultar fundamental para la agricultura del futuro. Luis Guasch, responsable del centro y del depósito español, lo explicaba con claridad: "Conservamos el material que nos han donado los agricultores, que ellos han conservado y que han cultivado durante décadas para que pueda ser útil para la alimentación del futuro". No se trata únicamente de producir más. Se trata de mantener abiertas opciones que quizá hoy no necesitamos, pero que pueden resultar esenciales cuando cambien el clima, las plagas o las necesidades alimentarias.

Almacén de semillas en Alcalá de Henares RTVE

En Svalbard, Guasch insistía en que España debía apostar por la biodiversidad y respaldar iniciativas internacionales como la Bóveda. La longevidad de las semillas puede alcanzar cientos de años, si se mantienen en condiciones adecuadas. Y advertía que perder una variedad puede significar perder para siempre un recurso que la selección de agricultores mantuvo durante generaciones. España ha enviado duplicados a Svalbard en distintos momentos, conservar las muestras fuera del país añade una protección adicional.

En 2026, ha habido un depósito especialmente simbólico: las primeras semillas de olivo de la historia de la Bóveda. El Banco de Germoplasma Mundial del Olivo de la Universidad de Córdoba envió semillas de olivos silvestres españoles y material representativo de 50 de las principales variedades cultivadas en el mundo. Concepción Muñoz Díez, investigadora de la Universidad de Córdoba, advirtió que las variedades locales están amenazadas por el envejecimiento de los árboles, la baja rentabilidad de los olivares tradicionales y la expansión de variedades más fáciles de mecanizar, los parientes silvestres también sufren por el aumento de las temperaturas y los incendios.

José Pablo Zamorano, del IMIDRA (Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario), resumía la dimensión colectiva de la Bóveda recordando que suele ser difícil que las naciones se pongan de acuerdo, pero que Svalbard demuestra que pueden hacerlo cuando existe un objetivo compartido. "Somos parte de un esfuerzo internacional", señalaba. Y explicaba por qué las copias españolas pueden ser útiles más allá de las fronteras españolas: "No pensando solo en nosotros, en que podamos necesitar estas variedades en nuestra región, sino que a lo mejor en un momento dado puede ser útil en cualquier otra región" del mundo.

El futuro está en la montaña del mágico Ártico

La Bóveda no es una solución universal. Hay semillas que no soportan ser secadas y congeladas. Algunas especies necesitan conservarse mediante otros procedimientos. Svalbard no sustituye a la red mundial de bancos de genes. La fortaleza del sistema depende de que las instituciones nacionales e internacionales estén bien financiadas, dispongan de personal, mantengan vivas sus colecciones y puedan enviar duplicados seguros. Fuad Gaši, genetista bosnio que asumió la coordinación de la Bóveda el 1 de junio de 2026, la ha descrito como un repositorio de conocimiento y potencial y ha explicado que, cuando desaparece una variedad, "perdemos potencial", porque podría perderse la resistencia que permita combatir una enfermedad, adaptarse a una sequía o mejorar un cultivo. Cada semilla es el resultado de generaciones de selección y adaptación. Gaši insiste en que los bancos de semillas conservan también el conocimiento tradicional asociado al cultivo de cada variedad. La diversidad no está únicamente en el ADN, incluye las prácticas agrícolas, los usos alimentarios y la experiencia acumulada por las comunidades que han seleccionado y cuidado esas plantas.

Documentos TV - Svalbard, deshielo y tensión

Para Åsmund Asdal, el de junio de 2026 fue su último depósito como coordinador, tras 11 años.En su despedida, recordó al personal de los bancos de genes, a los científicos, a los periodistas y representantes políticos que han defendido el proyecto durante estos años. Puso el foco en quienes hacen posible la conservación mucho antes de que las cajas lleguen al Ártico. Y destacó que la Bóveda y los recursos genéticos que conserva son más importantes que nunca y que el proyecto demuestra que la cooperación internacional sigue siendo posible en un mundo de conflictos y discordia.

Svalbard no puede detener las guerras ni impedir que desaparezca un glaciar. Tampoco puede garantizar que todos los bancos de genes tengan siempre recursos suficientes o resolver la crisis climática y la inseguridad alimentaria. Pero puede conservar algo que ninguna de esas amenazas debería poder destruir completamente: la posibilidad de recuperar una variedad y reconstruir una colección. La Bóveda fue construida para que una catástrofe no tenga necesariamente la última palabra.

Bajo la montaña, permanecen juntas semillas procedentes de países diferentes, de culturas agrícolas distintas y de diversas generaciones. Cada una guarda una parte de la diversidad que la humanidad necesitará para adaptarse a un mundo más cálido, más incierto y con mayores presiones sobre la alimentación. El Premio Princesa de Asturias no es solo un reconocimiento científico, es un reconocimiento a una idea política y humana porque hay cosas que solo pueden protegerse juntas. En un mundo que se divide, Svalbard une; en un mundo que se calienta, la Bóveda mantiene el frío necesario para guardar semillas y en un mundo que destruye, ofrece una copia para que la pérdida no sea definitiva. No puede garantizar el futuro, pero ayuda a que siga siendo posible y es un legado para las generaciones venideras.