La osteoporosis no duele ni suele dar señales de alarma. Avanza sin mostrar apenas síntomas, debilitando los huesos hasta que se produce un golpe o una caída aparentemente inofensiva. Muchas personas descubren que la padecen cuando ya han sufrido su primera rotura ósea, y ese es precisamente uno de los grandes retos a los que se enfrentan los especialistas: identificar a los pacientes antes de que se produzca una fractura.
Su nombre, que significa literalmente 'hueso poroso', describe lo que sucede en el organismo. Se trata de una enfermedad crónica y progresiva en la que disminuye la resistencia de los huesos, que se vuelven más vulnerables. "La manera en la que la osteoporosis se manifiesta clínicamente es a través de las fracturas, denominadas ‘fracturas por fragilidad’, que se producen normalmente desde la propia altura", explica a RTVE Noticias Cristina Carbonell, presidenta de la Sociedad Española de Investigación Ósea y del Metabolismo Mineral (SEIOMM). Estas lesiones pueden producirse ante traumatismos de baja intensidad, y afectan especialmente a las vértebras, la cadera y la muñeca.
En España, se estima que alrededor de tres millones de personas padecen osteoporosis, de las cuales 2,5 millones son mujeres. A partir de los 50 años, la prevalencia alcanza el 22,5% entre las mujeres, frente al 6,8% de los hombres. Según los datos aportados por Carbonell, cada año se producen casi 300.000 fracturas por fragilidad en España, más de 700 al día. Y las previsiones apuntan a que el problema aumentará a medida que envejezca aún más la población.
¿Por qué afecta sobre todo a las mujeres?
Aunque la osteoporosis puede aparecer en ambos sexos, las mujeres presentan un riesgo considerablemente mayor, especialmente después de la menopausia. La explicación está relacionada con los cambios hormonales y, en particular, con la disminución de los estrógenos, que desempeñan un papel fundamental en el mantenimiento de la masa ósea.
Los huesos son tejidos vivos que se renuevan continuamente mediante un proceso conocido como remodelado óseo. Durante la infancia y la juventud predomina la formación de hueso, pero con el paso de los años la pérdida comienza a avanzar a un ritmo superior al de la renovación. Cristina Carbonell explica que, a partir de los 40 o 50 años, la pérdida de masa ósea suele situarse entre el 0,5% y el 1% anual. Sin embargo, durante la transición menopáusica, este proceso puede acelerarse notablemente en las mujeres, hasta alcanzar ritmos de entre el 3% y el 5% anual.
Este fenómeno explica por qué la menopausia constituye una etapa especialmente importante para la salud de los huesos, aunque el riesgo de fractura continúa aumentando con la edad en ambos sexos. De hecho, según la presidenta de SEIOMM, "una de cada tres mujeres y uno de cada cinco varones sufrirá una fractura osteoporótica a partir de los 50 años en lo que le resta de vida".
El gran desafío: diagnosticar antes
Uno de los principales problemas de la osteoporosis es el infradiagnóstico. Al no presentar síntomas evidentes en sus primeras fases, muchas personas desconocen que tienen los huesos debilitados hasta que sufren una fractura.
Un estudio realizado en atención primaria con personas mayores de 70 años reveló que un tercio de quienes ya habían sufrido una fractura por fragilidad no tenía diagnóstico de osteoporosis y más de la mitad no recibía tratamiento. "Lo ideal sería no diagnosticar a los pacientes cuando ya tienen una fractura, porque la probabilidad de tener otra fractura es mucho más alta cuando ya se ha sufrido una. Pero para eso hay que reconocerlos solo por factores de riesgo", advierte la presidenta de SEIOMM.
Entre esos factores se encuentran algunos que no pueden modificarse, como la edad, el sexo, los antecedentes familiares o determinadas características genéticas. Otros, en cambio, están relacionados con el estilo de vida, como el sedentarismo, el peso corporal, el tabaquismo o el consumo excesivo de alcohol. También pueden aumentar el riesgo determinadas enfermedades, como la celiaquía y otros trastornos que dificultan la absorción de nutrientes, así como el uso prolongado de algunos medicamentos, especialmente los glucocorticoides.
Para evaluar la salud ósea, los especialistas disponen de una prueba sencilla e indolora: la densitometría, que permite medir la densidad mineral de los huesos. Sus resultados, junto con los factores de riesgo y los antecedentes de fracturas, ayudan a determinar la probabilidad de sufrir una fractura y la necesidad de iniciar un tratamiento.
Nuevas terapias para combatir la osteoporosis
Vivir con los huesos debilitados
La densitometría también permite identificar la osteopenia, una situación en la que la densidad mineral ósea es inferior a la normal, pero todavía no alcanza el umbral diagnóstico de osteoporosis. Aunque no todas las personas con osteopenia desarrollarán la enfermedad, esta condición puede indicar un mayor riesgo de fractura, dependiendo de otros factores clínicos.
Marta Consuegra, periodista especializada en cine, tiene 64 años y conoce de cerca la preocupación que supone convivir con la pérdida de densidad ósea. Hace dos años le diagnosticaron osteopenia después de someterse a una densitometría por indicación de su traumatóloga. Aunque hasta ahora no ha sufrido ninguna fractura, presenta debilidad en la columna vertebral y sigue un tratamiento farmacológico para mejorar su salud ósea.
Desde junio recibe romosozumab, un medicamento biológico comercializado como Evenity, cuyo coste, según relata, se acerca a los 500 euros mensuales. Su hijo ha tenido que solicitar un préstamo para afrontar el tratamiento hasta mayo.
Marta Consuegra fue diagnosticada de osteopenia hace dos años. M.C.H.
Más allá de las dificultades económicas, Consuegra, que es miembro de la Asociación Española de Pacientes con Osteoporosis (AECOS), intenta mantener una vida activa y seguir las recomendaciones médicas. "Yo estoy haciendo todo lo que tengo que hacer, porque es una misma quien se tiene que cuidar", afirma. El ejercicio diario y el consumo adecuado de calcio forman parte de su rutina. También procura afrontar la enfermedad con buen ánimo: "Soy una persona muy optimista, muy positiva, y pienso que todo va a salir bien. Confío totalmente en la ciencia y en la medicina". "Que se tenga una enfermedad no impide tener ganas de vivir, de sentirse bella", recalca.
Alimentación, ejercicio y prevención
Aunque la edad y la genética tienen un peso importante en el desarrollo de la osteoporosis, los hábitos de vida pueden contribuir a reducir el riesgo de padecerla y, sobre todo, de sufrir fracturas.
La alimentación desempeña un papel esencial. El calcio es uno de los principales componentes de los huesos y su consumo adecuado resulta especialmente importante durante la infancia y la adolescencia, cuando se alcanza buena parte de la masa ósea que acompañará a la persona durante su vida adulta. En edades posteriores, mantener una ingesta suficiente de calcio contribuye a limitar la pérdida de masa ósea. Los productos lácteos, las sardinas que se consumen con espina, algunos frutos secos y determinadas verduras son fuentes de este mineral.
Igualmente importante es la vitamina D, necesaria para que el organismo absorba correctamente el calcio. Se obtiene mediante la alimentación, los suplementos cuando están indicados y la síntesis cutánea favorecida por la exposición solar. Sin embargo, no es recomendable exponerse al sol sin protección para intentar prevenir la osteoporosis.
El otro gran pilar de la prevención es la actividad física. "El ejercicio influye mucho, porque los músculos y los huesos van coordinados. El estímulo del ejercicio es formador de hueso. Es muy importante la alimentación, el ejercicio y evitar tóxicos como el alcohol o el tabaco", subraya la doctora Cristina Carbonell.
Caminar y bailar son dos de las actividades más beneficiosas, pero los especialistas recomiendan combinarlas con ejercicios de fuerza adaptados a la edad y las condiciones físicas de cada persona. Para ello, no es necesario acudir a un gimnasio, ya que pueden realizarse en casa con objetos cotidianos, como una botella de agua pequeña o una silla. El entrenamiento de fuerza ayuda a conservar la musculatura y a estimular el tejido óseo, mientras que los ejercicios de equilibrio y coordinación contribuyen a reducir el riesgo de caídas.
Evitar las caídas, una prioridad
La consecuencia más grave de la osteoporosis no es únicamente la pérdida de masa ósea, sino las fracturas que puede ocasionar. Estas se asocian a dolor, hospitalizaciones, pérdida de autonomía y un aumento del riesgo de mortalidad, especialmente en el caso de las fracturas de cadera, las más habituales.
Las repercusiones también son económicas. Según un informe con datos de 2019 citado por la doctora Carbonell, el coste de las fracturas osteoporóticas en España ascendía a unos 4.300 millones de euros, una cifra que refleja tanto el gasto sanitario como las necesidades asistenciales derivadas de la enfermedad. Pero detrás de esos datos se encuentran personas que pueden perder parte de su independencia y necesitar ayuda para realizar actividades cotidianas. "Una persona con fractura osteoporótica ya no vuelve a tener la calidad de vida que tenía antes", advierte la especialista.
Por eso, además de fortalecer los huesos, resulta fundamental reducir el riesgo de caídas, especialmente entre las personas mayores. Utilizar calzado adecuado, retirar alfombras que puedan provocar tropiezos, evitar cables en las zonas de paso, instalar barras de apoyo en el baño y recurrir a un bastón cuando sea necesario son medidas sencillas que pueden marcar la diferencia.