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Dalí sueña a la sombra y a la luz de Freud en el Museo Thyssen

  • El universo freudiano de Dalí puede verse en Madrid hasta el 24 de enero

  • El comisario Jaime Brihuega explora la relación entre el psicoanalista y el pintor

Cristina Pérez
9 min.

Un padre autoritario, una madre fallecida en su adolescencia, relaciones incestuosas con su hermana, una madrastra, una sexualidad ambigua y llevar el nombre de un hermano muerto convirtieron a Salvador Dalí (1904-1989) en carne de psicoanálisis. El pintor de Figueras se obsesionó con los escritos de Sigmund Freud (1856-1939) y no paró hasta reunirse con él en Londres, en 1938.

Dalí intentó la entrevista y viajó a Viena en varias ocasiones, pero según Jaime Brihuegas, el comisario de El universo freudiano de Dalí, le decían que "el maestro ha salido" o "el maestro se encuentra en el campo". Entre los objetos del despacho de Freud había un amuleto romano de una mano sujetando un huevo, que se puede ver en la sala principal de exposiciones temporales del Museo Thyssen-Bornemisza hasta el 24 de enero, un motivo recurrente en sus lienzos.

Freud fue una referencia constante para Dalí desde que leyó La interpretación de los sueños a principios de la década de 1920 en la Residencia de Estudiantes de Madrid. En cambio, para el padre del psicoanálisis, fue solo un joven artista español "fanático" que conoció brevemente junto al escritor austriaco Stefan Zweig y al poeta británico Edward James. Tras conocer al austriaco, el creador realizó el Dibujo de Sigmund Freud (1938).

Morfología del cráneo de Freud. Ilustración para el libro 'The secret life of Salvador Dalí'. Marius Clapes - FotoGasull © Fundación Gala-Salvador Dalí

Cita con Freud

"Hablamos poco. Pero nos devoramos mutuamente con la vista. Freud sabia poco de mí, fuera de mi pintura, que admiraba [...] sentí el antojo de aparecer a sus ojos como un dandi del intelectualismo universal. [...] Freud exclamó, dirigiéndose a Stefan Zweig: 'Nunca vi ejemplar más completo de español.¡Qué fanático!'", Dalí, 1942.

Dalí trató de explicar a Freud su método paranoico-crítico con escaso éxito y le regaló el cuadro La Metamorfosis de Narciso (propiedad de la Tate Modern, que no lo ha prestado para la muestra, pero se puede apreciar en un vídeo). Las teorías freudianas permitieron al pintor dar rienda suelta a sus fantasías, complejos, obsesiones, traumas y deseos insatisfechos. A partir de ahí, creó un sistema de símbolos visuales que traducían su mundo interior y conformaban su propio metalenguaje.

'Los primeros días de la primavera', 1929, Dalí. FOTO: ORIOL TARRIDAS

La muestra recorre el conjunto de la carrera de Dalí desde sus primeros años hasta sus creaciones más tardías buscando la huella freudiana en su vida y obra. Unas 130 obras, entre cuadros, dibujos, esculturas y vídeos se articulan en seis secciones cronológicas. Además se despliegan pinturas y dibujos de Jean-Auguste-Dominique Ingres, Gino Severini, Jean Arp, Kurt Schwitters, Yves Tanguy y el propio Sigmund Freud.

Como curiosidad, una sección exhibe dibujos de Santiago Ramón y Cajal sobre la arquitectura neuronal que fueron inspiración clara de láminas de Federico García Lorca y Dalí, que visitaron su gabinete y miraron por el microscopio tejidos cerebrales.

Traumas infantiles

"Mi adolescencia se distinguió por un fortalecimiento consciente de todos los mitos, todas las manías, todos mis defector, todos los dones, los rasgos geniales y de carácter esbozados en mi primera infancia", Dalí, 1942

Con 17 años, Dalí sufre la muerte de su madre y su padre se casa con su cuñada que se convierte en su tía-madrastra. Retrata a su hermana Ana María a la que le une una relación más que fraternal y carga con el nombre de un muerto, su hermano Salvador, fallecido antes del nacimiento del pintor. En su retina, queda la impronta de las playas y las rocas del cabo de Creus en Cadaqués, cuyas siluetas se perfilan en muchos de sus lienzos.

'Acantilados', 1926, Dalí. Colección privada

“En la primera etapa de mi vida, mi héroe era Sigmund Freud. Mi pintura expresaba la angustia y las visiones neuróticas que tenía en esa época”.

En la Residencia de Estudiantes, se relaciona los protagonistas de la modernidad española como Lorca y Buñuel, junto a los que, en torno a 1926, hace ahora 100 años, trazaría el primer surrealismo español. Dalí realiza sus primeras exposiciones importantes en Madrid y Barcelona y, tras experimentar con varios lenguajes, consolida su identidad visual, con sus miedos y su obsesión por los elementos de carácter sexual, plasmados en Los deseos insatisfechos y Los esfuerzos estériles (Cenicitas).

'Los esfuerzos estériles' (1927-1928) de Dalí. © Archivo fotográfico MNCARS

La tercera sala abarca los años de la actividad de Dalí en París. En la capital francesa el pintor de Figueres forma parte activa del movimiento surrealista, liderado por André Breton, y se convierte en uno de los artistas que mejor supo plasmar en imágenes sus fundamentos teóricos. En esta etapa, pinta sus primeras obras plenamente surrealistas con elementos procedentes de los paisajes del inconsciente. Como hito biográfico, conoce a Gala Eluard, musa y compañera para el resto de su vida.

Dalí y Julio Romero de Torres

Los óleos Los placeres iluminados (1929), Los primeros días de la primavera (ver arriba) y Guillermo Tell (1930) datan de esta época. En esta sección, el comisario desliza una hipótesis sugerente que se detalla en un audiovisual. Julio Romero de Torres era el profesor de ropajes de Dalí en la Academia de Bellas Artes de San Fernando y Brihuega advierte similitudes del cuadro del cordobés La saeta (1918) en El hombre invisible (1929-1933), que recrea algunos de sus elementos, por lo que ambos lienzos cuelgan yuxtapuestos.

'La saeta', 1918, Julio Romero de Torres. Cajasur

Brihuega destaca que el rostro de la mujer orante muestra el éxtasis, un ciego implora con los ojos vendados y una muleta se resalta con un paño blanco en la empuñadura. Las manos alzadas se repiten en el cuadro de Dalí.

'El hombre invisible', 1929-1932, Dalí. © Archivo fotográfico MNCARS

Método paranoico-crítico

Con el método paranoico-crítico, Dalí fija las bases de su vinculación con el psicoanálisis freudiano. El catalán consideraba la paranoia como un “estado de gracia” en el que el artista es capaz de asociar a formas y objetos significados que van más allá de su apariencia, generando imágenes dobles.

Ejemplos de estos años son obras como Nacimiento de los deseos líquidos (1931-1932), El destete del mueble-alimento (1934), Soledad paranoico-crítica (1935), El gran paranoico (1936) o El Ángelus de Gala. Sobre este cuadro, Brihuega apunta que es un retrato doble de frente y de espaldas, con la musa daliniana con las manos sobre el regazo, pero en la figura de espaldas las arrugas de la falda semejan la huella de garras invisibles que agarran a la mujer por las caderas.

'Retrato de Gala (El Angelus de Gala)', 1935, Dalí © Museum of Modern Art of NY, Florence Scala

Expulsado del grupo surrealista

Dalí fue expulsado del grupo surrealista en 1939 y se marchó a Estados Unidos. De los muros cuelgan El escritorio antropomórfico (1936), Enigma sin fin (1938), España (1938) y tres fotografías del Sueño de Venus, el pabellón que diseñó en la zona de ocio de la Feria Mundial de Nueva York, una enorme y provocadora instalación que quería aproximar el surrealismo a la cultura popular. Como icono pop se ha instalado el sofá con la forma de los labios de Mae West, pero una línea circundante disuade a los visitantes de sentarse en la pieza y hacerse un selfie.

La exposición exhibe la película Comiendo erizos de mar (1930) y fragmentos de las emblemáticas cintas Un perro andaluz (1929) y La Edad de Oro (1930), de Luis Buñuel, también secuencias de Recuerda (1945), de Alfred Hitchcock, en las que el pintor diseñó las escenas oníricas.

Boceto de Dalí para 'Recuerda' RTVE Noticias

"Antes me influía mucho Sigmund Freud y mis cuadros muestran esta influencia. Esa es la primera etapa de mi vida. Ahora sigo interesado en Freud, pero es un interés mucho más amplio que incluye la obra de Einstein", Dalí, 1950.

A partir de los años 40, Dalí afirmó que su interés por Freud había decaído frente a asuntos científicos y religiosos, pero los ecos del psicoanálisis -reblandecimiento de las formas, imágenes dobles…- persisten en Apoteosis de Homero (sueño diurno de Gala) (hacia 1945) y Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes del despertar que forma parte de la colección permanente del Thyssen.

'Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes del despertar' de Dalí Museo Nacional Thyssen-Bornemisza Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

El comisario apunta que el cuadro del sueño de la abeja podría leerse en clave autobiográfica, así la granada representaría a Lorca como figura de su juventud hasta Gala tumbada, en su madurez. Brihuega sugiere que las largas patas de los elefantes en este lienzo y en Las tentaciones de San Antonio podrían estar tomadas de los trípodes (las naves extraterrestres) de La Guerra de los Mundos.

Dalí realizó decorados para espectáculos de ballet estrenados en Nueva York, como el boceto Proyecto para “Laberinto” (1941) o el telón de quince metros de ancho por nueve de alto que pintó para Tristán enloquecido (1944), una pieza que nunca se había visto en España, prestada por un coleccionista particular y que se exhibe en el atrio principal. El telón representa a Tristán e isolda, la mujer tiene la cabeza vendada como en un Magritte y de su espalda sale una carretilla que evoca El Ángelus de Millet. El cuerpo masculino, agrietado y con la cabeza tapada por semillas voladoras de diente de león está recubierto de hormigas, raíces y cipreses (ver arriba).

Sexo y religión

"Sí, las teorías de Freud acerca del sexo son interesantes, pero están equivocadas. Freud le otorga mucha importancia al sexo masculino. El sexo no está en el cuerpo del hombre. El diminuto clítoris erecto es el hombre transformándose en mujer y la mujer transformándose en hombre. De esta manera, la mujer hace el amor dentro del sexo del hombre", Dalí, 1975.

'La sangre es más dulce que la miel', 1941, Dalí. Brian Forrest FOTO: Brian Forrest / © Fundación Gala-Salvador Dalí

En su última etapa, las ideas religiosas y la fascinación por el mundo clásico son patentes en obras como La ascensión de Cristo (Piedad) (1958), La Madonna de Portlligat (1949) y El Anuncio (La Trinidad) (1960).

Al presentar El universo freudiano de Dalí , el director del Thyssen, Guillermo Solana ha destacado que "no es la exposición del año, es la exposición de muchos años" y ha encomiado la investigación del comisario para sumergirse en la obra daliniana.

La muestra incluye tres audiovisuales del escritor, productor y fotógrafo Joan Dolç: Salvador Dalí y Julio Romero de Torres , Génesis de ‘La metamorfosis de Narciso’, 1937. y Dalí. Un esbozo freudiano (2026). En el último vídeo, se analiza la fascinación daliniana por El Angelus de Millet, en el que el pintor apreciaba una pulsión de muerte y no un rezo cotidiano. Su instinto no le engañaba, una radiografía del cuadro deja ver un pequeño féretro, que luego fue sustituido por unas cestas de fruta. Un lienzo que obsesionaba a Dalí y en el que percibía el fantasma de su hermano muerto.