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Robledillo de la Jara: el pueblo que bautizó a su plaza como TVE con un "fiestón"

  • El Telediario 1 celebra en esta ubicación el especial 70 aniversario del nacimiento de la televisión pública

  • El aterrizaje de su primera televisión en 1963, un regalo de esta casa, revolucionó esta pequeña población

Javier Villuendas
7 min.

"Como luego se me va la cabeza, lo he puesto todo en esta hoja", nos cuenta Adela González, vecina de Robledillo de la Jara. Y comienza a leer: "La llegada de la televisión al pueblo fue recibida con tanta alegría que don Enrique y el alcalde, don Alejandro González, acordaron con todos los vecinos dar a la plaza el nombre de Plaza de Televisión Española...".

En algún día de diciembre de 1963 o primerísimos de enero de 1964, una gran fiesta tuvo lugar en este modesto pueblo de la sierra de Madrid, Robledillo de la Jara. Los niños llevaban ropa de domingo, se notaba que era una jornada especial. La genérica "Plaza" iba a cambiar su nombre a "La Plaza de la TVE", nada menos, y había mucha gente de la tele invitada para la alegre ocasión, y les trajeron regalos para los chiquillos, una estufa para el cole… Y este jueves 15 de octubre se rememora. El Telediario va a celebrar allí una edición especial para conmemorar el 70 aniversario de TVE.

A nuestra llegada a la localidad una apacible tarde de octubre, unos operarios quitan las últimas luces de las fiestas del pueblo de hace dos días. Y algunos vecinos más se nos acercan. Por encima de los mil metros de altitud, Robledillo de la Jara fue un pueblo que trabajaba la tierra entonces y que dio un salto en su desarrollo con la construcción de la presa de El Atazar. Vemos a un informático y un arquitecto técnico irse del Ayuntamiento, e incluso dos chavales en patinete atraviesan la Plaza de Televisión Española como una centella. "¡Buenas, Guille!", saludan al alcalde. El censo actual, 130 personas.

Adela González, hija del alcalde que cambió el nombre de la plaza RTVE

"Aquí en el pueblo, yo creo que ha habido tres días significativos, de cambio. La llegada de la tele, la llegada del teléfono y ahora la llegada a la fibra", analiza Guillermo Crescente, al frente del Ayuntamiento desde hace 15 años. "De la pandemia aquí ha pegado un cambio brutal. El primer año que hubo fibra aquí teletrabajamos 75 personas, ¡y vivimos 80!", describe.

"El primer cura que entró con sotana a la taberna"

Porque, como se intuye, detrás de este Telediario especial hay una pequeña gran historia catódica. Porque ese "fiestón" para cambiar la nomenclatura de la plaza ocurrió pocos días después de haber aterrizado la primera televisión en Robledillo. Y todo gracias a la intermediación del ya mentado don Enrique, el cura, recién salido del seminario y que no se sabe por qué conocía ("quizá del obispado de Madrid", nos dice por teléfono Antonia, su hermana) a Pablo Barreiro, productor de Destino TV, un programa de TVE que le entrevistó y que, a cambio, el párroco negoció audaz: "Vale, pero consigue una televisión para el pueblo". ¡Ni en Madrid la gente solía tener una! No en vano, hablamos de "el primer cura que entró con sotana a la taberna".

Cambiando la placa con el nombre de la plaza en diciembre de 1963 RTVE

En aquellos años, una televisión significaba traer el progreso al mundo rural, permitir conocer otros mundos, ver los toros, el fútbol y películas, por ejemplo. El aparato se colocó en el salón de la casa de don Enrique, en donde dispusieron varios bancos de la iglesia como si fuera un cine y allí que iba toda la gente de Robledillo a experimentar el futuro. Un nuevo lugar de reunión para unas 30 personas. Eso sí, cuando aparecían los dos rombos, el cura echaba a los jovenzuelos. "Tú, fuera. No puedes estar aquí", recuerda de primera mano con una sonrisa el actual alcalde. "Pero los chicos dejaban entreabierta la ventana y miraban. Y el cura salía para que se fueran de allí", añade Adela.

Fiesta con famosos de la tele y una torta de chicharrones de obsequio

Adela, hija del alcalde de aquellas, fue la única de todos los reunidos aquí que asistió a la gran fiesta del cambio de nombre de la plaza. Por supuesto, también iba a la casa de don Enrique a ver la flamante nueva televisión. "Ni en Madrid tenían tele. Era muy cara, chica. E imagínate que aquí nos traen una. El cura puso la tele en alto y ahí íbamos todos a ver Bonanza", detalla. Cuando trajeron el electrodoméstico, ella tenía 11 años. "Guiller, el alcalde, dice que no, pero te juro y perjuro que para la fiesta vinieron Barreiro y también Marisa Medina, la presentadora, y Antolín García, el presentador (el que entrevistó al cura)", apunta la testigo presencial.

De izquierda a derecha: Pablo Barreiro, de TVE; don Alejandro, el alcalde (cortanzo chorizo); y don Enrique, el cura del pueblo RTVE

En aquella celebración, todos los vecinos se volcaron para agasajar a los visitantes, a quienes invitaron a comer y a los que se obsequió a cada uno con una torta de chicharrones, el dulce típico del pueblo. Un festejo extraordinario porque antes el mismo hecho de juntarse para comer en las fiestas ni siquiera se producía. "¡Si no había dinero! En las fiestas no se hacía una comida. Un equipo de música de baile y ya está, nada más", apunta el regidor.

Una Kelvinator de 22 pulgadas

La televisión, una Kelvinator, tendría unas 22 pulgadas de ahora. "Fue tremendo. Yo venía aquí a ver las corridas de El Cordobés… Y estaba ahí la gente haciendo las faenas del campo y cuando se enteraban de que había corrida, la gente venía corriendo", evoca el edil, que también apunta: "Fíjate si era extraordinario que entonces solo había tres radios en el pueblo", y dispara otra anécdota: "Una vez mi tía me dedicó el día de mi cumpleaños una canción por la radio y fuimos a la casa de un vecino a escucharla. Aquello fue muy emocionante, ¡que hablaran de ti por la radio! Ahora parece una tontería, pero entonces era la bomba".

Guillermo Crescente, actual regidor de Robledillo de la Jara, en la Plaza de Televisión Española RTVE

Cada familia pagaba a don Enrique 5 pesetas para gastos de luz de la televisión y también para crear un remanente por si se rompía el aparato. Han pasado casi 63 años desde el alunizaje del ingenio audiovisual en Robledillo. "Creo recordar que nos regalaron una estufa catalítica también, que no es una cualquiera. Todo un lujo para un pequeño pueblo tener televisión y estar los niños calentitos en el colegio", señala Adela. Y, por lo menos, pasaron cinco años más hasta que llegó la siguiente tele al pequeño municipio.

Don Enrique con las estrellas de Televisión Española RTVE

¿Y qué pasó con la mítica Kelvinator? La tiraron. "Ha habido momentos en todos sitios en que lo antiguo estaba muy mal visto. Yo entré a la alcaldía en 2011 y ya no estaba. Así que hace ya que se ha tirado", responde Guillermo. Estuvo muchos años en el Ayuntamiento sin enchufar ni nada hasta que desapareció. "Yo no la hubiese tirado, la gente no le da valor a las cosas antiguas. Me la dan a mí y yo la pongo en mi casa", afirma Adela, que tiene la balanza expuesta en casa, que vemos en una antigua foto con su padre, Barreiro y don Enrique en el bar-tienda de su familia precisamente el día del "fiestón".

"¡Ahora no puede ser menos!"

Don Enrique falleció hace pocos años, así que es imposible preguntarle de qué conocía a Barreiro, el de la tele. Sagrario, otra vecina, contacta con su hermana Antonia por teléfono para ver si lo averiguamos. Pero tampoco lo sabe. "No sé de qué lo conocería y no se lo puedo preguntar a nadie, porque de los cuatro hermanos estoy yo sola". Barreiro, por supuesto, tampoco está. Al igual que el alcalde de entonces, don Alejandro. Así que el misterio quedará para siempre.

Varios vecinos actuales de Robledillo de la Jara RTVE

"¡Hace 62 años hicisteis un fiestón y ahora no puede ser menos!", nos exige Carlos, otro vecino de Robledillo y hermano de Adela. Así que le recomendamos a la hermana de don Enrique que intente venir. "Es que yo tengo 92… Buscaré un taxista para que me lleve desde Pedrezuela". Y le dice Sagrario: "Bueno, ya veremos. A ver si nos podemos organizar y vamos a buscarte. Si podemos, vamos a buscarte". Y le responde, con humor, Antonia: "Vale, y me traéis por lo menos una docena de tarros de miel y ya estaría".