Durante siglos, la medición del tiempo se basó en el giro de la Tierra. Un día era lo que tardaba el planeta en dar una vuelta sobre sí mismo, y la hora se ajustaba a la posición del Sol. En la actualidad, la hora oficial la marcan los relojes atómicos, los más precisos del mundo, pero se procura que no se aleje de ese ritmo natural. El problema es que, aunque sea imperceptible, la Tierra no gira siempre a la misma velocidad. A veces lo hace ligeramente más rápido y otras, un poco más despacio, de modo que el tiempo basado en la rotación y el de los relojes atómicos acaban separándose.
Para corregir esa diferencia, desde 1972 se utiliza un sistema que permite añadir o quitar un segundo a la hora oficial cuando es necesario. Es lo que se conoce como segundo intercalar, y hasta ahora siempre se ha añadido.
Pero este procedimiento tiene los días contados, ya que la Conferencia General de Pesas y Medidas, reunida en Versalles (Francia), ha aprobado este jueves que a partir del 20 de mayo de 2027 se dejen de realizar estos ajustes. No se trata de una decisión nueva, sino de un adelanto. En 2022, la conferencia anterior ya había acordado abandonar los segundos intercalares como muy tarde en 2035, pero desde entonces la Tierra ha empezado a girar algo más deprisa y eso ha cambiado los planes.
Si la tendencia continúa, en lugar de añadir un segundo habría que quitarlo, algo que no se ha hecho nunca, por lo que no se sabe bien cómo reaccionarían los ordenadores, las redes de telecomunicaciones o los sistemas de navegación por satélite ante un minuto de 59 segundos. Los segundos añadidos ya han dado bastantes quebraderos de cabeza, puesto que han provocado caídas de servicios como Reddit o Cloudflare, y muchas empresas tecnológicas han acabado aplicando sus propias soluciones, lo que ha fragmentado la forma de medir el tiempo.
¿Por qué se añadían segundos a nuestros relojes?
Existen dos formas de medir el paso del tiempo. La primera es el tiempo astronómico, que se basa en la rotación de la Tierra respecto al Sol, es decir, en el día solar, de unas 24 horas, aunque esa duración no siempre exactamente es igual. Por otra parte está el tiempo atómico, que se mide mediante las vibraciones de los átomos y es extraordinariamente preciso y estable.
Como ambas formas de medir el tiempo no avanzan exactamente al mismo ritmo, se introducían segundos adicionales para evitar que se separaran demasiado. Desde 1972 se han añadido 27 segundos intercalares. El último se incorporó el 31 de diciembre de 2016.
¿Qué problema puede causar un solo segundo?
Aunque parezca una cantidad insignificante, añadir un segundo puede generar dificultades en los sistemas informáticos. Muchos servicios tecnológicos, como las redes de telecomunicaciones, los sistemas bancarios, los servidores de internet o los sistemas de navegación, necesitan estar perfectamente sincronizados. Cuando se introduce un segundo adicional, algunos equipos pueden interpretarlo incorrectamente y provocar errores o interrupciones.
Los científicos contemplan además una situación todavía más complicada: que sea necesario quitar un segundo en lugar de añadirlo. Esto podría ocurrir porque la rotación de la Tierra se ha acelerado en los últimos años, de modo que el tiempo astronómico tiende a adelantarse respecto al atómico.
Según un informe del Comité Consultivo de Tiempo y Frecuencia (CCTF), existe aproximadamente un 30% de probabilidades de que sea necesario eliminar un segundo durante los próximos diez años.
Aunque el sistema siempre contempló esa posibilidad, nunca se ha llevado a la práctica, y preparar los sistemas informáticos para una operación que jamás se ha probado podría resultar especialmente complejo. Algunos expertos comparan este desafío con el llamado efecto 2000, cuando se temía que numerosos ordenadores fallaran al cambiar de milenio.
¿Qué cambiará a partir de 2027?
La decisión consiste en dejar de añadir o quitar segundos para corregir las pequeñas diferencias entre la rotación terrestre y los relojes atómicos.
Esto permitirá que el Tiempo Universal Coordinado (UTC), que sirve como referencia para establecer la hora oficial en todo el mundo, avance de forma continua, sin interrupciones ni ajustes de segundos. Los relojes atómicos seguirán funcionando exactamente igual que hasta ahora. Lo que cambia es la forma de construir la hora oficial a partir de ellos.
Hasta ahora, la diferencia entre el UTC y el tiempo basado en la rotación terrestre no podía superar 0,9 segundos. Con el nuevo sistema, se permitirá que esa diferencia aumente mucho más, hasta un máximo de una hora (3.600 segundos). Como las variaciones son muy pequeñas, podrían pasar siglos, incluso milenios, antes de llegar a una diferencia tan grande.
¿Notaremos algún cambio en nuestra vida diaria?
No. Nuestros relojes seguirán funcionando exactamente igual. No tendremos que adelantar ni atrasar la hora por esta decisión, y los días no serán más largos ni más cortos como consecuencia del cambio.
Lo que ocurrirá es que, con el paso de los años, la hora oficial podrá separarse ligeramente de la hora determinada por la posición del Sol. Por ejemplo, el mediodía solar, el momento en el que el Sol alcanza su punto más alto en el cielo, podría ir alejándose poco a poco de su correspondencia actual con la hora oficial, pero esa diferencia será tan lenta que resultará prácticamente imperceptible.
¿A quién afecta?
Para la mayoría de la población, el cambio pasará desapercibido. Sí afectará a algunos colectivos especializados, como los astrónomos o los equipos que rastrean satélites desde tierra. Hasta ahora, el UTC nunca se alejaba más de un segundo de la rotación terrestre, una garantía que desaparece. A partir de 2027, la diferencia se irá acumulando poco a poco, y quienes necesiten conocer la orientación exacta de la Tierra tendrán que corregir siempre la hora oficial con los datos que publican los servicios internacionales de rotación terrestre.