El papa León XIV ha mantenido este domingo en Lourdes un encuentro privado con siete víctimas de abusos sexuales en el seno de la Iglesia católica francesa, tras pedir a los obispos que mantengan la "máxima vigilancia" frente a esa "lacra" y continúen los esfuerzos de prevención y reparación.
"Esta tarde, poco después de las 17:30, en la residencia episcopal de Lourdes, el papa León XIV se reunió con siete personas —cuatro hombres y tres mujeres— víctimas de abusos por parte de miembros del clero y de la Iglesia de Francia. Estuvieron acompañados por Su Excelencia el Obispo Gérard Le Stang, Obispo de Amiens, Presidente del Consejo para la Prevención y Lucha contra la Pedofilia de la Conferencia Episcopal Francesa", ha informado el portavoz vaticano, Matteo Bruni, en una nota.
El papa, "se reunió con cada uno de ellos individualmente y en privado, escuchando sus historias, el dolor y el sufrimiento que padecieron, a veces, lamentablemente, con la complicidad o el silencio de quienes podrían haberlos ayudado". También escuchó sus propuestas "para asegurar que esto jamás vuelva a ocurrir" y dedicó unos momentos a la oración con algunos.
Cinco de las víctimas han hecho pública su identidad: Jean-Marie Delbos, Véronique Garnier, Jérôme Guillement, Olivier Mardi y Bertrand Virieux. Los otros dos han optado por permanecer en el anonimato, entre ellos una víctima del fallecido sacerdote Abbé Pierre, figura emblemática de la lucha contra la pobreza y fundador de Emaús.
Delbos ha descrito su encuentro con el papa como "un momento extraordinario" y ha dicho que este encuentro le ha dado "una nueva visión de lo que son la Iglesia y el papa", que le "impactó profundamente". Delbos, de 80 años, denunció abusos sufridos cuando era niño en el colegio católico Notre-Dame de Bétharram, en el suroeste de Francia, en los años 1950, un escándalo que ha generado cientos de testimonios sobre violencia física y sexual.
"Sentimos que el papa nos escuchaba de verdad. Pocas veces he conocido a alguien que escuche con tanta atención", ha destacado, por su parte, Mardi, cofundador de Voix Libérées de Touraine (Voces Liberadas de Touraine), quien sufrió abusos del sacerdote Bernard Tartu cuando formaba parte de los Petits Chanteurs (Pequeños Cantores) de Touraine. El religioso fue declarado culpable en 2024 por un tribunal penal canónico de violaciones y agresiones sexuales contra al menos 21 menores.
"Estoy verdaderamente asombrado por este papa. Su compromiso verbal, su profundidad y su capacidad de escucha me han ayudado a reconciliarme con lo que viví", ha subrayado Virieux, quien ha celebrado "un cambio claro" y "un gran despertar" por parte de la Iglesia Católica. Virieux fue víctima del sacerdote Bernard Preynat cuando era menor y cofundó La Parole Libérée (La Palabra Liberada), colectivo que agrupó a víctimas del sacerdote que fue condenado en 2020 a cinco años de prisión por agresiones sexuales contra menores.
Garnier, que sufrió abusos durante su adolescencia y posteriormente se incorporó al colectivo Foi et Résilience (Fe y Resiliencia), ha elogiado un encuentro "sencillo", un intercambio que ha transmitido "la esperanza de que algo pueda cambiar". Por último, Guillement, víctima de un sacerdote de Vendée, ha alabado la "sinceridad" del pontífice.
El papa condena que se eliminen vidas "por falsa compasión"
En otro orden de cosas, el papa ha condenado el aborto y de la eutanasia. "Debe rechazarse firmemente la tentación de quitar la vida con el pretexto de una falsa compasión", ha dicho desde Lourdes y ha instado a los sanitarios a "cuidar y no eliminar".
“Es imposible considerar normal el hecho de poner fin a la vida. Lo que es legal no es necesariamente moral“
"Es imposible considerar normal el hecho de poner fin a la vida. Lo que es legal no es necesariamente moral", dijo el papa con voz enérgica en una dura condena contra el aborto y la eutanasia, sobre todo después de que Francia aprobó el pasado julio una ley que regula el suicidio asistido.
El papa ha acudido al Accueil Notre-Dame, dentro del Santuario de Lourdes, un centro que acoge y presta asistencia a personas enfermas y ancianas y ha señalado que "aquí la fragilidad no se esconde, sino que se convierte en el lugar de un encuentro sagrado".
"En una época en la que algunas sociedades tienden a apartar la mirada o a cerrar los ojos frente a la dignidad de la vida humana, urge ante todo cultivar, en nosotros y en los demás, una mirada contemplativa [...] Es la mirada de quien ve la vida en su profundidad, percibiendo sus dimensiones de gratuidad, belleza, invitación a la libertad y a la responsabilidad", ha reflexionado.
En este lugar donde acuden millones de personas, sobre todo enfermos que beben las aguas del manantial en busca de un milagro, León XIV ha dicho que muchas veces para "los que sufren a causa de patologías particulares y de dolores a veces terribles, el horizonte puede parecer oscuro, incierto, sin salida", pero ha asegurado que "ninguna ley humana debe hacernos perder la certeza de su dignidad" y que por el contrario, "precisamente en nombre de esta dignidad inalienable de la persona humana debe rechazarse firmemente la tentación de quitar la vida con el pretexto de una falsa compasión".
"¡Ninguno tiene el derecho, nunca, basándose en algoritmos de laboratorio, de decidir sobre la vida de un embrión determinado o de una persona de la tercera edad determinada!". "¡La medicina nunca podrá convertirse en sierva de la muerte programada!", ha añadido recibiendo los aplausos de los presentes.
Además, ha invitado a "seguir realizando constantemente estructuras de cuidado paliativo y de investigación" y "a acompañar con ternura a los enfermos, como sucede aquí en Lourdes".
Ha concluido con un mensaje a los trabajadores sanitarios, de los que ha dicho que son "el corazón palpitante de nuestra humanidad y un tesoro precioso para la Iglesia".