El 23 de marzo pasado, a menos de tres semanas de las elecciones en Hungría, Budapest organizó lo que pomposamente llamó "Primera Gran Asamblea de los Patriotas", una convocatoria para los líderes de los partidos que forman parte del mismo grupo en el Parlamento Europeo, Patriotas por Europa. Ahí estuvieron, hablaron y pidieron el voto por el primer ministro, Viktor Orbán, la francesa Marine Le Pen, el italiano Matteo Salvini, el neerlandés Geert Wilders, el austríaco Herbert Kickl y el español Santiago Abascal, presidente de Vox. Fue un acto más de la campaña electoral de Viktor Orbán, y un gran altavoz de la ideología ultraconservadora, nativista y "soberanista", es decir, contraria a unas instituciones fuertes en la Unión Europea, y a favor de reforzar el poder de los gobiernos nacionales.
Apoyo para un mandatario que ha sido durante 16 años un modelo de gobierno e, incluso, un patrocinador financiero, de esa extrema derecha. Apostaron y han perdido. La derrota de Viktor Orbán es también una derrota para la ultraderecha europea.
La presidenta Le Pen pierde un aliado para bloquear la Unión Europea
Las elecciones presidenciales en Francia no se celebrarán hasta el año que viene, y aún no está claro si Marine Le Pen tendrá opción legal a presentarse como candidata, una ambición de años, pero ese titular es cómo resume el periódico Le Monde el impacto en Francia del resultado húngaro. "Para Marine Le Pen, Viktor Orban ha sido una inspiración y un apoyo; para Jordan Bardella, es un aliado político en el Parlamento Europeo. Con los resultados de las elecciones desaparece un socio de la extrema derecha francesa en su combate ideológico contra la Comisión Europea". El mismo impacto puede aplicarse al resto de ultraderechas europeas.
El periódico francés comenta ese efecto europeo pensando en el calendario electoral del año que viene: "La pérdida de la voz húngara en el campo euroescéptico reduce sus posibilidades de construir una nueva mayoría cualificada en Bruselas, tal como la deseaba Marine Le Pen, en vísperas de un año muy esperado por los soberanistas con elecciones en Francia, España, Italia y Polonia".
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Derrota también para el socio Salvini y la amiga Meloni en Italia
La ultraderecha o nacionalismo populista, como se prefiera denominar, está repartida en tres grupos parlamentarios en la cámara de Estrasburgo, el miembro italiano de Patriotas por Europa es la Lega de Matteo Salvini; Los Fratelli d'Italia de Giorgia Meloni están en el ECR (Conservadores y Reformistas Europeos) con, entre otros, el partido polaco Ley y Justicia. Meloni preside el gobierno y eso la ha convertido en colega de Orbán en el Consejo Europeo; la sintonía entre ambos ha sido manifiesta excepto en la relación con el gobierno ruso de Vladímir Putin.
"Noche densa de amarguras para la Lega y llena de dudas para Fratelli d’Italia", puede leerse en el periódico italiano La Repubblica; "la derrota de Viktor Orbán es una ducha fría". Los de Salvini se han reunido este lunes para analizar esa derrota en Hungría, y Orbán se cae del cartel de participantes en un acto que tienen el domingo. Los perdedores no suman.
La presidenta del gobierno, Giorgia Meloni, cumplió el domingo con el requisito diplomático de felicitar al vencedor por "su clara victoria" al tiempo que agradeció al "amigo Viktor" por la "intensa colaboración". En enero, a tres meses de las elecciones, Meloni apoyó a Orbán con un mensaje grabado en video, se unió así al primer ministro Benjamin Netanyahu y a la ultraderechista alemana Alice Weidel. Pero nada más, es probable que el extraordinario olfato político de la líder italiana le dijera que la victoria de Orbán no estaba clara.
La derrota del "amigo Orbán" es el segundo revés que se lleva Meloni en menos de un mes. Hace tres semanas perdió el referéndum sobre la reforma de la Constitución en la que había invertido mucho capital político.
Un modelo más allá de lo ideológico
Viktor Orbán ha sido el faro que ha iluminado el camino de otros políticos de ultraderecha por su éxito. 16 años de mayorías absolutas, cuatro mandatos seguidos. Todos buscaban emular su fórmula y tener su respaldo; y si él los llamaba, acudían. Ha sido una cuestión de afinidad ideológica (nacionalista, soberanista, nativista, antiinmigración, cristiana), pero también de modelo de Estado, de la llamada 'democracia iliberal', por contraposición a las democracias liberales, una suerte de democracia autoritaria.
En los 16 años de gobierno Viktor Orban reformó la Constitución y poco a poco fue haciéndose con el control de todos los poderes del Estado, directamente con nombramientos o a través de empresarios amigos, por ejemplo, en el caso de los medios de comunicación privados. Orbán aplicó en Hungría lo que Vladímir Putin ha aplicado en Rusia y Donald Trump, a juzgar por el primer año de su segunda presidencia, quiere aplicar en los Estados Unidos: una democracia que mantenga las instituciones, pero las vacíe de poder, de independencia, de modo que desaparezcan los contrapoderes, los obstáculos a la acción del ejecutivo.
Derrota para Putin, Trump y Netanyahu
Viktor Orbán ha sido el principal aliado tanto del presidente ruso como del estadounidense para debilitar, romper, desde dentro la Unión Europea. Tras la invasión de Ucrania, Orbán ha retrasado y bloqueado tanto como ha podido las sanciones de la UE contra Rusia y la ayuda a Ucrania, ha visitado a Putin saltándose el castigo diplomático europeo, y ha trascendido cómo su ministro de Exteriores comunicaba a Moscú conversaciones de cumbre europeas y se comprometía a interceder por los intereses del Kremlin.
La simpatía por el Kremlin de Putin es algo que comparte buena parte de la extrema derecha europea. En el archivo puede encontrarse la imagen de un sonriente Matteo Salvini en la Plaza Roja luciendo en la camiseta el rostro de Putin vestido de militar ruso. O a Marine Le Pen haciendo campaña por la presidencia con una foto suya con el presidente ruso para promocionarse como estadista. La invasión rusa de Ucrania la obligó a marcar distancias contrarreloj, porque se produjo en plena campaña electoral. Le Pen quiere que se olvide que cuando la banca francesa se negó a financiar el entonces maldito Frante Nacional, encontró el dinero en Moscú. El pragmatismo y cálculo político europeo de Giorgia Meloni le hizo adoptar una posición abiertamente crítica con Moscú tras la invasión rusa de Ucrania.
El apoyo de Donald Trump ha sido evidente con multitud de mensajes de apoyo del propio presidente, y las visitas a Budapest del Secretario de Estado, Marco Rubio, y el vicepresidente, JD Vance, para pedir el voto por Viktor Orbán. La noche del viernes al sábado Trump escribió en su red social: "Mi Gobierno está dispuesto a usar todo el poder económico de los EE.UU. para reforzar la economía de Hungría, tal como hemos hecho con nuestros aliados en los últimos años, si el primer ministro Viktor Orbán y el pueblo húngaro lo necesitan. Estamos deseando invertir en la prosperidad futura que generará el liderazgo de Orbán". A 24 horas de la jornada electoral, el presidente estadounidense vinculó la ayuda económica a la reelección de Orbán, una coacción al votante, tal como hizo con Argentina y Javier Milei. En Argentina funcionó; en Hungría, no.
Hace un año, en abril de 2025, sobre Benjamin Netanyahu, el primer ministro de Israel, pesaba ya una orden de arresto del Tribunal Penal Internacional por acusaciones de crímenes de guerra en Gaza. Los países de la Unión Europea son signatarios del Tribunal y están obligados a ejecutar sus órdenes, sin embargo, Viktor Orbán invitó a Netanyahu y desplegó para él la alfombra roja en Hungría. Entre el Tribunal y sus obligaciones como miembro de la UE, y el gobierno israelí, Orbán eligió Israel. El partido de Netanyahu, Likud, es "socio" del grupo parlamentario Patriotas en el Parlamento Europeo.
Perdió Viktor Orbán, y con él han perdido Donald Trump, Vladímir Putin y Benjamin Netanyahu. Por lo menos de momento. La relación con Péter Magyar, el ganador y próximo primer ministro de Hungría, se verá con el tiempo.
El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, y el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, aparecen juntos een un evento en Budapest. REUTERS/Jonathan Ernst/Pool TPX
El efecto Trump
En este mundo de redes sociales con comentarios jocosos y memes, la noche del domingo ha inspirado a muchos internautas para presentar a Donald Trump y su gobierno como gafes en Europa. Especialmente mal parado ha salido el vicepresidente Vance, que ha acumulado dos fracasos en 24 horas, las negociaciones con Irán en Islamabad y la derrota de Orbán, por quien hizo campaña cinco días antes de las elecciones. Victor Orbán ha sido un MAGA húngaro antes de que el trumpismo existiera. Donald Trump se ha volcado para que lo reeligieran y no se ha salido con la suya.
Un fracaso que se suma al del año pasado en Rumanía, donde Trump y Vance mostraron sus simpatías por George Simion, quien se presentó como la versión rumana de MAGA. Fue el más votado en la primera vuelta, pero en la definitiva perdió.
Un historial reciente que hizo que, cuando se conoció la derrota de Orbán, muchos europeístas británicos empezaran con sorna a reclamar que Trump y Vance hicieran campaña en el Reino Unido contra la Unión Europea.
Si este efecto nocivo de la marca Trump en Europa es algo singular o forma parte de una tendencia lo veremos a medida que se celebren elecciones, pero parece razonable pensar que a partir de hoy los políticos europeos se lo pensarán antes de mostrar su adhesión al trumpismo y pedir su apoyo.