Un Irán descabezado por los ataques orquestados por Estados Unidos e Israel se enfrentaba a una encrucijada histórica: la elección de un nuevo líder supremo tras la muerte del ayatolá Alí Jameneí, figura que presidió la República Islámica durante casi cuatro décadas.
El presidente estadounidense, Donald Trump, ya había asegurado que su país había eliminado a casi 50 dirigentes iraníes en la ofensiva y sugirió que ya se barajaban posibles sustitutos para Jameneí antes del golpe, pero el Ejército de su país acabó con ellos durante el asalto al país persa.
El vacío de poder ha puesto en marcha un proceso constitucional en un contexto de máxima presión interna y externa, que parece encauzarse este domingo con la elección de Seyed Mojtaba Hosseini Jameneí como nuevo líder supremo de Irán.
El nombramiento de Mojtaba Jameneí se interpreta también como un gesto de desafío a Washington en plena guerra con Estados Unidos e Israel. Donald Trump, que había vacilado con la idea de que era él quien poseía el derecho a escrutar el poder iraní, había advertido incluso antes de hacerse público el nombre que el próximo líder supremo "no durará mucho" sin su aprobación. El jueves, declaró que no aceptaría que Mojtaba Jameneí asumiera este cargo. La elección del hijo del ayatolá refuerza así la continuidad del núcleo duro del régimen iraní frente a la presión exterior.
Clérigo de rango medio
Este político, de 56 años, es además el hijo mayor del desaparecido ayatolá y un clérigo chiíta formado en el seminario de Qom, centro religioso del país. La figura de Mojtaba Hosseini Jameneí ha ido ganando peso dentro del entramado de poder, aunque hasta ahora no había ocupado cargos públicos de alto rango como al que ahora se enfrenta.
Aun con todo, su nombre ha circulado durante años entre las élites como uno de los posibles sucesores de su padre, aunque durante años se consideró que tenía remotas posibilidades de llegar al puesto, debido a su posición dentro del aparato clerical conservador. Mojtaba Jameneí, a diferencia de su padre, no es ayatolá, sino un clérigo de rango medio con estrechos vínculos con la poderosa Guardia Revolucionaria.
Javier Martín, periodista que ejerció como corresponsal de la agencia EFE en Teherán -ahora en Chile-, explicaba este lunes al Canal 24h de TVE que según las leyes iraníes, para ser líder supremo, hay que llegar al rango de ayatolá, lo que se traduciría en la estructura de la Iglesia Católica como que "para ser Papa hay que ser obispo y Mojtaba Jameneí no es obispo". "No habría llegado a ser líder supremo si no fuese en una situación de emergencias como la actual", zanjaba este informador.
Vinculación a la Guardia Revolucionaria
A diferencia de sus hermanos, Mojtaba no es un rostro familiar para la opinión pública iraní, y su perfil ha sido más el de un intelectual religioso en la sombra que de un dirigente institucional. Se dedicó a enseñar Teología en Qom y, durante la primera década del presente siglo, ejerció influencia sobre milicias como el Basij, ligadas al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI). Eso le habría servido para construir una red de apoyos dentro de los sectores más duros del régimen. Su papel en la política interna ha quedado en la sombra, aunque ha mantenido un peso particular en decisiones estratégicas del sistema de poder iraní.
Javier Martín, periodista, sobre Mojtaba Jameneí: "El poder va a seguir en la Guardia Revolucionaria"
Esa influencia discreta se fraguó también en el terreno militar. Mojtaba Jameneí se vinculó a la Guardia Revolucionaria Islámica a finales de los años 80, cuando Irán aún estaba inmerso en la guerra contra Irak. Tras terminar el instituto se incorporó a las filas del cuerpo, en torno a 1987, y participó en la última fase del conflicto.
Esa experiencia reforzó sus lazos con la institución que con el tiempo se convertiría en el pilar político, económico y militar del régimen iraní. La relación temprana con los guardianes de la revolución explica en parte el respaldo que ha encontrado entre sectores duros del sistema. La elección de Mojtaba como nuevo líder "significa continuidad y que el poder va a seguir en la Guardia Revolucionaria", analizaba Javier Martín.
Figura influyente sin cargo oficial
En los años posteriores, su figura fue ganando peso dentro del entramado de poder que rodeaba a su padre. Se ha ido convirtiendo en uno de los operadores más influyentes del círculo íntimo de su padre, capaz de mediar entre clérigos, responsables de seguridad y dirigentes políticos.
La revolución iraní de 1979
Su nombre ha aparecido vinculado a la represión de las protestas del Movimiento Verde de 2009, cuando el régimen sofocó las manifestaciones que siguieron a las elecciones presidenciales de ese año. La posibilidad de que el hijo del ayatolá heredara el poder llevaba años generando críticas entre parte del clero y de la sociedad iraní, que ven en esa opción una deriva dinástica contraria al espíritu de la revolución islámica.
Esa posición ambigua de figura influyente pero sin cargo oficial ha alimentado durante años el debate sobre una posible sucesión dinástica en la República Islámica, algo que muchos iraníes consideran contrario al espíritu de la revolución de 1979.
Su ascenso tras la muerte de su padre podría profundizar ese malestar en una sociedad marcada por protestas periódicas y demandas de cambio político, al tiempo que consolidaría la continuidad del núcleo duro del régimen, que se ha articulado en torno al poder clerical y la Guardia Revolucionaria.