Si el parámetro para medir quién es la mayor figura de la historia de la música popular es la excelencia de las letras, Bob Dylan puede reclamar ese trono sin mayor problema (¿o algún otro letrista podría siquiera ser considerado para el Premio Nobel de Literatura?). Pero si el criterio es la calidad o cantidad de temas compuestos, entonces no hay duda de que Bob Dylan es el rey: nadie cuenta con semejante torrente de canciones (como demuestra que es el autor, en solitario, más versionado de siempre).
Y, sin embargo, pese a ocupar el centro de la cultura, Dylan es un misterio natural, cuya actitud huidiza y esquiva no hace sino agrandar el peso de su leyenda. En plena era de biopics musicales, Dylan no podía quedarse fuera y James Mangold aborda en A complete unknown el retrato del primer Dylan desde la admiración y, pese al título robado de un verso de "Like a Rolling Stone", total transparencia: que nadie espere penetrar en el interior de su genio sino más bien disfrutar de ver de cerca su magnetismo.
Basada en un libro del periodista musical Elijah Wald, A complete unknown está nominada a ocho premios Oscar, incluyendo película, dirección, actor (un soberbio Timothée Chalamet), y actriz secundaria (Monica Barbaro como Joan Baez) y actor secundario (Edward Norton como Peter Seeger) y es, en sentido estricto, un musical, ya que Mangold concede espacio a los temas mientras Chalamet interpreta versiones (casi) completas de clásicos como: “A Hard Rain’s A‐Gonna Fall”, “The Times They Are A-Changin'” o “Don’t Think Twice, It’s All Right”.
La película recorre la transformación del jovencísimo Dylan, un obseso del folk que llega literalmente desde la nada (es decir, la mortecina y minera Cordillera de Hierro de Minnesota) a la efervescencia neoyorquina de Nueva York en 1961: un crisol cultural donde la contracultura convivía en Greenwich Village con la reivindicativa escena folk mientras el rock asaltaba los tocadiscos del emergente baby boom.
El primer misterio, cómo pudo ser que ese imberbe de 19 años nacido en ese oscuro rincón hubiese asimilado décadas de cultura estadounidense, sigue intacto. “Todo el mundo se inventa su pasado”, dice Dylan en la película mientras el músico repite sus vagas mentiras sobre que aprendió su sentido del espectáculo en el circo y evoca su origen en temas como "I was young when I left home".
El arco de la película camina hacia el histórico y celebérrimo concierto del Newport Folk Festival de 1965, en el que Dylan traicionó su esencia folk introduciendo instrumentos eléctricos, anatema para la pureza de la música tradicional. Mientras, Mangold retrata con oficio el acercamiento de Dylan a su primer ídolo, Woody Guthrie; el acompañamiento de su mentor, Peter Seeger; los vaivenes con su amante y colega Joan Baez; y la relación con su primera musa (una Suze Rotolo a la que el propio Dylan pidió cambiar el nombre para la película y que interpreta Elle Fanning), que sufre la ambivalencia sentimental del músico.
Dylan y el espíritu de su tiempo
A complete unknown no escapa a las miserias de los biopics, que acaban fijando como reales escenas que nunca sucedieron como que Dylan intrepretase “The Times They Are A-Changin' en 1964 en Newport para una audiencia arrobada, o que Johnny Cash asistiese al de 1965 (quizá una querencia de Mangold por el torturado músico que ya retrató en En la cuerda floja). Otras decisiones parecen simplemente forzadas, como ver a Dylan pilotar su moto por las noches de Village como un auténtico ángel del infierno o exagerar el pánico nuclear de los neoyorquinos durante la crisis de los misiles de 1962.
Bob Dylan (Timothée Chalamet) y Johnny Cash (Boyd Holbrook), en 'A complete unknown'
A Dylan no le dio tiempo a ser bohemio. A complete unknown también dibuja el ascenso a la fama de Dylan, convertido súbitamente en icono mundial en la era de la lucha por los derechos civiles, una etiqueta muy por encima de su compromiso real, pero que ilustra bien la magia del encantamiento que supuso su figura, pese al rechazo que a él mismo le producía el éxito de “Blowin' in the wind”.
El segundo misterio, de dónde venía su inagotable manantial literario, también sigue a salvo. El poeta Allen Ginsberg dijo que cuando escuchó “A hard Rain's A-Gonna Fall” lloró al comprender que alguien recogía la antorcha de los poetas beatniks. Dylan era el elegido para ser otro eslabón de la tradición y reventó la cadena a base de tomar prestado absolutamente todo, convirtiéndose en un vórtice en el que todo confluía. "Todo el mundo me pregunta de dónde vienen las canciones, pero lo que realmente quieren decir es por qué no se les ocurren a ellos", dice Chalamet en la película.
Paradójicamente, A complete unknown es satisfactoria para los seguidores y los neófitos. Mangold, que siempre ha reconocido su deuda con Spielberg (y venía del fiasco de heredar Indiana Jones) retoma su pulso de artesano más que solvente. Y aunque una mirada autoral fuerte sería más con acorde con el temperamento de Dylan, también tiene sentido plegarse, desde la humildad de los convencionalismos, hacia un individualista metamórfico que sublimó el espíritu de su tiempo.