El 13 de mayo de 2024 las clarisas de Belorado, en la Riojilla Burgalesa, sorprendían a propios y extraños protagonizando el primer cisma del siglo XXI. Desde entonces han ido ocupando espacio y tiempo en los medios de comunicación al protagonizar noticias estrambóticas combinadas con un serio procedimiento judicial civil y eclesiástico que terminó con su excomunión y continúa con la demanda de desahucio.
En su Manifiesto Católico explicaban, a lo largo de 70 páginas y repitiendo las razones doctrinales de las sectas sedevacantistas, que no reconocían a ningún papa desde Pío XII. Sin embargo, además de la farragosa y sorprendente argumentación teológica, comenzaron a aflorar los motivos económicos y de poder. La Iglesia no les permitió vender el convento de Derio, (en Vizcaya), y el mandato de la abadesa Sor Isabel de la Trinidad al frente de la comunidad monástica no se podía prorrogar de nuevo. El papa Francisco nombró entonces al arzobispo de Burgos, Mario Iceta, Comisario Pontificio con plenos poderes para administrar los bienes de las religiosas.
El día del cisma la comunidad estaba compuesta por 16 religiosas de vida contemplativa. Al día siguiente sor Amparo salió hacia otro convento de clarisas porque no quería "participar de una secta". Cinco meses después abandonaba el monasterio sor Paz, la número dos de las disidentes. Hoy quedan nueve excomulgadas y cinco ancianas enfermas que —éstas sí— siguen perteneciendo a la Iglesia católica porque no firmaron el Manifiesto Católico.
Más de un año después la historia sigue trufada de episodios rocambolescos sobre criaderos ilegales de perros, apadrinamiento de gallinas, venta de ornamentos litúrgicos por internet, inversiones en lingotes de oro, el cobro de la pensión de una religiosa difunta, la apertura de un restaurante en Asturias y varias denuncias cruzadas con la presencia de la Guardia Civil. También de personajes estrambóticos como los falsos obispos nacionales e internacionales, los cocteleros y árbitros de boxeo que se hacen pasar por curas, el nombramiento de un jefe de prensa especializado en crónica negra y hasta un crowfunding para pagar los miles de euros de deuda que el Comisario Pontificio ha hecho pública. Pero también hay distintos procedimientos judiciales en curso. Los habitantes de Belorado están cansados de las exmonjas y más preocupados por la despoblación y la construcción de la autovía A-12 que de los negocios de unas mujeres a las que han dejado de prestar atención.