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José Luis, 18 años viviendo en la calle: "Me he acostumbrado a la soledad de mi cartón"

Noticia   Informe Semanal  
  • En España hay 37.000 personas sin hogar de las que 9.000 viven en la calle, como José Luis

  • Los albergues a veces no son la única —ni la mejor— solución para las personas en situación de calle

MARISA AREOPAGITA
9 min.

Nos encontramos con José Luis en Barcelona, en el barrio del Raval. Cada día la rutina de este hombre que cuenta 56 años, aunque bastantes más en su rosto, empieza con un “cafelito” en el bar más cercano a su cartón. El de él está en el barrio del Paralelo, resguardado en una tranquila calle que le protege del bullicio cuando llega el momento de enfundarse en su saco y tumbarse a dormir.

Informe Semanal - Si me miras, existo

José Luis es de los afortunados porque tiene asegurado su raquítico metro y medio de largo por metro de ancho, donde su menudo cuerpo encaja al milímetro para pernoctar, de descansar no habla, en el escalón de entrada a un edificio donde le conocen muy bien. En el rato que estamos con él un vecino que acaba de llegar al bloque, le trae una bandeja con varios alimentos; y una pregunta tras otra José Luis le va descubriendo la misma historia que horas antes nos ha contado a nosotros.

José Luis tiene 56 años, es una persona sin hogar que vive en las calles de Barcelona desde hace 18 años. INFORME SEMANAL

Dieciocho años en la calle

“Llevo en la calle más de diez años”, dieciocho nos dirá después de un rato de charla, o sea que a los 38 José Luis llegó a la calle y ahí sigue. La suya es la historia de un camionero que acabó en prisión por una pelea por una mujer a la que terminó dejando. Con la condena cumplida llegó la nada “Los días se hicieron meses, los meses, años y ahí vamos”

“Te sientes sencillamente repudiado, los vecinos no nos quieren, no nos quieren“

Pasamos ante varios locales “Ves, lo que te decía: una casa de seguros que te asegura no poder sentarte; estupendo y aquí otro ejemplo de la arquitectura hostil para que una persona no pueda tumbarse”, con su bastón José Luis señala varios de los obstáculos metálicos convertidos en barreras que impiden a las personas que viven en la calle desde sentarse hasta extender sus cartones para pasar la noche.

Sucede en Barcelona, donde hay más de trescientos diseños de la llamada arquitectura hostil, y sucede también en otras grandes ciudades “te sientes sencillamente repudiado, los vecinos no nos quieren, no nos quieren”.

José Luis anda por el barrio con la seguridad de quien lo recorre a diario y conoce cada recoveco “Ahora ya lo tengo todo más o menos centrado -nos dice- pero eso ha sido al cabo de los años, porque antes me pegaba unas pateadas tremendas de diez o doce kilómetros diarios”.

Albergues y otras soluciones

Buena parte del día lo pasa en la Fundació Arrels que desde hace 36 años trabaja con las personas sin hogar. Dispone de 160 pisos y de una residencia, una red asistencial fuerte aunque insuficiente para las 1.200 personas que la organización estima viven en la calle en la ciudad.

“La gente que lleva mucho tiempo en la calle no quiere ir a albergues y nosotros creemos que es una buena decisión“

Quedan entonces los albergues pero no todos están dispuestas a acudir a ellos “cuando hablamos de personas que no quieren albergues no es que no quiera nada, apunta Ferrán Busquets director de Arrels, es sencillamente que a veces es un espacio realmente muy complejo. Para poder ir hay que tener un carácter, una personalidad concreta para adaptarse a sus espacios. Por eso la gente que lleva mucho tiempo en la calle no quiere ir a albergues y nosotros creemos que es una buena decisión”.

Una persona duerme en un banco de la calle completamente arropada para combatir el frío. INFORME SEMANAL

Es la que hace tiempo tomó José Luis. Sentados en un banco continuamos la conversación y nos cuenta que él ya pasó por uno. “No te dejan tranquilo, no puedes dormir bien, llegan chillando a las tantas de la noche tienes que estar con un ojo cerrado y otro abierto, te roban, son muy guarros y yo aunque esté en la calle soy muy limpio. Yo prefiero estar en el cartón, en la tranquilidad del cartón entre comillas”.

“Declinar ir a un albergue no significa que no quieran nada, es sencillamente que el albergue no siempre es una buena solución“

“Muy a menudo, añade Busquets, nos encontramos en que se ofrecen plazas de albergues para un mes, para unas semanas. Eso a las personas que llevan mucho tiempo en la calle no les sirve para nada, porque tu tienes tu espacio, tienes tus mantas, tienes tus cosas, los vecinos te conocen y al final cuando sales de ahí para ir a un albergue tienes que tirar todo y después de una semana volver para empezar de cero, ese volver a empezar de cero es muy caro para las personas y al final lo declinan. Y es muy importante entender que declinar ir a un albergue no significa que no quieran nada, es sencillamente que el albergue no siempre es una buena solución".

Las raíces de la Fundació Arrels

La Fundació Arrels atiende a unas 3.000 personas sin hogar a lo largo del año. No hay más que pasar unas horas en su centro de día, en pleno barrio del Raval, para ver el continuo trasiego de carros llenos de mantas y enseres tirados por rostros cansados.

“Podemos cobijarnos, cargar el móvil, te puedan dar apoyo, incluso si tienes algún problema tienen abogados“

En la asociación pueden darse una ducha, cambiarse de ropa, guardar sus pertenencias y confiar sus cuitas a los más de 400 voluntarios que colaboran con la fundación. José Luis es uno de los asiduos al centro “Para nosotros que estamos en la calle es mucho- nos dice- podemos cobijarnos, cargar el móvil, te puedan dar apoyo, incluso si tienes algún problema tienen abogados, tienen muchas cosas en Arrels”

El 60 por ciento de las personas en situación de calle presentan algún síntoma depresivo, según la última encuesta realizada en 2022 por el Instituto Nacional de Estadística; y casi el diez por ciento tienen algún trastorno mental.

“Nos encontramos con personas que un día, por diferentes situaciones, pues no pueden pagar un alquiler y no tienen dónde ir“

Saber si llegó antes la enfermedad y después la calle o fue al contrario no siempre es fácil pero, subraya Ferrán Busquets, ninguna persona está en el asfalto porque quiere “El imaginario de que una persona está en la calle porque quiere, nosotros no estamos para nada de acuerdo ni con pequeñas excepciones, porque nos encontramos con personas que un día, por diferentes situaciones pues no pueden pagar un alquiler, no tienen dónde ir. Han tenido una ruptura o una empresa que les ha fallado o una situación laboral que no acaba de fluir, al final esas personas no puede pagar un alquiler, o una habitación, se les acaban los contactos de amigos, etcétera y al final el único sitio que tienen es la calle”.

Soledad y estereotipos

Con la calle llega la soledad, es uno de los males que en mayor proporción afecta a las personas sin hogar. “Sí, es la soledad del cartón", nos dice José Luis como quien sabe muy bien de qué habla. "Mucha gente, claro, estás en la calle y te ven, te desprecian, te ponen malas caras", nos explica.

El 34 por ciento de las personas sin hogar bebe “pero es que el 35% de la población general que no está en situación de extrema vulnerabilidad como ellos consumen alcohol” nos lo dice Susana Arroyo, portavoz nacional de personas sin hogar de Cruz Roja, que reivindica la necesidad de acabar con ciertos estereotipos que tenemos sobre quienes viven en la calle .

“Por la tarde o por la noche tampoco hay comedores, si quieres comer algo por la noche te tienes que buscar la vida“

“Yo no bebo mucho -nos aclara José Luis- no fumo, no tomo drogas, no tomo cosas raras. Entonces la gente se acerca y habla conmigo, me conocen, me va dando algo; consigo más o menos para poder cenar y para poder comer algo mejor. Porque claro, en un comedor social comes, pero para una personas que está 24 horas en la calle habría que poner un poquito más y por la tarde o por la noche tampoco hay comedores, si quieres comer algo por la noche te tienes que buscar la vida”. Nos cuenta que su salud no es buena. La calle le ha pasado factura, “Pero estoy bien atendido”, nos dice “y ahora, estoy esperando una dentadura”.

España: casi 37.000 personas sin hogar

El día va pasando, nos acercamos al taller de Arrels. Aquí personas que viven en la calle y otras que han conseguido salir de ella realizan trabajos de artesanía que luego se venderán en la tienda de la fundación. “Es un recurso de baja exigencia –nos explica Rocío Alonso, coordinadora del programa ocupacional de la Fundación Arrels- no tienen que fichar a ninguna hora, cada uno acude en función de lo que puede o le interesa”.

“Baja la conflictividad ente ellos, hay mayor tolerancia, resisten mejor la frustración“

El espacio respira calma y creatividad, “las mejoras que se notan son que baja la conflictividad ente ellos, hay mayor tolerancia, resisten mejor la frustración; también el hecho de tener que pasar la atención de su cabeza a sus manos hace que rebajan la impulsividad porque tienen tiempo para pensar y tomar mejores decisiones. Se trata también de tener ilusiones porque muchas veces oímos que las personas que viven en la calle no tienen ilusiones, que no tienen motivación; y sí que las tienen lo que pasa es que están latentes, dormidas, pero están ahí”

Hay tardes que José Luis se pasa por el taller, se le da bien trabajar con el cuero. Incluso, rememora, durante un tiempo recorrió algunas ferias vendiendo piezas hechas por él, pero aquello no duró mucho. Después de casi un día de seguirle en su rutina cotidiana, me atrevo a preguntarle si es optimista; lo duda un poco antes de contestar. “Sí, yo creo que a lo mejor esto puede cambiar”.

Esto es una situación que en España afecta a casi 37.000 personas que viven en albergues, pisos asistenciales o simplemente como José Luis, en la calle. Está convencido de que no le queda mucho para conseguir una casa en la que poder vivir tranquilo.

Nosotros lo dejamos en la soledad de su cartón y él nos despide con una amplia sonrisa y la ironía de quien no le gusta la falsa compasión: “Me quedo aquí, en mi residencia de invierno, porque en verano tengo otra”.