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El Gobierno turco ha comunicado a España que una extremidad inferior de una de las víctimas del accidente del Yak-42, en el que murieron 62 militares españoles el 26 de mayo de 2003, fue enterrada en el cementerio turco de la ciudad de Macka apenas dos meses después porque no pudo ser identificada.
Así lo ha anunciado este lunes el Ministerio de Defensa que, ahora, ha pedido a la Audiencia Nacional que abra un proceso de cooperación judicial con Turquía para verificar la existencia de este resto y tratar de identificarlo. Junto a los 62 militares españoles, en el accidente fallecieron 12 tripulantes ucranianos y un bielorruso.
El Departamento que dirige María Dolores de Cospedal, que asegura que en sus archivos no hay constancia documental alguna de este hecho, está informando ahora de este hecho a las familias de las víctimas del accidente.
Defensa preguntó a Turquía a instancias de un familiar de los fallecidos
Esta nueva información se ha conocido porque un familiar preguntó a Defensa si podía garantizar que no quedaba ningún resto de los fallecidos en suelo turco. Entonces, Defensa planteó la consulta al Ministerio de Asuntos Exteriores de Turquía.
Su respuesta, recibida en la Embajada española en Ankara, fue que una extremidad inferior, cuya identificación no pudo determinarse en su momento, fue enterrada el 24 de julio de 2003 en el cementerio de Macka, en la provincia de Trebisonda (noreste) donde tuvo lugar en accidente.
Por eso, ahora Defensa ha recurrido a la Audiencia Nacional para tratar de verificar si el resto enterrado en 2003 puede ser localizado a día de hoy, para adoptar en su caso las medidas oportunas de identificación.
También a instancias del mismo familiar, el Gobierno español ha obtenido confirmación de las autoridades turcas de que tanto las muestras orgánicas de las víctimas como las de los familiares utilizadas para su identificación fueron destruidas, tal y como determina la legislación de aquel país.
Este sábado se cumplieron 15 años del accidente militar
Defensa ha anunciado este hallazgo dos días después del 15 aniversario del accidente. En enero de 2017 María Dolores de Cospedal pidió perdón a los familiares de las víctimas "en nombre del Estado por no haber reconocido su responsabilidad".
Lo hizo tras un informe del Consejo de Estado que hablaba de "responsabilidad patrimonial" del Estado y apuntaba que el Ministerio de Defensa de entonces (dirigido por Federico Trillo-Figueroa) no hizo lo necesario para garantizar la seguridad de las tropas.
La Asociación de Familias de Víctimas del Yak-42 se disolvió en 2017 pero el que fuera su último presidente, Miguel Ángel Sencianes, ha lamentado que en 2018 no se haya hecho un homenaje oficial.
El 26 de mayo de 2003 perdieron la vida 62 militares españoles en el accidente del avión Yak-42 cerca del aeropuerto de Trebisonda, en Turquía. Regresaban de una misión en Afganistán, como muestra en primer plano la fotografía recogida en esta imagen, pero nunca llegaron a su destino, España.
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Los soldados turcos que acudieron al lugar de la tragedia no encontraron a ningún superviviente. Junto a los 62 españoles murieron otras 13 personas.
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Un bombero turco intenta extinguir las llamas del Yak-42, que quedó completamente destrozado.
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A raíz del accidente, salieron a la luz la existencia de quejas de los militares españoles sobre la falta de seguridad de los aviones en los que viajaban. Algunas de ellas fueron remitidas, como se supo después, a la NAMSA, la agencia de la OTAN para la contratación de estos vuelos.
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Pero el dolor de las familias no solo se vio acrecentado por la sospecha de que el accidente se podría haber evitado si hubieran viajado en aviones más seguros. Pronto comenzaron a temer que sus hijos, hermanos y esposos no habían sido identificados correctamente, como sentenció la Audiencia Nacional después.
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El entonces ministro de Defensa, Federico Trillo, se desplazó hasta Turquía para conocer de primera mano lo ocurrido en el accidente.
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Hasta Turquía viajó también un equipo médico para encargarse de la repatriación de los cuerpos. Tres de sus integrantes han sido condenados ahora por asignar de forma "aleatoria" hasta 30 de las 62 identidades.
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Cascos y botas de los soldados fallecidos.
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Un miembro del equipo de rescate camina junto a lo que ha quedado del fuselaje del Yak-42.
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Apenas dos días después del accidente, los féretros de los 62 militares fueron repatriados a España para que estuvieran presentes en el funeral de Estado. De ellos, 30 iban mal identificados.
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Los ataudes fueron cubiertos por la bandera de España.
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La imagen de los 62 féretros juntos retrató la tragedia en toda su magnitud.
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El rey Juan Carlos camina entre los féretros.
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La Reina Sofía, visiblemente afectada, también asistió al funeral.
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Los padres de uno de los militares fallecidos lloran desconsoladamente frente al ataúd de su hijo.
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El entonces príncipe Felipe consuela a una de los familiares.
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Familiares lloran durante el funeral.
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El dolor desgarrador de muchos de los familiares se hizo mucho más profundo por los errores en las identificaciones.
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Las sospechas comenzaron a amplificarse cuando los familiares viajaron a Turquía meses después. Allí un imán local les entregó algunas placas de los militares, que había encontrado en la zona en la que se estrelló el Yak-42. Desde el Ministerio de Defensa les habían dicho que se habían utilizado precisamente estas placas, entre otros objetos, para la identificación de sus seres queridos. Algo no encajaba.
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El 1 de septiembre, las pruebas del Instituto Nacional de Toxicología confirman las peores sospechas tras cotejar las muestras de ADN que tomaron los turcos con las de los familiares. Las 30 identificaciones realizadas por el equipo español son erróneas. El general Vicente Navarro asume ante el juez toda la responsabilidad de las identificaciones en noviembre de ese mismo año.
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